En esta oportunidad rendiremos homenaje al finado escritor Elías Baptista con su cuento: Adicción, en el cual avistamos su amor a los libros, amor que lo acompañó hasta el final de sus días. Elías perdió la batalla contra el cáncer pero nunca el amor por los libros y por escribir, en su espacio siempre tuvo a mano una libreta, y una maleta llena de libros. Amado amigo, esta publicación y esta primera entrega es para ti. Te amamos.
Elías Baptista†
Me siento raro… no sé por qué. La mañana transcurre en un andar algo pesado y monótono. Una extraña sensación me oprime el pecho, no es normal en mí estar así. Creo que sé el porqué de mi malestar. No hay duda, es por mí recaída a esa droga que muchos consumen sin importarles, algunos son más banales que otros y ceden solo por moda.
Yo lo hice hace mucho tiempo. Recuerdo que caí en su red de seducción. ¡Oh que ingenuo fui esa vez! Se hablaba de ello por doquier y fui lo suficientemente idiota para gastar más de lo que tenía y probar eso que muchos ensalzaban como algo sublime. Tuve mis dudas el día que lo encargue y más aun el día que me lo dieron. Lo consumí en un tiempo relativamente largo, dos semanas creo. Fue como un crepúsculo, hermoso al principio pero luego oscuridad, no me gustó el sabor que me dejó en la boca. Luego de que lo acabé no me dieron más y tuve ganas de volver a probarlo. Supe que viene incluso en otras tres variedades, que claramente no probaré nunca y si lo hago solo será para destruirlo de algún modo posible. Toda esa experiencia me volvió más crítico, creo que ahora sé juzgar muy bien qué clase de cosas debo y puedo consumir.
Eso fue hace como tres años. En otras ocasiones, fui tentado a hacerlo de nuevo pero, aunque caí varias veces, fui lo suficientemente juicioso, pues ya me he curtido sobre el tema… o eso creí yo.
Hace meses que oí de ella, al principio pensé que era más de lo mismo, pero gradualmente creció en mí la intriga. Muchos la igualaban con una de esas drogas que consumo ocasionalmente y en particular con la que estoy tóxicamente hechizado. No es tan popular como la que probé aquella vez, incluso es lo contrario. Eso fue lo que más me hipnotizó. Entonces como dispongo de cierta cantidad de dinero, me dije »hay que probar cosas nuevas de vez en cuando » y lo compré.
¡Oh que sensación más… visceral! Mientras más absorbe mi sistema más me gusta; Las imágenes son tan reales en mi mente que mis entrañas se mueven como serpientes, me dan ganas de vomitar solo de recordar. Algunas sustancias similares casi pudieron causarme ese efecto pero no fue más que una reacción de centésimas de segundos, esta sensación es de verdad ruda a tal punto que los ataques a mi »controlado juicio» lo hacen crujir en lo más hondo. Desde el comienzo sé que es solo un juego, y sin embargo, eso me da hambre de más.
Luego de comprobar la primera de las tres variedades no pude resistirme a la segunda. Es como estar en llamas, el calor me rodea desde que empecé y no paró hasta que la consumí. La sensación es distinta, ya no son mis vísceras las que reciben los efectos, sino mi corazón. Evoco un amor del pasado pienso en lo bruto que fui, sabiendo que ella me dio mucho. Yo como un estúpido perdí sus besos, sus abrazos, el olor de sus cabellos… esta droga me muestra como debí haber sido, pero llegó algo tarde para corregir lo incorregible. Aunque esto me gusta, aflora dentro de mi algo nuevo.
Preparo la tercera y última entrega, que es en sí parte de una misma droga. La huelo, la toco e incluso saboreo un poco y sé que ésta va a ser la más fuerte de todas. Seguro que vuelo como un pajarito y que también me hará gritar »Revolución» en medio del embeleso. Y aunque la ansiedad me invade cada segundo, no lo toco de inmediato, tengo cosas que hacer.
El trabajo es como siempre monótono y predecible. Entre los clientes hay quienes son como una jauría de bestias y están los otros a los que respetas e incluso les ofrecerías una mano.
La ansiedad nubla mi coordinación. Sé que necesito completar el coctel. Mi droga me está esperando junto a la cama, no veo el momento de correr y llenarme de ella, terminar con esto. Un hombre que conocí me dijo una vez:
—Hay que tener cuidado con los bestsellers algunos no valen ni el papel en que están impresos pero otros son más adictivos que una droga.

100% Elías, así era su pasión por la lectura: una verdadera adicción
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Muchísimas gracias por comentar. Un verdadero honor publicar este cuento de Elias.
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