Guadalupe
La mañana irrumpe sin problemas por la inmensa y polvorienta ventana. El sol se pasea por los estantes con dorada pereza, dando luz a los viejos lomos de los libros dejados allí desde quien sabrá cuando.
La expectación lo atormenta. Por fin la presencia de los estudiantes deja de ser un murmullo lejano
¡Todo se llena de vida!
Poco a poco ocupan los puestos, se reconocen, se sonríen. En ese lugar están por comenzar muchas historias y otras continuarán; como la de Guillermo y Kathy, hasta no hace mucho les gustaba escribir en su tabla sus nombres encerrados en corazones, Guille también confió en él lo suficiente como para guardar en una esquina, con letra muy pequeña, la respuesta de aquél examen que era de vida o muerte, la verdad no importa si escriben o no, ni que materia vean, lo que importa es que lo hagan sentir vivo, partícipe, que se inclinen mientras se encuentran sentados, que le hagan sentir finalmente después de todo ese tiempo que cumple con el fin para el que fue creado.
