
Freija Ortega
Venezolana, Maracayera enamorada de su ciudad jardín. Egresada de la Universidad de Carabobo como Licenciada en Educación Inicial y Primera Etapa de Educación Básica. Magíster en Educación Infantil. Vicepresidenta de la OMEP (Organizacion Mundial para la Educación Preescolar) capítulo Venezuela. Eternamente «Mae» trabajando en y para nuestras infancias. Creció bajo el cobijo de una abuela que le enseñó a amar los cuentos llenos de magia y la posibilidad de viajar a través de las palabras. Sus primeros textos aparecieron en el diario El Correo del Orinoco va a la Escuela. Aprendiz de todos y cada uno de los integrantes del grupo de literatura Antonia Palacios.
«Al escribir me conecto con ella, de alguna manera las palabras de mi abuela dan sentido a mis textos»
Aromas
Huele a sol… mezcla de flores silvestres, café recién colado y el olor de su piel esta mañana.
Despertar a su lado es un sueño recurrente, fueron tantas las veces que anhelé este instante, que no logro descifrarlo ¿Sigo dormida?
Observo su silueta entre las sábanas, aún descansa, la noche no alcanzó para realizar tantos deseos.
En la penumbra, tomo el primer sorbo de café mientras dibujo en mi memoria el recorrido de sus besos buscando mi sur.
Sí, huele a piel, a plenitud, a deseo, a humedad. En mis sueños felices siempre me acompaña el sol.
Me da temor que, al abrir sus ojos, despertemos los dos.
Bistrea, diosa
Piel y ojos café, negra cabellera, dulce y amarga… el cielo me bendice con ella, llevo sangre de Bistrea. Amo el café.
Me observa y sigue mis pasos. Cada mañana me reconforta. Tomo una taza en su honor, aclaro el pensamiento, salgo del sueño o, tal vez, me adentro más en él.
Bálsamo cálido, hoguera, sorbo que orquesta cada segundo de placer.
«Llevo sangre de Bistrea», me digo, para justificar mi adicción al café.
