Estamos en medio de la época decembrina, pero no cabe duda de que esta es diferente. La cautela o el desparpajo total rigen los días, el virus que detuvo al mundo no baja la guardia. Hay quienes no podrán reunirse en estas fiestas, porque ya partieron al otro plano, porque luchan por su vida en una cama de hospital, porque trabajan, porque no están. También están esos que partieron buscando mejores oportunidades y se consolarán sonriendo a la cámara del móvil mientras hacen una video llamada. Hay padres que añoran a sus hijos, hijos que pasarán la nochebuena trabajando para poder enviar algo de dinero a su familia. Pero hay algo que no faltará a ninguno: esa palabra que le indique al otro que allí está, la palabra con su fuerza acortará la distancia. Palabra bendita, palabra infinita.
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