Miguelino
Otra vez me encuentro en el suelo frío mirando el desabrido techo mientras la música de la televisión golpea mi sensación de vacío…
Esa sensación que solo embriagado consigo llenar. Increíble como la mente puede jugarnos tan mal y tan bien a la vez, tú llegaste de la nada e hiciste un desastre de mi cabeza. Diste mucha luz a mi vida y ahora parece irreal que la habitación que compartíamos sea un lugar tan oscuro y que mi única compañía sea aquel cachorro que me hiciste recoger en medio de la carretera.
Fuiste un rayo de esperanza, una fuente de sabiduría y a la vez una completa estúpida. Gracias a ti comencé a creer más en mí y sé que me dejaste para que entendiera que estaba mejor sin ti.
¿No es así?
Por cierto, el cachorro te espera, yo ya no.
