PALABRA SECRETA

El hombre de hielo

Guadalupe

Llevan unos cuantos años juntos. Durante ese trajinar han tenido altas y bajas, pero ahora todas son bajas.  Ahora no saben cómo tratarse. Antes todo era cálido, valioso, verdadero. Con el tiempo las cosas se fueron enfriando y se volvieron un par de extraños durmiendo en la misma cama. Ella lo ama, lo espera…  él no se da cuenta que todos los días se convierten en una montaña nevada difícil de escalar. Poco a poco se volvieron calor y frío, verano e invierno, ruido y silencio.

Su aliento es cansado. Gélido, aturdido. Sin advertirlo se ha convertido en lo que tanto temió un día, un ser incomprendido.  La ve alejarse cálida, azul, con olor a sol y ya no puede alcanzarla. Todavía arde en su interior alguna esperanza aunque comienza  a sentirse resignado. Se acerca e intenta hablar pero ya no hay palabras su aliento las ha congelado.

Ella lo mira de lejos y sonríe, trata de acercase y lo nota frío, vuelve a sonreír, desesperadamente trata de calentarlo, le ayuda a levantarse, juntos miran al cielo buscan cobijo en las estrellas, se miran con amor, con el amor de antes. Ella sabe que ya sus labios son de hielo, están congelados y de ellos no emerge ninguna palabra. Trata de acurrucarse en su pecho y escucha  que su corazón late muy lento y pronto se detiene.

La sonrisa de ella desaparece se torna en tristeza. La desesperanza se apodera  de los pensamientos y del lugar.

El cuerpo del hombre se transforma ante sus ojos: todo es hielo. Sus músculos se solidifican, su sonrisa desaparece, su mirada chocolate donde tantas veces se perdió en dichosas horas de amor se aleja de la vida, ya no hay expresión. Entonces sus lágrimas inundan el lugar, se desata un diluvio. Con sorpresa advierte que mientras ella flota a la deriva, el cuerpo de hielo se diluye en el mar.

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