
María Valesska Binetti González
Venezolana. Radicada en Madrid España a donde se fue buscando mejores oportunidades. Se refiere a la lectura y la escritura como: “Algo que hacía para encontrarme pero que ahora sé que es para volver a mí, cuando leo busco respuestas y también distracción, escribo para drenar y entender lo que pienso”.
Cena de Año Nuevo
Valesska Binetti
Esta vez comí tanto pan de jamón que sentí miedo. Necesitaba estar bien y pretendía conseguirlo en cuestión de minutos. Por eso pensaba que debía masticar más, eso me acercaría a la sensación de bienestar que tanto anhelaba, así que seguía picando: un poco de pan, una crepe, el struddle, un trozo de pizza, varias cucharadas de helado, algunas uvas. La conversación en la mesa era indistinta y nadie se fijaba en lo que hacía, así que yo seguía comiendo. El aire me entraba con dificultad, ya casi no podía respirar, sin embargo, no quería parar de comer. Apenas cruzaba esa idea por la cabeza tomaba de nuevo algún pedazo de comida.
Llevaba a mi boca trozos de pan y chocolate uno tras otro. Mi mente decía a mi boca y a mis manos que no se podía quedar nada sin probar, hacer eso era como dejar ir las oportunidades de sanar tanto dolor. Dejarlas pasar. Pero ya mi estómago no podía más así que seguía sin poder respirar bien. Inspiré profundo, respondí dos o tres frases banales y me reí de un chiste muy malo contado por uno de los asistentes a la cena antes de entrar en mi mente.
*
Al principio los bocados son éxtasis, sentir lo divino, el gusto de la comida en el paladar, saborear cada pedazo. Al cabo de unos minutos con la saciedad llegan los retortijones y se acaba la sensación de bienestar, comienzo a sentir que debo parar, que me duele la barriga, que no puedo respirar, pero ahora es mi mente quien ordena que debo seguir hasta el final y me hace creer que estoy igual de embelesada que cuando probé el primer bocado, pero yo sé que no es así, tú y yo sabemos que después de aquello ya nada sabe a nada, y apenas puedo respirar.
Ahora, al fin tengo una sensación más parecida a cuando lo dejamos, a cuando me dejaste. Unas terribles ganas de llorar acompañan lo que mastico, porque me traicioné al dejar que pasara otra vez. Me duele la panza y siento que me aprieta la garganta, esta fue la peor decisión que pude tomar. Hoy digo que no, mañana es otro día.
La mesa navideña ya no se ve tan bonita como al principio, la gente ya no tiene mucho ánimo de hablar. Algunos se han levantado. Hago lo mismo pero me llevo varios pedazos de pan, de chocolates y galletas, estoy segura de que más tarde intentaré comer varios trozos de chocolate, por si vuelves.
