El siguiente cuento es inédito y forma parte de una antología llamada: Cuentos de Niños, próxima a publicarse en formato libro.
Un laboratorio de jugar
Para el grupito de los jueves:
Manuel, Castor, Ivana, Camila y Nicole
Un día estaban los niños terminando sus actividades en mesa cuando ocurrió esta anécdota. Unos se apuraban a colorear y algunos otros ya estaban en el piso con sus juegos elegidos. Manuel había terminado primero y se afanaba en hacer una gran casa para su pájaro de nombre inventado mientras Castor le pedía que le dejara entrar al juego, de igual modo Camila y Nicole querían hacer su parte con los tacos ideando una casa fantástica para los animales. La última en unirse fue Ivana. Dispusieron los 5 un gran espacio con compartimentos para muchos animales con posibilidades infinitas: piscinas, caminos, trampolines. Pasado un rato cuando ya todos estaban ocupados en jugar y construir, Camila que suele estar pendiente de que no se pase nada de lo que hace en aula divertida, les recordó a sus compañeros que era el momento de leer cuentos. Y ahí se armó la discusión, Castor y Manuel querían seguir jugando con aquella enorme casa mientras que las niñas querían irse a leer cuentos y merendar, Castor al recordar la merienda se unió al grupo de niñas, Manuel siguió empeñado en quedarse con los tacos, pues así lo hicieron, aunque luego Manuel se les unió.
Mientras leíamos “La sorpresa de Nandi” y discutían sobre el cuento, compartieron sus meriendas, reían de lo que pasaba en el cuento y de que al final fueron mandarinas, también comentaron sobre sus frutas favoritas y Camila alegre les hizo advertir que estaban todos unidos de manera muy agradable.
—¿Chicos se han dado cuenta que estamos compartiendo? es genial
—Sí a mí me gusta mucho compartir— comentó Castor
—¡Y a mí!— participaron Nicole e Ivana
—Es mejor así que pelear— reflexionó Camila.
Acabaron la merienda y llegó el momento de decidir. ¿Seguían jugando en el salón a construir casas o le daban oportunidad a los enormes tacos del espacio de juegos exterior?
¡Oh! No lograban ponerse de acuerdo. De repente las niñas decidieron que lo mejor era jugar afuera y los varones quedarse en el aula con su gran construcción para animales. Así lo hicieron.
Yo iba de un lado a otro y supervisaba que todo estuviera bien. En una de esas los muchachos decidieron recoger para unirse a las chicas, yo le pregunté a Castor el porqué de la decisión si ellos estaban tan a gusto allí, entonces me dijo:
—Ya nos aburrimos de jugar aquí, nos vamos para allá.
—Pero ustedes no querían…—recalqué
—sí pero queremos hacer algo más grande, algo como un laboratorio
—¿un laboratorio?
—sí, un laboratorio de jugar. —y salió del aula antes de que Manuel acaparara todos los cubos.
