Los siguientes cuentos pertenecen a una antología de cuentos inéditos reunidos bajo el título: “Niños de cuentos, cuentos de niños”.
Palabras voladoras
Para mi amada Camila
Camila es una niña risueña y conversadora. Desde que nos vimos la primera vez me dijo que quiere leer como su hermana mayor y que quiere tener una biblioteca inmensa donde estén todos los libros de Harry Potter, no ve la hora de sumergirse en estas aventuras mágicas, solo hay un pequeño problema, las palabras que lee huyen de ella. Siempre me dice que está segura de saber cuáles son y luego hace el esfuerzo de leerlas pero no las recuerda, lo olvida todo, las palabras, las sílabas, las letras. Se pone un poco triste cuando me pregunta:
—¿Por qué se me olvidan las palabras? —y completa— no entiendo.
Entonces yo prefiero decirle
—Hagamos algo… vamos a practicar a diario para que logres recordar todo, las palabras, las letras, todo, ¿Te parece? —ella sonríe dispuesta.
—Está bien.
Comenzamos a practicar, una y otra vez leemos cuentos, leemos palabras en la pizarra, escribimos también, seguimos leyendo y ella sigue preocupada porque algunas palabras siguen muy huidizas. Entonces las practicamos el doble, las escribimos, las pronunciamos, no las dejamos que se vayan lejos. Pensando en eso hicimos un cuento muy lindo sobre una estrella que era amiga de la luna, así no dejamos que se nos escaparan esas palabras y donde quiera que las veíamos podíamos identificarlas.
Ha pasado el tiempo hemos seguido en la práctica sin desmayar. Este día en particular nuestro salón se ilumina con los rayos del travieso sol, el momento perfecto elegido por Camila para darme una sorpresa. La misión de hoy es leer en voz baja y hacer un dibujo de cada palabra, de esa manera yo puedo saber si ha comprendido lo leído. ¡Camila lo ha hecho todo sin mi ayuda!, pude ver con emoción que cada palabra estaba acompañada de un dibujo hermoso, lleno de color y vida, ella mientras tanto se ha fijado en mí antes de decirme:
—Lo hice todo —me ha dicho orgullosa y yo he sonreído también —Esta vez no se fueron, estaban ahí cuando las leí —me dijo de lo más contenta. Hicimos más pruebas y pudimos ver que muchas palabras estaban en ella, ¡muchas, muchas, muchas palabras!
Leímos un cuento y luego otro… Antes de irse seleccionó algunos que quiere leer la próxima vez que venga. Se grabó sus nombres y también me los dijo a mí para que los recuerde. Mientras esperamos que venga su mamá celebramos con burbujas al viento y el recuerdo de muchas de las palabras que leímos.
Las letras ya no huyen de Cami, se quedan con gusto de ser leídas, ahora tenemos la seguridad de que nunca más se irán lejos.
