Miguelino
El viento resultaba agradable desde esa altura. Todo se veía extraño e inusual. ¿Cómo había llegado hasta allí?
Era una cuestión algo extraña y no le encontré sentido hasta muy tarde. Mientras pasaba el tiempo todo se veía más luminoso, pero no sabía disuadir si era por el alcohol o la efusividad del momento. Le había cogido mucho aprecio a los vicios, me hacían sentir que ese hueco frío y tormentoso que tenía en el centro del cuerpo dejaba de existir durante sus efectos. Por fin podía ser feliz y levantar la cabeza como en años no lo hacía.
Algo estaba diferente, desde aquel elevador averiado todo se veía tan lúcido y espléndido. No pude resistirlo. Algunas gotas corrían por mis ojos. Dando pasos torpes seguí adelante atraído por las luces de la lejana ciudad.
Un sonido de crujidos alteró el escenario y lo siguiente que sentí fue que ya no sentía nada.
