PALABRA GUARDADA

Carta a papá.

Vagalume

He visto muchos niños últimamente. Hemos intercambiado sonrisas. He pensado en la infancia.

He pensado qué regalarte mientras se acercaba este día.

La conjunción de ambas cosas me recordó los regalos que te hacía de niño, y me dio por organizar palabras mientras todo alrededor suena lejano. Mientras me embriaga el pensamiento, el recuerdo y la reflexión.

Ya no te escribe la mente del niño. Una mente un poco más adulta dirige esta reunión de letras.

De un tiempo para acá he pensado mucho en el número tres, en lo significativo y equilibrado que ese número es.

Tres son las patas del trípode.

Tres los puntos de apoyo en ZaZen.

Tres los hijos que engendraste.

Un día tres mamá soltó su último respiro.

Otro día tres nació el amor de mi vida.

Qué curioso que tu edad actual está compuesta del resultado de 30 + 30, operación que integra dos veces al tres, en una operación que, a la vez, suma dos resultantes de unir tres veces al diez. Y que puede ser también 3 x 20, donde se multiplica el mismo dígito tres veces.

No soy matemático ni, mucho menos, numerólogo. Sólo lanzo elucubraciones para darle importancia a esas cosas que pasan y se enganchan a mi mente.

Sea lo que sea, escribo esto para celebrarte en una fecha importante. Y las fechas importantes son propicias para agradecer, disculparse y amar.

Entonces empezaré en ese orden, primeramente agradeciendo.

Agradezco hoy todos tus años. El hecho de que luego de ese recorrido, aún puedo verte caminar y bailar una salsa sin manifestar el dolor que te causa la artritis. Agradezco el aire en tus pulmones. Tu tacto, tu olfato, tu capacidad para saborear y para escuchar. También tu sonrisa y tus risas. Tu mal humor y tus momentos de calma. Agradezco tus manos y tus ojos, también tu boca. Doy gracias por estar aquí para saberte mi padre, para sentirte. Para aprender de ti al ver tus ejemplos.

Agradezco para limpiar todo el aire contaminado que anda por ahí.

Agradezco para luego disculparme. Porque disculparse es rendirse, y rendirse es cederle paso al espíritu. Es dejar de lado al ego. Es fluir, y fluir es la única forma de andar tranquilamente por la vida. Como el tronco que flota mientras se deja llevar por el río.

Así pues, me disculpo por mis consecuentes ausencias, la mayoría han sido necesarias para poder fluir. Me disculpo por mis ocasionales sequedades al expresarme, por mi aparente egoísmo de momentos. Por los errores cometidos, por las faltas de respeto. Me disculpo por no haber estado más para ti en el año en que sufrimos la derrota y me visitó la desesperanza. No sabía ni siquiera cómo podía estar conmigo mismo (muchas veces no quise ni estar). Me disculpo por los malos ratos del año siguiente, aún vivo el karma. Me disculpo por las recientes fallas y también por las que vendrán.

Y todo esto se resume a que simplemente quiero amarte pai. Amarte todos los días de mi vida. Amarte al mirarte, al tocarte, al abrazarte, al besarte, al pensarte. Amar al hombre que me dio vida. Al que me da ejemplo de buenas acciones para aprender a ser mejor. Al hombre que comete errores, para visualizarlos, identificarlos y evitar cometerlos en mi camino. Amar al hombre que me ama en gestos cotidianos, amar a mi gran amigo.

Hoy sólo espero tener la dicha de saberte vivo y feliz.

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