En estos tiempos inciertos en que no podemos bajar la guardia contra el enemigo invisible que nos acecha hemos podido ver que somos una fuente inagotable de bondad, pero también somos sombras, oscuridad. Detrás de una sonrisa escondemos tristezas, temores, desaciertos, amarguras y soñamos con el día en que no tengamos que ocultar tanto sentir. La oscuridad se convierte para algunos en una niña que pasea asombrada ante la belleza que antes no supimos valorar. Para otros es normal ver todo a través de las sombras, aunque afuera, en la calle, haga sol. Una cosa tienen todos en común, la necesidad de contar eso que les aqueja, la necesidad de usar las palabras para que salga del pecho el peso que oprime, que duele, una vez más las palabras, siempre las palabras.
D.G.A
Gracias por leernos en esta entrega número 28.
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