
María Emperatriz Monasterios Rubio es venezolana. Actualmente radicada en Medellín Colombia. Ingeniero Industrial de la Unexpo Barquisimeto , con Máster en Prevención de Riesgos Laborales de la Universidad Carlos III de Madrid. Durante un tiempo dictó clases, así que también tiene experiencia con la docencia. Leer representa para ella un pasatiempo apasionante. En su constante búsqueda se encuentra incursionando en el diseño y montaje de paginas web, en el cual avanza conforme pasan los días. De esta manera une sus dos pasatiempos favoritos diseñar y leer. Esta es su primera colaboración con el blog, con la cual descubre las bondades de la escritura.
Solera

Mariem
Recuerdo en aquella tienda de mascotas, había en el mostrador cuatro cachorros como moticas de algodón y bien juguetones. Pedí al vendedor que solo sacara a las hembras que no me interesaban los machos. Una era grande gorda y la otra era la más pequeña de la camada; ambas se desvivían por darme cariño así que decidí que la que llegar más rápido a mí desde el otro lado de la habitación sería mía. Tu me elegiste, corriste a mí desaforada.
Desde allí fuimos inseparables. Al ir creciendo aprendiste lo que me gustaba y lo que no; y a cambio entendí que lo único que exigías era ser acariciada siempre preferiblemente en mis piernas. Nunca te lo negué, era poco para lo que tú me dabas, eras mi compañía, mi amiga, mi hija nunca me sentí sola contigo. Te diste cuenta que lloraba mucho y cuando me pedías que te sobara la cabeza yo dejaba de hacerlo.
Cuando cumpliste dos años te dejé embarazarte. Era divertido ver tv en el suelo juntas mientras te sobaba la panza. Cuando tuviste a los cachorros te encantaba que los tomara en brazos, tus ojos me decían que la confianza que me tenías merecía disfrutar tus hermosos tesoros.
Viajamos a muchos lados, disfrutabas de montar en moto y sentir el aire al rodar. La playa era tu sitio favorito, correr en la arena y perseguir las olas hasta dar el chapuzón. La plaza de nuestra urbanización era otro de tus sitios favoritos. Eras famosa con todos los vecinos yo solo era “la mamá de Solera”. Correr tras la pelota y no entregarla era tu juego favorito yo lo llamaba: “soy yo la dueña de la pelota”.
Me encantaba fastidiarte al vestirte. Pasabas largo rato sin mirarme muy enojada, pero siempre volvías a mi lado. Tus juguetes nunca podían faltar regados por el apartamento, mirarte con ellos era mi alegría más grande.
No ha sido fácil escribir estas líneas ella era mundo y mi familia. La amo mucho y su partida lejos de mí ha sido difícil de afrontar. Aquí a mi lado duerme una maleta llena de vestidos y juguetes sin estrenar, de abrazos por dar y tristezas sin consolar.
A veces te imagino junto a mí, no me resigno a que seas solo un recuerdo más.
