PALABRA SECRETA

Dimetap

Guadalupe

La mente es como uno de esos cuartos donde se almacenan cachivaches. Muchas veces nunca se llega a saber lo que hay allí guardado y otras aparece de pronto un recuerdo sin siquiera hacer fuerza para que salga. Ayer mientras caminaba rumbo a casa me acordé de mis hermanos. Uno hizo su vida en Chile, muy lejos de la patria y ya tiene una prole considerable. Otro murió de un infarto fulminante y ya no transita por este plano. El otro se dedicó a vivir su vida y desde la muerte de papá ya casi no nos vemos. En mi recuerdo no son esos hombres que nombré. ¡Qué va! Éramos unos críos bastante desastrosos que enloquecían a la nana y también a mamá cuando estaba en casa.

El asunto que revolotea en mi mente justo ahora y que hace que mi cara se transforme casi en una mueca tragicómica es un loco día en que para variar jugábamos y peleábamos a partes iguales. Yo era la mayor así que imponía mis reglas a costa de lo que fuera,  no me importó culpar a mi hermano del medio cuando lancé un zapato y este derribó un adorno de mi mamá. Se hizo silencio. Ella salió de su cuarto con cara de circunstancias y le preguntó a mis hermanos que había pasado mientras recogía los pedazos yo grité desde mi lugar que ellos habían sido por descuidados. Mamá regañó y luego desapareció de nuevo en el pasillo que daba a su cuarto. Mis hermanos se quedaron en la cocina, yo me distraje en el cuartico de la tele viendo alguna tontería ya no tenía ganas de jugar con ellos. Pasado un rato el silencio que venía de la cocina me hizo tener curiosidad así que sigilosa me deslicé hasta llegar a una especie de ventana mostrador desde donde podía  verse toda la cocina. El que me seguía en edad tenía en sus manos un frasco y todos lo veían con gran curiosidad e incluso ganas. Era un frasco de Dimetap, un remedio para las alergias que tenía un delicioso sabor a refresco de uva. Me acerqué y ellos me dijeron que cada uno había tomado un sorbo porque estaba muy sabroso, los reñí no tanto porque fuera peligroso sino porque no me habían llamado para participar les arrebaté el frasco y me disponía a dar un sorbo cuando mi hermano pequeño me dijo: “Pensamos que nadie puede beberlo todo, es mucho por eso queríamos tomar poco a poco hasta que se acabara” yo lo miré con el reto pintado en la cara y le dije:

—Ya me lo tomo yo —y empiné el frasco

—¡No puedes! —dijo mi hermano del medio

—Estás loca —dijo el que me seguía en edad. Todos rieron en forma maliciosa pero no me importó me bebí lo que quedaba. Como uno de ellos trató de arrebatarme el frasco este cayó y se rompió con un golpe sordo, salimos todos de allí en carrera riéndonos como tontos.

Pasado un momento mi mamá entró a la cocina a preparar la cena, el frasco yacía inmóvil, roto y vacío en el piso así que con voz cansada nos gritó

—¿Por qué el frasco de Dimetap está en el suelo?, ¿qué pasó con el remedio?

Nos escuchó reír y como sospechó fue hacia nosotros, imagino que nos vio las caras de culpa escondida entre las risas porque nos dijo de una vez

—El primero que se duerma fue el que rompió el frasco…

Hoy después de todos esos años me rio de ese día y de como nunca supe como terminó.

El ruido de las llaves de mi vecina me trajo al presente, accioné yo también mis llaves en la cerradura y entré a mi muy inmaculada casa donde los medicamentos están bajo llave y no existe para nada el color morado ni nada que se parezca al refresco de uva.

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