NUEVA PALABRA

Amores de Ventana

Miguelino

En la sombra me siento mejor y tras este encierro consigo ver que no era tan difícil quedarse quieto. Difícil fue darme cuenta que, al no tener más remedio que estar en casa, no tenía con quien hablar. Empecé a deprimirme,  desperdiciaba los días viendo televisión y fantaseando con encontrar a alguien con quien conversar, pero mi suerte no mejoró estaba  solo como un astronauta varado en la estación espacial,  marchitándome debajo de las sábanas en un ciclo sin fin. Ni la música me salvaba. Entonces, no sé por qué me dio por fumar en la ventana y te vi, tan celestial como una estrella fugaz, perfecta como el atardecer. Tus cabellos color cobrizo ondeaban cual bandera. Embobado viéndote dejé que la colilla me quemara los dedos. Tú al notar que te miraba volviste esas oscuras perlas  hasta mis cansados ojos,  fue la primera vez en años que una mirada traspasaba mi alma. Como un cobarde cerré la ventana y me oculte en el otro lado de la pared y mientras estaba allí me di cuenta que sonreía y que mi pulso se había acelerado. Y así pasó una semana. Gastaba los cigarrillos en la ventana  con la excusa de verte. Un día  no volviste a aparecer en tu balcón en tu lugar había un papel pegado al cristal:

“¿Me regalas un cigarrillo?”

Sin pensarlo mucho agarré la casi acabada cajetilla de Marlboro y  eufórico por la idea de hablarte salté de mi ventana a tu balcón, aterricé torpemente  de bruces y al retorcerme para sentarme, vi tu reflejo en la puerta, con una sonrisa abriste la puerta de cristal que nos separaba:

—Querías uno, ¿no? —dije un poco adolorido por mi aparatoso aterrizaje. Reíste musicalmente al decirme:

—¡Te tardaste demasiado en ofrecerlo, tonto!

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