Vagalume
Se siente extraño volver a los lugares de la infancia.
Se siente extraño que tus pies no sean los mismos. Que tus ojos no vean las mismas cosas.
La vida ha cambiado. Tú has cambiado. El lugar ha cambiado.
Vine a caminar las orillas que caminaba con mi madre. Ella, la que me enseñó a despertarme de madrugada para esperar el amanecer, hoy no lo mira a mi lado. Hoy no fue ella quién me despertó.
La vida ha cambiado. Ella cambió. Yo cambié.
La playa no es como la recordaba. Quizás mis recuerdos se han ido hundiendo en estos años, o tal vez, fueron mis ojos. La percepción de niño es tan ajena a la del adulto.
La vida ha cambiado. Mi mirada ya no es la misma. Yo tampoco.
Camino recordando los pasos de mi madre. Tratando de que mis recuerdos no hayan sucumbido al tiempo. Se me hace difícil sentir tristeza mientras la arena se adueña de mis huellas, más no puedo evitarlo al recordar las huellas de mi madre. Las huellas dejadas en mí. Las huellas que no borraron las olas.
Pasaron los años, sí. Y esta playa sigue llena de madres, sigue llena de hijos.
¿Qué soy yo entre toda esta gente? Me respondo que «soy una partícula más de agua», y entro a nadar.
Me sumerjo. El agua está tibia. Apenas empieza Mayo. La mañana está suave. Los tonos azules me deslumbran. La cerveza que apuré después del café, está haciendo efecto.
Veo una sirena. Me sonríe. Me invita a nadar con ella. Me sumerjo más. Me atrapa con su mirada y vuelve a sonreír. Nado con ella, mientras espero que no se caliente la otra cerveza que me aguarda en la orilla. Ella me dice algunas cosas que para mí son como flores. Ella sonríe una vez más.
El azul parece de mentira y yo sigo sumergido buscándole piernas a la sirena. ¿Qué tenía esa cerveza?
Me gusta estar sumergido, todo sonido es distante.
Acaricio la arena del fondo. Nada es más importante que este instante.
Vuelvo a la superficie, no debo tragar tanta agua salada. Voy a la orilla. Pienso en mamá. Veo todo a mi alrededor. Tomo otro trago de cerveza.
Aprendí a nadar, con mamá, en esta playa.
Aprendí a ver el alba, en esta orilla.
Aprendí a hundir los pies en la arena, en esta arena.
Llevo todos estos años preguntándome cómo conservar los recuerdos, cómo hacerlos inmutables. Aún no estoy ni cerca de saberlo. Tomo unas pocas fotos y así quizás algo quede de todo este vacío.
En el mar la vida es más sabrosa.
Frente al mar, se me disimulan las penas.
Frente al mar, los pensamientos toman un ritmo inocuo.
Bienaventurado me siento hoy. Bienaventurado de volver a un sitio del que nunca me he podido ir, aunque no haya vuelto desde hace más de quince años, antes de que mamá se fuera. Bienaventurado de la compañía que tengo ahora. Bienaventurado por poder ver este paraíso.
Feliz estoy por volver a la playa en la que aprendí a caminar al amanecer. Feliz de volver a la playa que caminé con mamá. Feliz, sumergido en la dicha de estos tonos azules.
