Miguelino
Súbitamente una fecha se apareció en mi mente 1389 una pequeña sonrisa asomó por la comisura de mis labios.
—Esa fecha fue mi inicio ¿sabéis?
Ahí comenzó mi corta historia, veréis, ahí conocí a mi más trágica y alegre compañía. ¡Oh querida amiga! que glorioso momento fue alzar la vista entre mi plática insignificante para hablar intercambiar palabras contigo por primera vez.
—Así que planeas vivir eternamente si no escuché mal.
Tanta arrogancia en una sola oración me hizo prestar completa atención ante tu comentario. Tu aura fría y tu tez de luna eran algo sublime para el cochinero de taberna donde estábamos. Imitando tu arrogancia con un tono burlón te respondí:
—sí, planeo vivir sin más.
—¿Ah sí? Pues nos veremos de nuevo dentro de…, cien años entonces. Mi incredulidad se dejó ver tras tu respuesta. Pero la idea de vivir tanto, resultaba tan seductora que alegremente te respondí que sí.
—Eras un tonto y un inepto —y tras escucharte Sonreí alegremente y conteste:
—Y henos aquí tantos años después querida amiga.
—He de reconocer que no esperaba que quisieras vivir tanto —dijiste con un tono burlesco.
—Amada amiga. ¿Cómo podría no desear tal regalo? Si aún me queda tanto por vivir —y con una sonrisa burlona me dijiste.
—¿Qué tan codicioso tienes que ser para que después novecientos años me digas que aún te queda tanto por vivir —entre risas e historias matamos la tarde.
—Bueno…, ha sido una grata plática.
—Hasta dentro de cien años más mi querido amigo mortal —y corrigiéndote con una sonrisa dijiste—: ¿O debería decir inmortal?
—Hasta la próxima vez. —Te despedí con una teatral reverencia digna de la realeza y cuando levanté la cabeza ya no estabas.
Era curioso estar al lado tuyo pero me encantaba la idea de ser, el amigo de La Muerte.
