Danibia Abreu González.
Son como las dos de la tarde, tengo un hambre cavernícola y hace un calor de mil demonios. Mi hijo juega en el asiento trasero del vehículo mientras que yo peleo con el bochorno en la cola del semáforo. De pronto se me acerca un tipo, me mira a través de la ventanilla con la mano extendida. Al principio me hago la desentendida, no quiero mirarlo, me volteo, simulo que estoy en algo muy importante hacia el otro lado. El hombre insiste y golpea la ventana, yo me asusto un poco y mi hijo interrumpe su juego y me pregunta qué pasa.
Entonces yo bajo la ventanilla y le doy al hombre una moneda. El tipo mira la moneda y murmura algo que yo por estar apurada en volver a cerrar la ventana no logro escuchar. Inmediatamente me alegro de que puedo avanzar pues la luz del semáforo así lo indica. Mientras adelantamos a otros carros mi hijo coloca una mano en mi hombro y me pregunta muy serio.
—Mami ¿le diste una moneda?- yo lo miro de reojo y le contesto.
—Si miamor —mi hijo me mira sonriente y me dice a su vez.
—¡Qué linda mami!… y “Él” te dio las gracias. Las palabras del niño han hecho que mi pecho salte. Ya no siento bochorno por el calor o el cansancio, es otro hormigueo el que me recorre el cuerpo, creo que estoy avergonzada, miro a mi pequeño copiloto por el espejo retrovisor, él a su vez observa al hombre que ya se ve lejano en el semáforo, se adueña de mí un pensamiento, este niño tan pequeño sin proponérselo me ha dado una lección.

Me alegra de leerte de vuelta Danibia 💛
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Muchas gracias, a mí también me alegra estar de vuelta a mis letras.
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