Miguelino
En estos días caminando por la calle me encontré un títere en el suelo, estaba un poco maltrecho y sucio pero al recogerlo sentí un amor pasado. Al limpiarlo un poco me di cuenta que era un soldadito. Mi hermano pequeño, se acercó curioso a ver el objeto que tenía mi atención, me dijo:
—Hermano, parece que estuviera sonriendo a pesar de estar tan sucio —yo rodeándolo con mi brazo le dije:
—sí, Ángel, lo parece —a eso me preguntó—
—¿Me lo puedo quedar? —y al ver el sincero interés en sus ojos le respondí que sí. Al llevarlo a casa y lavarlo un poco busqué una aguja e hilo y le cogí punto a las partes rotas y deshilachadas para repararlo. Mientras lo hacía, esa extraña sensación de cariño que emanaba de él se realzó como un brillo, como si diera las gracias por su nueva casa.
Ya listo el soldadito, se lo di a su nuevo dueño, mi hermano pequeño: Ángel, quien lo bautizó con el nombre de General Javier. Y así, General Javier fue partícipe de mil y un escenas de juegos y diversión.
Recuerdo un día en el que mi hermanito y yo creamos un campo de guerra inter espacial en el cual General Javier fue el libertador del planeta Burger, ahora que ya estoy en edad adulta acordarme de eso me da gracia, decíamos cosas más o menos así:
G. Javier: Comandante papa, ¿qué sucede en las colinas azules?
C. papa: ¡General, nos están atacando, repito es un ataque sorpresa de los rigksmores necesitamos apoyo inmediato! ¿Aahahhhh….!
G Javier: ¿COMANDANTE! ¡RESPONDA COMANDANTE PAPA!
G Javier: ¿Cuántos efectivos tenemos cerca de las colinas azules?
CABO: Alrededor de 15mil General
G. Javier: Envíe a esos 15 mil soldados a colinas azules ¡Ya!…
Y como esa muchas historias y juegos hicimos con el General Javier. Él siempre ganaba. Era un héroe entre héroes. Mi hermano y yo jugamos durante largo tiempo con este títere. Luego lo olvidamos por ahí.
Hoy en día lo tiene mi hijo, lo consiguió en el closet, en la casa de mis padres. En ese cuarto que durante mi niñez compartí con mi hermano.
Al ver a mi hijo jugando con él me pregunto por qué habrán tirado a un títere tan bueno y cuántas historias habrán visto sus ojos de plástico.
