Miguelino
En el colegio había una sala de química que estaba abandonada, tenía un aire misterioso y muy tétrico no sé por qué pero siempre que pasaba por ahí sentía que me llamaba. Siempre estaba cerrada con llave. Algunas ventanas mal tapadas e incluso tenía candados por todas partes un día en el recreo no soporté más la curiosidad y me asomé por la ventana de ese salón abandonado. Todo estaba hecho un lío: habían vasos de precipitados rotos y esparcidos por el suelo, mecheros destruidos, balanzas y lo que antes fue una pared era un reguero de estantes caídos con microscopios, muestras de experimentos y tubos de ensayo con manchas de lo que antes fue líquido. El piso estaba manchado de todas las sustancias, por lo que se veía no habían limpiado el sitio en años, todo estaba cubierto por una gruesa capa de polvo, al igual que las ventanas de todo el salón. Este lugar inhóspito tenía extrañas marcas en las paredes y los pisos, marcas como de garras, creo, si es que no me engañaba mi vista. El polvo era tanto que me hizo estornudar y por un fugaz instante creí ver algo moverse dentro de ese salón, pero no estoy muy seguro.
Después de ese día sentía mucho más interés sobre qué había sucedido en ese salón. Tanta era mi curiosidad que por unas cuantas semanas no presté atención en clases ni tampoco copiaba las asignaciones y finalmente terminé preguntándole a mi profesor de química qué era lo que había sucedido en ese salón abandonado, el profesor como es astuto volvió el tema algo colectivo y me dijo:
—Si resuelven estos 9 ejercicios de nomenclatura les diré que sucedió ¿te parece bien Carlos?
—sí, profesor —teníamos curiosidad.
De inmediato nos pusimos a resolverlos. También colocó otros ejercicios sobre compuestos químicos, al mismo tiempo que hablaba de su peligrosidad, cuando al fin terminamos nos dijo:
—Bueno, les contaré
Hace algunos años, antes de mi llegada al colegio, me contaron que el antiguo profesor de química era muy curioso, se ponía a unir sustancias y miles de mezclas más. En una de sus clases realizó un compuesto fatal, según escucharon los demás profesores, mezcló ácido sulfúrico con óxido cúprico y plomo y creo que también el hierro y la reacción de estos elementos al calor no fue nada buena, se generó un gas tóxico que hizo que la mitad de los estudiantes se intoxicaran hasta morir y los más afortunados se desmayaran, además su atroz invento explotó y por desgracia le cayó encima. Hubo mucho revuelo para sacar a los alumnos. La sala quedó en cuarentena y no se sabe que sucedió con el profesor, según dicen escapó por que el miedo que tenía a enfrentar lo que había hecho era demasiado grande. Pero nadie tiene ninguna teoría concreta, solo saben que desapareció y nada más y esa es la historia.
Cuando el hombre terminó de hablar un compañero dijo:
—Wow, que fuerte. Gracias por contarnos profesor.
—De nada, muchachos. Nos vemos mañana en clases, recuerden estudiar para el examen de los ácidos metálicos y no metálicos y sus sistemas.
—¡Sí señor! Se oyó decir al unísono a toda la clase.
Después de regresar a casa me quedé pensando en lo que había sucedido en el salón abandonado de química, recuerdo bien que esa noche logré dormir en paz sabiendo que el misterio había sido resuelto y juré nunca hacer nada tan estúpido como lo que hizo ese profesor.
Pasaron los días y rápidamente le perdí el interés al salón, pero claro aun así seguía pareciéndome un misterio qué era eso que había visto moverse dentro del salón, de algo sí estoy seguro, el tamaño de eso no era el de una rata ni el de un ratón. ¿Qué sería? A lo mejor mas adelante me ocuparía de averiguarlo.

Interesante historia !!!!
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Gracias por comentar.
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