
Sonia Castellano Mago
Venezolana, oriunda de Valencia. Egresada de la Universidad de Carabobo como Licenciada en Educación Inicial y Primera Etapa de Educación Básica. Especialista en Educación e Intervención Temprana del Instituto Mexicano del Intervención Temprana y Desarrollo Humano, Msc. en Psicología del Desarrollo Humano de la Universidad Central de Venezuela.
Gran lectora, siempre afanada por leer cuentos a sus pequeños estudiantes. Posee gran interés por las artes, como la música y la literatura, lo que la llevó a participar en Palabra Escrita, taller virtual dictado por la escritora Danibia Abreu, donde exploró a flor de piel cada una de las posibilidades que brinda el arte de escribir. Sonia, continúa su incursión en la escritura orientada hacia la Literatura Infantil donde encuentra gran alegría al crear. Esta es su primera colaboración con el blog.
EL SEÑOR DE SU CIELO
Sonia Castellano Mago
A través de la ventana se observa el atardecer. Un cielo mejor que cualquier cuadro de Monet, una combinación de blancos, grises, rosados y azules que logran algunas nubes noctámbulas; otras ya somnolientas, cansadas del recorrido del día, se han puesto su pijama blanquísimo y se han recostado plácidamente sobre las montañas del valle. Por si algún temor nocturno quisiera interrumpir su sueño, el Señor de los cielos ha colocado unas lamparitas al pie de la cama para recordarles que la luz siempre regresará confiable y certera.
Desde la puerta de la habitación, a través de la penumbra, observa conmovido Manuel la imagen de ese cuadro perfecto: su esposa en una bata que llega al piso, de pie frente a la ventana, con su recién nacida vestida de blanco recostada sobre su hombro, como aquellas nubes, dormida sobre la montaña maternal.
Mientras contempla, Manuel comienza a sentir una espina punzando su corazón, despacio pero profundo, le dificulta cada vez más la respiración. La oscuridad comienza a avanzar también en su ánimo mientras piensa que toda esa candidez sublime será tocada por el vicio y la malicia que inevitablemente cohabitan con la vida.
Manuel respira hondo, observa de nuevo el atardecer, se fija en aquellas lamparitas lejanas… entonces comprende que, como el Señor de los cielos, está en él velar el recorrido de su nube y confiar en la fuerza de su montaña. Vuelve a respirar y sonríe. Decide entonces encender una lamparita de noche a los pies de su amada para guiar sus pasos hacia él y abrazarla, como la nube a la montaña.
