
Eneyda Guadalupe García. Es venezolana. Graduada en Educación Mención preescolar. Trabaja en la Universidad de Carabobo como profesora y en este momento se encuentra en Guayaquil, donde fue de visita y tuvo que quedarse más de lo previsto. Su vida siempre ha girado en torno a leer y escribir, pues una vez que se graduó decidió estudiar la maestría en Lectura y Escritura para seguir trabajando con estos dos procesos.
Su anécdota más preciada y que marcó su vida como lectora es cuando su maestra de 2do grado le regaló un libro con historias de “tío conejo y tío tigre”, porque le aburría leer en el libro “mi jardín” (libro de lectura inicial). Eso la impulsó a pedir prestados los libros que había en los estantes del salón y llevarlos el fin de semana a su casa. Siempre estaba escribiendo versos a sus amistades que guardaba en un cuaderno.
Recientemente publicó: “Y empecé a mirar ojitos” de igual forma se encuentra escribiendo un poemario. Ha colaborado en otras entregas de Palabra Infinita.
El secreto de la Navidad
Eneyda García Ruiz
Cuando era pequeña la navidad era mágica, los adultos se encargaban de llenar el ambiente de misterio y curiosidad. Escribíamos las cartas al Niño Jesús y luego las colocábamos detrás de los cuadros o portarretratos. En mi casa no había arbolito de navidad. Mi abuela siempre nos decía que otro sitio ideal para guardar secretos era ese: detrás de los cuadros o portarretratos. Entonces así lo hacíamos.
La noche de navidad casi nadie podía dormir. Todos pendientes del momento en el que Niño Jesús pasaría por las cartas y luego dejaría los regalos. Así pasaban las horas yo me mecía suavecito en mi chinchorro sin apartar la vista de los retratos hasta que el cansancio me vencía y amanecía. Llegaban los regalos, pero no para todos. Casi siempre eran para las más pequeñas. Yo me sentía triste pero mi mamá me decía con lenguaje sencillo y palabras muy precisas: “El niño Jesús llegará para ti el 31 de diciembre porque ustedes son muchos eso es que no alcanzó a llevarse todas las cartas y a traer todos los regalos».
Y así pasaban esos días de navidad, yo hasta me confundía de fechas, no sabía cuándo era 24 Ó 31 lo que sí sabía es que aunque tarde para mí, siempre llegaba.
Ya de jóvenes la navidad se convertía en fiestas, intercambios de regalos entre los chamos del pueblo, risas, paseos, estrenos, otra cosa.
Después me casé y tuve una hija. Dejé de pensar en mí. Me tocaba pensar en sus estrenos, sus regalos, su ilusión, que me gustaba que siempre tuviera intacta y que fuera bonita. Pero al mismo tiempo ya de grande comprendí que la navidad es esa época de preparar ese corazón donde nace el niño Dios, es la familia: es hacer las hallacas, abrir las puertas de la casa para compartir con los vecinos, escuchar las gaitas y los villancicos, ir a la misa de aguinaldos en las madrugadas, el chocolate y las arepitas dulces, la algarabía en la plaza.
Todas esas cosas que hoy extraño mientras miro un cielo que no es el de mi país. Como a tantas familias venezolanas nos tocó separarnos, y en las navidades no estamos todos juntos, por eso las cosas ya no son las mismas. Mis hallacas llevan todos los ingredientes, pero no me saben igual, el dulce de lechosa no es el mismo y la música se oye diferente.
Hoy desde el ruidoso balcón de una casa que no es la mía, mientras miro el cielo de un país que comienzo a querer aunque no es el mío, pienso en todo eso y agradezco al Niño Jesús que aún siga naciendo en mi corazón, que alimente mi esperanza de juntarnos nuevamente y ser la familia unida que siempre fuimos.

Hola Marigabi, que bueno que te gustó mi historia de Navidad. Muchas gracias por tu apoyo. Un abrazo y mil bendiciones
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Que linda historia.
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Tu comentario es importante para los escritores, ¡muchas gracias!
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