Miguelino
Eres el invierno más cálido que mi cuerpo ha sido capaz de sentir. Llegaste de improviso y te quedaste. Iluminaste mis días. Tu luz inundó lo más oscuro de mi ser. Tus manos han sido un salvavidas para un alma que ya consideraba sin salvación. Querida mía en la dulce cadencia de tu voz, en tu sonrisa conseguí seguridad y en tus ojos ¡oh amada mía! en tus ojos encontré mi hogar. Eres mi soporte cuando mi cerebro me hunde y mi blindaje cuando me siento débil, en poco tiempo convertiste una habitación vacía en un hogar, tu hogar. Mi alma, mi cuerpo, mi corazón…, todo lo que antes tenía matices oscuros hoy se alumbra con el calor de tu compañía…
Gracias musa mía por atenderme aquel día.
