NUEVA PALABRA

Nueva Palabra

Suspiré y rompí el silencio cuando  se me escapó ese pensamiento:

—Psicológicamente estoy jodido —las palabras salieron de mi boca por su propia cuenta, al caer en lo que había dicho la garganta se me hizo un nudo.

—Ah.. ¿sí?,  —respondió mi interlocutor sin mirarme a la cara.

No sabía qué me impresionaba más, su respuesta o la tranquilidad que eso me dio. Imaginé todo por lo que había tenido que pasar para que aquellas palabras no hicieran ni que bostezara. «Ella era fuerte»,  esa fue la respuesta a la que llegué.

—Por favor, continua —dijo gentilmente la sombra que entraba en mi campo visual.

—La conversación se desvió a un tema que ahora no recuerdo. Solo sé una cosa de aquella época con Alice, ella hacía que mis pesadillas se volvieran banales. Nos reíamos mucho, la música era música

Voz lejana:  ¿Y qué más recuerdas?

Su pregunta me causó un estremecimiento en el cuello.

—Aaah… Pues su fugaz estancia en mi tormenta terminó un día tan común que hasta da algo de lástima decirlo, Alice siempre fue alguien enérgico y no se quedaba quieta, me hacía caminar por todos lados sin rumbo alguno, —dije y una mueca similar a una sonrisa asomó en las comisuras de mis labios 

Proseguí

—Ella decía que no saber a dónde ir le dejaba ver a dónde llegar. Por extraño que parezca era divertido. El día que nos conocimos, buscaba un sitio donde estacionarme a ver las estrellas y por accidente chocamos viendo el cielo, fue una putada porque tuvimos que esperar a las grúas en medio de una montaña, y entre tanto empezamos a hablar mientras nos dejábamos conquistar por el cielo nocturno —Mire el pálido foco de luz led  y dije—: el amor es algo misterioso y sin sentido, creía que la vida no me recompensaría por lo malo que había sido pero la  conocí.

—»Los humanos vagamos con rumbo a la nada y en el viaje vamos encontrando el camino».

Dijo la voz lejana.

—Gracias por todo —respondí

—Pero si no hice nada más que escucharte. —respondió sorprendido el psicólogo.

—Eso es más que suficiente para volverme a componer, al menos un poco más, —respondí animándome un poco.

Sonrió

—Señor Tadeo, es usted una de las mejores sesiones que tengo en la jornada.

—Solo soy otro esquizofrénico, quien hace la sesión agradable es aquella chica, la que está sentada a mi lado —señalé alegremente—, mi amada fantasma.

El psicólogo se limitó a sonreír y despedirme.

Miré la silla y le dije adiós. “Adiós a tu recuerdo, al fantasma que conocí por un accidente de estrellas”.

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