
Hannakarina Añanguren Castillo
Venezolana. Profesional de la educación mención Lengua y Literatura, con una especialización en Educación Básica. Ejerce la docencia con creatividad e integralidad. Es una joven inquieta intelectualmente, con evidente sensibilidad para las relaciones interculturales. En cuanto a la lectura comenta: “La lectura es como un manantial que fluye de forma natural, sencilla y hermosa. Las palabras tienen el poder de cambiar mundos, vivencias, de matar, dar vida, rememorar y olvidar siendo los magos de nuestra existencia”. En referencia a la escritura nos señala: “la palabra escrita representa el alma de quien escribe, la huella imborrable que dejamos en el mundo, la comunicación con personas que jamás conocerás, pero con las que compartirás emociones”. Es una novel escritora, su primera novela publicada llamada: La Burka está siendo considerada para ser convertida en una serie televisiva. Esta es su primera colaboración con Palabra Infinita.
La tacita chueca
Hannakarina Añanguren Castillo
Desde las manos del alfarero trataba de observarse a sí misma, veía como el polvo que la conformaba tomaba forma, la técnica de moldeado que aplicaba su creador hacía que su visión al exterior fuese cada vez más nítida, el polvo desaparecía y ella triunfante se elevaba más según el empeño que le colocaban a tan ardua tarea. De repente, algo desvió su vista hacia la distancia, en la estantería que rozaba la mesa del alcaller, surgió un brillo estremecedor por la acaecida del sol que se abría espacio a la surgente noche cegándola por un momento y cuando logro fijar bien la mirada, la vio frente a ella, toda majestuosa, alta, hermosa, lisa, color hueso, parecía una reina ante todas las demás tazas que la rodeaban.
—¿Seré como ella? —se preguntó
Una ansiedad empezó a recorrer su cuerpo de tacita y comenzó a odiar al alfarero, solo veía a la jarra que estaba frente a ella y pensó que jamás llegaría a ser igual, solo una más del montón. La jarra que tan solo tenía una semana de haber sido creada, observaba siempre con fascinación el trabajo del alfarero y sentía ternura por aquellas tazas que siendo más pequeñas que ella evocaban una infancia de juegos de té con una niña que reunía a sus muñecas para contar las noticias del día. La jarra se sentía confundida puesto que, a diferencia de las otras creaciones, veía como se le dificultaba el trabajo a aquel hombre por la resistencia que tenía la tacita en ser una tacita, trataba de darle forma, pero ella se erguía como si quisiera crecer. La jarra no había visto algo similar, todos estaban contentos con lo que el alfarero creaba y dejar de ser polvo era la maravilla más hermosa del mundo. Una vez terminada la elaboración de aquella tacita medio chueca por su terquedad la colocó al lado de la jarra para pintarla al día siguiente. La tacita al verse tan cerca de aquella imponente reina le dijo:
—¡Deseaba tanto ser como tú! —Una lágrima resbalaba por una de las curvaturas laterales.
La jarra viendo aquella triste escena de su pequeña amiga le respondió:
—¡No te aflijas! El tamaño es lo que menos importa, todos estamos hechos del mismo material —y le regaló una enorme sonrisa.
La tacita se sintió burlada por la jarra, se dio media vuelta y lloró amargamente toda la noche. Al día siguiente el alfarero entró puntualmente al local para agarrar a la tacita chueca y pintarla, no había pasado buena noche, le dolían las manos por todo el esfuerzo realizado el día anterior, pero era necesario terminar, la hora de abrir la tienda se acercaba y pintar la tacita era prioridad en ese momento. Se puso el delantal y con pasos descuidados comenzó a buscar los materiales, en un intento tosco de agarrar uno de los pinceles que necesitaba golpeó la jarra y esta comenzó a balancearse sobre sí misma, todas las tacitas la miraban con enorme preocupación, gritaban fuertemente que la ayudaran pero el alfarero no escuchaba, la jarra avistó que no tenía escapatoria y trató de girar sin tropezar a las demás, de repente se encontró con la mirada de la tacita chueca, le sonrió y se dejó caer aparatosamente al piso haciéndose pedazos, la tacita observó con asombro como la jarra quedó totalmente destruida, pero para su sorpresa distinguió restos del mismo polvo que llevaba en su interior, el alfarero molesto consigo mismo por su torpeza, exclamó:
—Te arreglaré y quedarás como nueva.
Y Mientras era pintada, entendió lo que le dijo la jarra la noche anterior y comenzó a observar al alfarero con gran admiración, al final se percató de que realmente todos estamos hechos de lo mismo.

Buen cuento! Por lo que comunica y por lo que calla que dice más… Lo disfruté por su limpieza, por algunas frases que me hicieron sonreír, por su carga simbólica y por su belleza.
Gracias Hanna por escribirlo!! En cada lector realizará su significado potencial…❣️
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Muchas gracias por comentar y gracias infinitas por leer.
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Hermoso mensaje, todos estamos hechos de lo mismo. Gracias por compartirlo.
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Muchas gracias por comentar!!
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