Miguelino
Mi cuarto olía a café recién colado. Yo apenas levantado, esperaba que tanto mi laptop como mi cerebro encendieran sus funciones.
Dejé vagar mis ojos por la desteñida habitación, la brisa daba un frescor que no era esperado para esa época del año. Estaba fastididado de hacer todos los días lo mismo, encender la laptop, tomar café y solicitar entrevistas para futuros empleos, no sabía que el día daría un giro inusual.
Cansado de escribir eché la cabeza hacia atrás, la ventana estaba abierta de par en par y con el sol se reflejaba una extraña silueta. En aquel marco se encontraba un diminuto pajarito, aleteó por el espacio. Eso bastó para desconectarme, embobado con su visita me fijé que se había posado en mi almohada.
Imaginé cuántas cosas habrían visto sus oscuros ojos, la cantidad de aventuras que debería de haber vivido, para él no hay situación económica desfavorable o pandemias limitantes. Recordé lo que era poder andar libremente por ahí.
Un deje de nostalgia se escapó de mi pecho cuando lo vi volar hacia el exterior, llevándose consigo mi aburrido día.
