PALABRA SECRETA

La mata de navidad

Guadalupe

Mi abuela tenía un jardín inmenso. Al menos así lo veía yo cuando llegaba por las tardes. En realidad toda  la casa era inmensa. Además tenía ventanas en sitios donde era muy loco que las tuviera; por ejemplo, en el cuarto de mi tía había una ventana que daba a la sala y cuando jugábamos a ser detectives mis primos, mi hermano y yo nos salíamos por ahí escondidos hasta que mis tías se daban cuenta y el juego acababa en regaño.

Normalmente nos íbamos al jardín a molestar a las hormigas y jugar  detrás de las matas hasta que también de allí nos corría mi abuela amenazando con darnos un pellizco de esos que te duelen por varios días.

Cuando nos reuníamos todos los primos y la casa estaba bien llena de adultos, mi abuela se olvidaba un poco de nosotros ocupada en cocinar, lo que aprovechábamos para jugar  “montón” en la grama. Lo normal era que al caer rompiéramos alguna de sus matas  ancestrales, entonces lo mejor era desaparecer de ahí para no ser objeto de reclamos.

Entre todas esas plantas había una que ganaba protagonismo en navidad, era  muy curiosa; de pétalos rojos aterciopelados y un centro manchado de blanco, las hojas eran verdosas y como picadas y lo cumbre es que durante todo el año estaba floreada y siempre tenía muchos hijos que mis tías y mi mamá vivían tomando aunque nunca lograban el objetivo: que se diera igual que esa. Ahora que lo pienso, esa mata debía tener cualidades mágicas: estaba en pie todo el año, era varias en una, no se secaba nunca por nada del mundo, ni siquiera porque mis primos la rompieran para ver las gotas lechosas que brotaban de sus pétalos.

Con el tiempo me di cuenta que era una mata de navidad, de esas que proliferan por donde quiera en la época decembrina  y que se vuelven parte de la decoración navideña. Justo ahora mientras escribo veo la que tengo en mi mesa de comedor, falsa por supuesto, porque no es que cuidar plantas se me dé muy bien.

Lo cierto es que esta mata en cuestión era un misterio porque en pleno sol y durante todos los meses florecía rozagante sus particulares hojas y sus bonitos pétalos, con todos sus hijos llenaba una buena parte del jardín y su tallo era grueso como nunca he visto en las  que venden en los viveros. Mi abuela cuidaba mucho su jardín, hablaba con sus plantas y las  limpiaba con cariño también las regaba por bastante tiempo aunque no sé si todos los días. Cuando ella vivía en esa casa las matas parecían moverse para saludarla cuando llegaba y abría la manguera. Todos sus nietos sabíamos que ese era un momento para no interrumpir.

Con el tiempo ocurrió que mi abuela tuvo que irse de casa porque ya estaba vieja y no podía seguir viviendo ahí sola con mi abuelo. El jardín entero lo advirtió. Las plantas se pusieron mustias y tristes, ya no se movían suavemente cuando iban a regarlas, sabían que no era ella. La única que permanecía igual era la mata de navidad, solo que era más salvaje. Entre las nueras y las tías se repartieron todas las plantas que estaban sembradas en porrones y solo quedaron las que pertenecían a la tierra del jardín,  yo me fijaba en ella, muy grande sus hojas buscando el cielo y tan rojas… luego me di cuenta que lo que deseaban era ver a mi abuela regresar habían crecido casi el doble y se amontonaban unas sobre otras como para asomarse a ver la esquina.

Mi madre siempre decía que había que podarlas, que habían crecido mucho y luego ya se haría difícil ponerlas decentes y mi papá decía que se encargarían los inquilinos. La mata sobrevivió mucho tiempo grande y rebelde, a los inquilinos no les molestaba. Yo siempre pasaba y me fijaba en la casa, extrañaba los juegos y miraba la mata. Hasta que un día ya no estuvo más, o sí. Arrancada de sus raíces permaneció días tirada en la puerta de la casa junto con todas las demás plantas del jardín que habían cortado para echar cemento. Sentí una puntada en mi pecho, me dolió verla ahí, muriendo y aun así con sus pétalos tan rojos y sus hojas tan verdes de tallos tan gruesos.

Todas las matas que veo en esta época me la recuerdan a ella, delicada y fuerte, resistente al tiempo. Mi abuela nunca volvió a su casa aunque siempre esperó hacerlo. Nunca vio lo que pasó con su jardín y yo nunca volví a ver otra mata como esa.

2 comentarios en “La mata de navidad

Deja un comentario