PALABRA INCÓGNITA

Elvis Pérez

Licdo en Educación Mención Sociales en la Universidad de Carabobo. Es aficionado a escribir y autodidacta. Ha realizado cursos online sobre escritura pues desea perfeccionar su estilo. Su mayor afición es escribir sobre fenómenos que no se explican fácilmente, o como él prefiere llamarlo, fenómenos paranormales. Ha colaborado en entregas anteriores de Palabra Infinita y  decidió que no podía perderse esta entrega.

Mala intención hecha realidad

Elvis Pérez

-¡Vamos! ¡Vamos! ¡A levantarse! es hora de ir a la escuela —Una voz autoritaria se escuchó fuerte en el cuarto de las hermanas Pérez. Las luces se encendieron.  

—¡Bendición tío! —dijo uno de los niños espabilando.

—¡Pajarito! ¿Ya estás listo para ir a la escuela?, Dios te cuide, anda, levanta  a tus flojas hermanas que no han querido ni abrir los ojos.

—Sí tío —dijo el niño dirigiéndose al cuarto de sus hermanas.

—¡Vamos mujeres flojas! ¡Levántense! ¡Mi tío ordenó que sea rápido! Que ya está furioso.

—¡Ay Ronald! ¡Deja ya el fastidio! ¡Qué necio eres, vale! —Exclamó bastante molesta Sonia.

—¡Ay sí! Siempre lo mismo con este enano,  chupándole las medias a mi tío —Completó Magdi —Un día de estos, le voy a dar una paliza que dejará de molestarnos con eso.

—Qué flojera tengo de ir a la escuela ¿Por qué tenemos que ir todos los días?

—¡Ya! ¡Ya! Párense y váyanse, déjenme dormir, yo no tengo que ir a ningún lado —opinó Marisela quien aún no tenía edad para ir a la escuela.

—Bueno, no es culpa mía que ustedes sean unas flojas y que mi tío me mande a levantarlas, no es mi culpa —dijo Ronald sonriendo.

—¡Anda! ¡Vete!  —gritó Magdi mientras le arrojaba un zapatazo a su hermano quien salió entre asustado y risueño.

—Tío, tío, estas flojas no quieren hacer caso y de paso me quieren pegar.

—Vamos a ver ¿Qué les pasa a ustedes? ¡Prepárense guarichas! En 20 minutos quiero a las tres listas. Voy a llevar primero a este pajarito que es el único madrugador y obediente mientras ustedes se alistan. ¡Vamos! Ronald, ve sacando la bicicleta.

—Sí tío.

 Era una mañana fría, de esas que solían verse cuando se acercaba el mes de diciembre. La casa, ya adornada con elementos navideños, lucía más reluciente que nunca, días antes, la madre con sus hijos y su hermano Luis, se habían dedicado a decorarla y habían pasado y compartido un día agradable en familia. En la sala principal, se encontraba un pesebre, obra maestra del otro hermano de Amiria, quien tenía el apodo de Doctor, por su genialidad con la electrónica, sus conocimientos en diversas áreas y sus inventos.

—¿Te acuerdas Luis?—Preguntaba Amiria a su hermano, —¿recuerdas cuando Doctor hizo aquel pesebre y para descubrir a los que se robaban los muñecos les metió corriente?

-¡Ja!, cómo olvidarlo Mirian, esa maldad  de nuestro hermano mayor sigue presente en su vida. —habló Luis con ironía.

—Bueno, pero eso sirvió para que más nunca se robaran nada de la casa esos muchachos mala maña —replicó Amiria justificando a su hermano.

—Pues sí, eso sí —admitió Luis.

Después de la forma en que se levantaron esa mañana. La mayor de las hermanas quedó realmente molesta, no se le quitaba la imagen de su hermano de seis años gritando como su tío y chismeando todo cuanto ellas hacían. Sumado a ello, no tuvo un buen día en la escuela y eso aumentó su mal humor.

Lejos de perder la rabia, esta fue aumentando durante toda la semana. Llegado el sábado, y como era la costumbre las hermanas tenían que ayudar con los oficios, antes de hacerlos perdían tiempo en la repartición de las tareas y algunas discusiones inútiles sobre quién haría qué, hasta que la madre imponía las tareas a dedo. Magdi, fastidiada de hacer oficio propuso a sus hermanas con cierta malicia:

—¡Vamos hermanas! La que termine de última se encargará de hacer los oficios de las otras el día de mañana —Propuso.

—¡Si va! —dijo Sonia quien se apresuró a mover más rápido el cepillo.

—¡No! —Se negó Lisset desde el cuarto mientras arreglaba la cama—, ustedes saben que soy bastante lenta y que siempre soy la última, yo no participo.

—¡Vamos Lisset! No seas así, siempre tan lenta, ponle ánimo a la cosa —La motivó Magdi quien llevaba la iniciativa de suavizar su tarea.

—¡Miedosa! ¡Tonta! —Dijo Sonia.

—Ahhh, espérate que termine aquí para que me lo digas en mi cara —Dijo Lisset  en forma desafiante desde el cuarto.

—¡Ay ya! ¡Olvídenlo! —Dijo Magdi decepcionada—. No vayan a pelear por eso, porque después salgo yo siendo al culpable de todo.

—Sí, es mejor que lo olvidemos —Dijo Lisset —De todos modos ya casi terminamos.

Magdi se resignó a seguir con su tarea del día: enjuagar y escurrir la ropa que su mamá le indicó, De pronto vio a su hermano Ronald de lo más tranquilo lanzando piedras a la mata de mango sin tener que hacer ningún oficio. Recordó lo mal que se había llevado con él esa semana… Comenzó a escurrir la ropa mirándole desde lejos con rabia y pensando en distintas formas de cobrarle esa factura pendiente. Un momento después se dio cuenta que el niño se había apartado a un rincón a orinar y rápidamente se imaginó empujándole hasta tumbarlo en su propia orina. Sonrió maliciosa.

—Sí, eso sería buenísimo…, me la va a pagar uno de estos días… ¿Qué estoy pensando? Él es sólo mi hermanito, no puedo hacer eso, aparte, si lo hiciera, tendría otro problema con mamá. —Se levantó, recogió una ropa que estaba lista y se dispuso a tenderla en la cuerda que estaba ahí en el patio y en donde se encontraban como era de costumbre Luis y su madre hablando. No tardó en escucharse un grito acompañado de un llanto de susto.

-¡Mamá! ¡Mamá! Magdi me empujó e hizo que me cayera en el orine. —Escuchó y  vio a su hermano acusarle de lo que ella había pensado hacer pero que realmente no hizo.

—¡Ya va! ¡Cálmate niño! —Dijo la madre—, ¿cuándo fue eso? ¡Magdi! —Gritó la madre llamando a su hija y un poco extrañada puesto que la había visto haciendo su tarea y extendiendo la ropa. Magdi quedó estupefacta y de la nada comenzó a reírse, se defendió

—Yo no hice nada, lo juro mamá yo no le hice nada.

—Entonces ¿Por qué te ríes? —reclamó la madre con autoridad.

—Es que…

—¡Qué! —Preguntó la madre molesta.

—Es que yo…no, olvídenlo, no me van a creer.

—Dime ¿Qué pasa?—presionó la madre—,  él dice que fuiste tú, ¿Cuándo fue que te empujó?

—Ahorita mamá, yo estaba orinado allá y ella me empujó.

—Eso no pudo ser así porque yo estoy viendo a Magdi de hace rato escurriendo la ropa y tendiéndola y en ningún momento ella fue hasta allá.

—¡Ves! Mamá, ahí está, te lo está diciendo mi tío.

— Hijo ¿Seguro que fue ella? ¿No será que fue Sonia o Lisset?

—Yo la vi a ella.

Magdi todavía reía nerviosamente por lo sucedido.

—¿Pero por qué te ríes entonces?

—Mamá —Intervino Magdi— Te voy a explicar porque me da risa. Yo sí lo pensé, pensé que sería bien bueno que se cayera en su propia orina, pero nunca hice nada, te lo juro. Tengo a mi tío Luis de testigo. Ahora que lo pienso ya no me da risa, estoy asustada mamá, ¿Qué es lo que tiene esta casa que nos pasan cosas tan raras?

—Otra vez con eso, me vas a decir ahora que fue un fantasma que tomó tu figura y me empujó al niño para yo culparte —Reprochó molesta la madre. Pero supo que su hija decía la verdad.

—Yo siempre les he dicho, que esta casa….

—Cállate Luis, deja ya eso —Interrumpió la mujer  a su hermano. —Ven hijo, vamos a bañarte y se alejó de Magdi y Luis.

Más tarde, Magdi se reunió con sus hermanas y hablaron del hecho. Les aseguró a ellas que de verdad no le hizo nada a su hermano y que fue de verdad algo muy extraño. No quisieron seguir hablando más de eso, porque ya llegaba la noche en esa extraña casa de Curagüire.

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