
Graciela Galli
Lectora y narradora. Nacida en argentina, venezolana por elección. Ha publicado en varias antologías venezolanas. Participó en el taller de narrativa de la Universidad de Carabobo bajo la coordinación de Héctor Espinoza y posteriormente de Geraudí González
El vuelo
Te fuiste viendo los pájaros desde la ventana, lo sé porque los vi pintados en tus retinas cuando me asomé a tus ojos para cerrarlos por última vez.

Carlos Mario Cortés
Venezolano. Estudiante de Biología, recientemente incursiona en el mundo de la palabra escrita. Es disciplinado escritor, le gusta probar todos los géneros, participante del taller de narrativa de la Universidad de Carabobo bajo la coordinación de Geraudí González y por breve tiempo de Danibia Abreu.
Ventana
Me detengo a mirar dos lagartijas apareándose en mi ventana. Dos aves peleando por un árbol. Un árbol resistiendo al viento. El viento moviendo las nubes. Nubes, cargándose de lluvia. Y a mí liberándome del ego.
Ya voy
Me asusta que la casa te consuma, que te pierdas en sus pasillos, que sus ecos te atormenten en la melacolía de un baño y que la cama te ahogue si no hay nadie junto a ti… espérame.

Sol Meléndez
Psicóloga clínica egresada de la Universidad Arturo Michelena, Venezolana. Actualmente radicada en México. Participó en el taller de narrativa de la Universidad de Carabobo bajo la coordinación de Héctor Espinoza. Escribe desde muy pequeña, incursiona en la minificción con un compendio de cuentos llamados: “cuentos de prisiones” de allí dos minicuentos.
EL SICARIO
No asistió a psicología por voluntad propia, pero, de igual manera lo llevaron para que yo tomara sus datos. Después de muchas preguntas de identificación: nombre, edad, domicilio previo al delito, apoyo familiar, estado civil, claramente fatigado me preguntó:
—¿Cuánto tiempo debo estar aquí?
Dejé las preguntas de rutina, y me arriesgué:
—¿A cuántas personas has asesinado?
Me miró con ojos completamente vacíos, inexpresivos, oscuros. Frunció la boca, y con actitud amenazante puso sus brazos en el escritorio y respondió con otra pregunta:
—¿A cuántos pacientes has atendido en la cárcel?
Enmudecí, (no lo recordaba, eran muchos). Miré a la puerta buscando la protección de algún vigilante, estaba sola. ¿Debo responderle? -Pensé-. ¿Qué diría Freud?
—Son muchos casos, infinidad de delitos —alcancé a responder.
Se rio había burla en su expresión, volvió a adoptar la posición amenazante y me dijo mientras aplaudía:
—¿Ves? Así como para ti es natural escuchar problemas y no contabilizarlos, así de natural es para mí matar y no contabilizar. Al final, ambos somos igual de insensibles. Tomamos historia y vivimos, la diferencia es que tú pareces niñita buena, y yo tengo demasiadas marcas en la cara.
Y así sin más, se fue.
ENTREVISTA DE COLMILLOS
Ya podemos cerrar el caso, el sospechoso confesó su delito. -Dijo muy emocionado el comisario-.
Pero, el sospechoso ni siquiera estuvo en el lugar de los hechos, respondió el inspector.
Lavando la sangre de su cara, y guardando una soga, el comisario contestó:
Fue una buena entrevista.

Amelia Orta
Venezolana, Licenciada en Educación Especial. Escritora, participó en el taller de narrativa de la Universidad de Carabobo bajo la coordinación de Héctor Espinoza. Escritora minificcionista apasionada. Ha publicado en varias antologías venezolanas.
Puertas
De visita en una ciudad que desconozco, camino por un boulevard rodeado de palmeras. Delante de mí se abre el cielo con sabor a mar. Me encuentro con ella. Nos sorprende coincidir en ese lugar, le invito un café. Entramos al lobby del hotel y subimos las escaleras con forma de caracol. Todos los pasillos son iguales: paredes pintadas de vino tinto, alfombras negras, puertas de madera sin numeración. En mi mano derecha guardo la llave apretando el puño. ¡No sé cuál es la puerta! Se agota el tema de conversación y los escalones. Estoy dando vueltas sobre el mismo lugar y no sé cuál es la puerta. Ella va a notarlo, mis pasos se hacen lentos, pesan los pies. No escucho su voz, solo veo paredes, pisos y puertas iguales.
Ritual
A María Luisa
Tres veces santigua las almohadas antes de dormir con rezos que le enseñó su padre: “Por la señal de la Santa Cruz…”
El vaso de agua en la mesita y el crucifijo espantan pesadillas en sus noches. Se cubre con la sábana, cierra los ojos, aprieta párpados y dientes. A un lado de la cama el peso del miedo la asfixia.

Geraudí González
Venezolana, licenciada en Lengua y literatura, minificcionista, investigadora del género. Actualmente radicada en Bogotá, donde continúa trabajando de manera incansable en todo lo relacionado con la literatura, la minificción y la poesía.
Tiempo
Volver a los veinte con la experiencia de los 40 el sueño de alguien que ahora escribe. Feliz madrugada. Ya son las 3:00 a.m. Debo dormir. El doctor López fue muy preciso con las indicaciones: “A las 8:00 a.m en punto debe estar lista para iniciar la cirugía estética”. Y ahora que lo pienso, no quiero llegar tarde a mi cita con la lozanía.
Sombra
Es culta, inteligente, buena prosista. Quizá él la crea mejor que ella… (esto empeiza a parecer una confesión de vecindad). Lee sus ensayos y se dice: ¿acaso yo no escribo bien? Pero algo la atormenta más: ¡Tiene tanto de sí misma, carajo! Un montón de sus autores (o de ella): Hanni, Celan, Monjeto, Clarice, Lispector, Pizarnik, Sylvia Plath, Sontag, etc. ¿Una copia mejorada de mí? Se pregunta en su intento por sostenerse en su propia autoestima tan golpeada por esta, la amante de su marido.
