NUEVA PALABRA

Cielo Nocturno

Miguelino

En lo más profundo de mi ser, podía adivinar la causa de mi falta de motivación… Las constantes críticas  eran ya el pan de cada día se habían convertido en un saludo matutino. Quizá por eso  era bastante indiferente ante la posibilidad de encontrar amor en donde solo veía hastío. Escapar de aquel pozo de oscuridad era la actividad más divertida que hacía. Irme a la madrugada y regresar al atardecer. Hacer esto aliviaba un poco mi autoproclamada depresión.

Uno de tantos días de esos todos iguales, empecé a notar que algo me acompañaba en las penumbras me fijé pero aparte de mi sombra y las siluetas dibujadas al viento por el humo del cigarrillo no veía nada más. Mientras iba de vuelta al pozo volví a sentir aquel cosquilleo, algo me veía. Desde el interior de mis audífonos escuché su susurro.

«Mírame» —dijo aquella angelical y gentil voz.   Levanté la vista del pavimento y miré a mi alrededor. Nada.

Retomé mi mórbido andar arrastrando mis pensamientos entré  en el umbral del edifico y justo ahí volví a escuchar el mismo susurro

«Mírame»

No lograba ver nada. Respiré hondo y en un hilo de voz respondí:

«¿A dónde?»

Una suave brisa me dio la respuesta.

“Arriba de ti”.

Levanté lentamente el rostro y ahí estaba el hermoso cielo nocturno desbordante de estrellas, ahí supe quién me hablaba. Una estrella brillaba más que las demás y mientras su brillo se intensificaba volví a escuchar,

“Tu moribundo andar y la falta de calidez en tu corazón me trajo hasta acá» —dijo aquella estrella.

—¿Cómo pude haberte llamado si ni siquiera es posible que seas real? —Pregunté nervioso,

«¿Soy real? Quien sabe, quizás solo soy producto de tu soledad, el punto está en que estoy aquí para ti.»

Dijo la que ahora era una silueta luminosa a escasos metros de mí.

—¿Cómo es posible que me hayas notado?,

 «Porque tú jamás has estado solo, siempre he estado ahí sobre ti, en el cielo»

—Creo… Que no estoy entendiendo nada, le dije a aquella extraña chica.

Sorprendido la vi  sonreír tímidamente y responder,

“Tranquilo… Lo entenderás cuando subamos”

Y así fue como me dejé tragar por la noche.

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