Diáspora
Desde siempre, hemos sido seres migrantes. Seres que se mueven en busca de lo que no hallamos en nuestro sitio de origen.
Hemos migrado en nuestra ciudad, hemos migrado de estado (provincia), hemos migrado de país y hasta de continente. También hemos migrado sin salir de casa, hemos migrado de nosotros mismos, o lo que creíamos que éramos “nosotros mismos”.
Muchos han migrado por necesidad económica, otros conocen la guerra y no han tenido otra opción. Algunos han migrado por razones políticas. Otros, simplemente, por necesidad espiritual, por querer descubrir nuevos horizontes internos.
Las diásporas han llevado nigerianos a España, cubanos a Norteamérica, palestinos a Turquía, indios a Australia, venezolanos a Chile e innumerables nacionalidades a innumerables latitudes. Todos movidos por la necesidad de una vida mejor.
Y la cuestión es que sea cual sea la situación individual y la necesidad que motiva la diáspora, personal o colectiva, migrar abarca muchas palabras: distancia, lejanía, desarraigo, desapego, búsqueda, encuentro, desencuentro, aprendizaje, nostalgia, tristeza, alegría, felicidad, logro, fracaso, comienzo, tránsito, final… Palabras que guardan lágrimas, abrazos, deseos, expectativas, añoranzas, sueños, ilusiones.
Palabras que escritores, músicos, poetas y artistas en general, han utilizado para mostrar todo lo que encierra el hecho de comenzar de nuevo. Palabras, como las que queremos regalarles: infinitas.
Ismael Baptista

