CONTACTO, NUEVA PALABRA

Final

Miguelino

            —Momentos antes de que mi luz se volviera lejana y cristalina me cuestioné por qué me había vuelto un animal de sombras… por qué cada palabra que decía sonaba más plástica y sin voz. Hablar sin realmente decir nada eso era lo que hacía. Lo curioso es que ahora todo se centra en «tiene depresión» «está pasando por esa etapa»  «quiere sobresalir». —Pensé en voz alta

—pero… Tu destacas por tu alegría- le escuché responder a ella.

Sin apartar la mirada pensé en mis oscuras memorias y encontré que la más grande de mis emociones era tan efímera como un estornudo. Le contesté

 —Deambular por la carretera con la vista en la nada y el cuerpo en piloto automático se ha vuelto mi adicción ¿sabes? A 140 me llegan recuerdos pasados, desteñidos como en películas de antaño y luego veo entre los personajes secundarios aquel que se supone es el principal, y me doy cuenta que nunca destaqué. Querida mía, siempre fui un faro, pero uno en el fin del mundo. Donde la luz es oscura y la noche es luminosa: ahí es.

—Siempre has sido así de dramático, José —me respondió ella.

Sonreí tímidamente haciéndome el aludido y  pensé:

—Te esperaré, hasta el final de mis días te estaré esperando en mi faro —y dentro de mis pensamientos escuché una respuesta:

—Y yo te buscaré para ser la llama que ilumina tu fin del mundo —Una cristalina gota recorrió mi mejilla. —Antes de conocerte ya te amé.

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