Miguelino
—Es curioso creerte,
—¿Por qué?
—Haces ver que todo es fácil cuando en realidad te ha costado un mundo conseguir cada pequeña victoria y aun así tienes cara de que no es suficiente para ti.
—Torné los ojos de una forma molesta incluso para mí. La auto condescendencia se había vuelto parte involuntaria de mi vida así que no sabía que responder.
—Querido… Tienes que dejar de hacer eso.
—¿Qué?
—Sentirte insuficiente cada vez que algo no te cuadre, tienes que agarrar fuerza y confiar más en lo que eres capaz de hacer.
—Ya hace mucho que me cansé de esperar a que ese ser colmado de luminosidad aparezca.
—Pero …, no va a aparecer porque aquel ser quedó reducido a cenizas. —dije en un suspiro.
Una lágrima corrió por el rostro del joven. Sostenía una conversación consigo mismo al borde del oscuro abismo de la madrugada.
De pie en la cornisa sus ideas se mezclaban y un único pensamiento resonó en aquel huracán
«Si en cenizas quedó, entonces que se encienda en fuego cual Fénix resucitado». Pensó sintiendo la brisa gélida en su piel.
—Como si fuese tan fácil…, amigo mío…
