PALABRA INCÓGNITA

Médico Fantasma

Elvis Pérez

Licdo en Educación mención sociales en la Universidad de Carabobo. Es aficionado a escribir y autodidacta. Ha realizado cursos online sobre escritura pues desea perfeccionar su estilo. Su mayor afición es escribir sobre fenómenos que no se explican fácilmente, o como él prefiere llamarlo, fenómenos paranormales.

Médico Fantasma

Elvis Pérez

La casa de las hermanas Pérez había sido hacía un tiempo el lugar de un fenómeno extraño. Una mano rosa había penetrado desde algún lado y había golpeado a una de ellas en la cabeza. Tal fenómeno no tenía explicación y las llenaba de angustia y miedo. Ninguna entraba al cuarto donde había sucedido ese hecho sin la compañía de otra. Aunque como todo pasa con el tiempo lo olvidaron y retomaron sus vidas. Sin embargo, no perdían oportunidad de relatar aquello como un  cuento fantástico  a sus amigos y familiares, cosa que  le daba una atención extra a cada una de ellas.

Pasaron los meses y todo el mundo se olvidó de la experiencia paranormal. Las  chicas jugaban todos los días sin evadir sus responsabilidades. También salían a la calle a socializar con los vecinos, a jugar, a visitar, a bañarse en los ríos, entre otras diversiones; pero, lo que más les entretenía era estar en casa, juntas en familia, viendo la tele. Había en el pueblo de Curagüires, señal de varios canales, hasta extranjeros, puesto que disfrutaban de una antena parabólica que le permitía acceso a esa diversidad de canales, hecho que era un privilegio del cual sólo disfrutaba dicho pueblo.

Una de esas tardes mientras se distraían viendo la tele en compañía de una chica llamada Nancy, quien a pesar de que era mucho mayor, sentía  cariño por ellas, escucharon unos pasos que indicaban que alguien se acercaba. Todas, dirigieron su mirada hacia la sala y observaron la silueta de un sujeto con zapatos deportivos y vestimenta blanca de doctor, a todas les pareció extraño, puesto que la puerta y la ventana de aquella sala estaban cerradas y era imposible que alguien hubiese entrado sin abrirlas.  Nancy, al percatarse de aquello con voz temblorosa preguntó:

—¿Ustedes vieron lo mismo que yo vi?

—Sí, yo lo vi —dijo Magdi casi sin aliento— ¿Quién es ese y por dónde habrá entrado?

—Pues, corramos del otro lado a ver de quien se trata —Sonia se levantó valientemente  y se dirigió a la parte de atrás de la casa siguiendo al  extraño. Las demás siguieron a Sonia agarradas de las manos y con piel de gallina.

—¡Mamá! ¡Maaaaaaa! —gritó la pequeña Marisela a quién habían dejado sola en la sala.

—Lisset, trae a Marisela, que la hemos dejado sola —ordenó Magdi, mientras ella junto a Sonia y  Nancy, apresuraron el paso para ver si veían al sujeto.

La madre se acercó a la pequeña Marisela

—¿ Y esos gritos?, ¿qué sucede? —preguntó echándole los brazos para cargarla.

—¡Un bicho mamá!, ¡Un bicho! —dijo la pequeña mientras se le quebraba la voz.

—¿Qué bicho niña? ¿Qué has visto?

—¡Mamá, mamá! —Escuchó a Sonia y a Magdi que venían aterradas de miedo.

—¡Desapareció! ¡Se fue! ¡Ay, qué miedo tengo! —dijo la mayor mientras abrazaba a su madre.

—¿Quién? ¿De quién me estás hablando niña? —Preguntó extrañada la madre. A sus hijas se les trababa la lengua y tartamudeaban

—Ununun Seeeññorr queee…

—¡Ya! ¡Basta! ¿Otra vez con sus cosas? ¡Vamos niña! Ya estuvo bien con lo del otro día.

—¡Señora Mirian! Es cierto, vimos a un hombre vestido de blanco que cruzaba por aquella sala y fuimos a ver quién era y ya no había nadie, desapareció así sin más

Nancy señaló con sus manos el recorrido que debió haber hecho el sujeto antes de desaparecer.

—¡Vamos niñas! Ha de ser un vecino que cruzó.

—Pero, ¿Cómo ma? Si la puerta y la ventana estaban cerradas ¡Imposible! —Le dijo Magdi molesta.

—Fuimos a ver y desapareció, si fuera un vecino lo hubiésemos visto, pero desapareció.

—Debe estar escondido en algún lado, ¡Vamos a ver! —declaró  incrédula la madre.

Cada una halando algún trozo de ropa de la madre avanzó con ella hacia el sitio de la desaparición del individuo extraño. Se apretaban tanto a la mujer que le dificultaban la  marcha

—¡A ver niñas! Así no puedo caminar, dejen la cobardía, ¡Vamos!

Revisaron por toda la casa y los posibles escondites donde podría ocultarse un intruso y no consiguieron nada. Fue un misterio al fin y al cabo. La madre aún no creía lo que le decían esas muchachas fantasiosas.

—¡Qué vaina! ¿Qué espíritus quieren dañar la paz de mis hijas? ¡Dios! —gritó un poco y agitada la madre—. En eso llegó el tío Luis de la calle

—¿Qué pasa Mirian? ¿Por qué esos gritos? ¿Qué te ha molestado?

—Las niñas, que ahora les ha dado por seguir viendo cosas raras, yo no sé qué mal o qué brujería hay por fin en esta casa que ahora mis muchachas están viendo  fantasmas que caminan por ahí, manos que la golpean, yo que sé, esa es mi molestia, porque cuando vengo ya no hay nada ni veo nada.

—¿Qué fue esta vez muchachas? Dejen de estar asustando a su pobre madre

Las encaró Luis con molestia. Las hermanas contaron todo y este asintió con la cabeza y dijo con cierto aire de superioridad

—¡Ah…eso! ¡No han visto nada! He visto cosas peores y ya no le paro a esos fantasmas. Les dije que en esta casa pasan cosas raras, pero, nunca me han creído, siempre me dicen que soy un mentiroso y cuentero ¿ya me están creyendo ahora? ¿No?

—Será, así como tú dices será. ¡Mamá! Debemos irnos de esta casa, ya no soporto, estas cosas me dan terror —imploró Lisset.

—Y ¿pa dónde hija? no tenemos casa.  Por ahora, toca convivir con estas entidades y recen cada vez que vean algo raro, es más no le paren.

Todos se retiraron hacia el patio para agarrar aire y para pasar el susto. Las hermanas en la noche, casi no dejaron dormir a su madre puesto que todas querían estar con ella. Hasta la fecha, aún no sabe qué vieron ni a quién vieron ni la intención. Sencillamente fue, otro evento paranormal que les tocó vivir a las hermanas Pérez.

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