PALABRA SECRETA

Un día raro

Guadalupe

Abrí los ojos más o menos a las seis. Hace calor y enseguida me entran unas ganas casi absurdas de tomar café, así que con ese pensamiento me levanto a disponerlo todo para poder dar un trago al perfumado líquido antioxidante y delicioso. Me dirijo como todas las mañanas a abrir mi ventanal para dejar pasar la brisita que acompaña el inicio del día pero  advierto  a una polilla inmensa que parece mirarme con sus formas raras… nunca me han gustado esas tipejas, así que retrocedo, ella parece darse cuenta de que ya la vi y comienza a moverse buscando la libertad que le impide el vidrio, aletea y yo corro porque odio ese sonido, intento echarle baygon pero está lejos y eso parece alborotarla más comienza a revolotear por el espacio, la perra ladra anunciando que el bicho irrumpe el lugar,  brinca tratando de alcanzarla y mi grito  hiere el silencio y la paz mañanera. Cobardemente me refugio en el cuarto, desde ahí mando a callar a la perra.  Me infundo valor y salgo armada con un haragán para espantarla pero no es necesario porque logra conseguir la rendija de la ventana por donde entró, la veo volar hacia otra ventana. Respiro de nuevo, paz.

Al fin voy a colar mi café. Dispongo todo para el importante hecho.  Mientras el agua comienza a hervir, me estiro, ¡aaahhh que sabroso! bajo mis manos lentamente y…  MI DEDO ¡Se engancha con el mango del colador! El café molido hace un arco en el aire, un poco cae en mi brazo antes de quedar regado en el piso.

Intento respirar. NO PASA NADA,  le digo a mi mente, voy por escoba y pala y recojo el reguero, toca echar café de nuevo en el colador. Mientras pongo la escoba en el lavadero pienso que es buena idea lavar las  sábanas sucias, «mejor temprano para poder salir y dejar eso listo» pongo la carga, de nuevo en la cocina al fin cuelo el café,  le echo un poco de leche y lo pongo a calentar de nuevo. Voy al cuarto  para atender un mensaje que me llegó por el celular, al salir  me recibe un gran charco jabonoso en el suelo, ¡casi me caigo! entre malabares descubro que ¡el agua se está devolviendo! En cuestión de minutos se ha apoderado del apartamento, de nuevo intento respirar… ¡no me quiero alterar!, comienzo a recoger agua con tobo y trapo, mientras huelo que el café se botó pero no me atrevo a acercarme a la cocina eléctrica con los pies mojados, huele a  quemado. Me seco los pies, apago la cocina. Suspiro y enjugo el sudor, logré recoger el agua, ha pasado media hora. Al exhalar  hace su entrada magistral un dolorcito de espaldas que había logrado controlar a punta de estirones y agua caliente…

Debo llamar al señor Juan, que venga a destapar la cañería. Agarro el café, no me sabe como siempre, tengo ganas de chillar pero no voy a darle el gusto al diablo, Hoy tengo mucho que hacer… este inicio de día ha estado tan raro que creo que voy a escribirlo. Enciendo mi computadora de escritorio, me dispongo a escribir, el cursor espera ansioso las primeras palabras, pero justo cuando voy a comenzar la pantalla se ha quedado en negro, ¡La electricidad se ha ido para otro lado! Primero pensé que mejor no salía, ahora creo que lo mejor es volver a la cama,  este inicio de día está tan pero tan raro que ya parece un comienzo de película mala,  una de esas tantas siguientes partes de Destino Final…

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