José Miguel González
“No sé cómo empezar. Quizá todo esto sea una pérdida de tiempo ya que hace meses que no te veo pero… Quiero que sepas que ante todo te viví, te sentí y te odié. Odié cada momento contigo, cada día soleado que pasábamos juntos. Las escapadas de fin de semana a las que nos íbamos sin decirle a nadie…”
Borró el mensaje otra vez y en su lugar escribió:
“Hey, Elizh” no recibió respuesta.
Con un nudo en la garganta y los ojos hinchados de sangre Jota K. contempla el techo de su cuarto por décima octava vez en la madrugada. La imagen de su risa le había quitado el sueño y las palabras retumbaban en su mente como un eco ensordecedor «Te odio Elizh».
Caminando por la acera sin rumbo alguno levantó la vista un segundo y lo vio. Un pequeño pétalo de una flor. Extrañado por el objeto a sus pies se fue acercando a él y lo tomó con delicadeza, pensando en lo peculiar del hallazgo decidió conservarlo. Cuatro calles más adelante algo extraño volvió a llamarle la atención. Donde antes no había nada ahora podía ver un enorme portal de rejas negro mate abiertas de par en par el nombre de aquella peculiar entrada estaba algo difuso por la corrosión y no pudo leer bien, había decidido seguir su camino.
Una joven de vestido blanquecino estaba sentada en un banquillo del que parecía ser un parque, algo en esa imagen hizo que su cuerpo se moviera hacia ese lugar.
Nervioso sin saber que decir se acercó a ella. Al sentirlo la chica se dio la vuelta analizando al joven que tenía de pie a su lado.
Jota K. se sintió intimidado por los enormes ojos escarlata que lo habían examinado de arriba a abajo y cuando pensaba decir algo le escuchó:
—Es hermoso. ¿No? —un poco confuso respondió
—¿Perdona? —ella sonrió
—Este lugar, tiene algo mágico e inusual
Ahí fue cuando Jota se percató de dónde estaba. Un paseo lleno del mismo tipo de flores a las cuales pertenecía el pétalo que había recogido. Parecían lirios pero sin color. Nunca vio eso antes. Se había quedado tan absorto en averiguar qué clase de flor era, que no se dio cuenta de que la joven estaba de pie a su lado, al notar otra vez la sensación de su mirada Jota reaccionó. En sus ojos asomaba la duda.
—¿Tú no eres de por aquí cierto? —le pregunto la chica a Jota.
—No… O sea, sí, pero nunca había estado en este lugar —al escuchar su respuesta la joven curvó sus rosados y carnosos labios en una sonrisa, una que a Jota le resultó familiar.
Vio cómo la joven empezaba a alejarse y se preguntó a donde iría, pero cuando trató de seguirla su vista empezó a ponerse negra…, todo… , comenzó a volverse una bruma.
Despertó en su cama con la ropa que llevaba el día anterior toda mojada. Su cabeza daba vueltas y se una oscuridad evitaba que despertarse del todo y entre ese espesor aparecieron los ojos escarlata de aquella joven.
—¿Habrá sido un sueño todo eso? — al buscar algo en su chaqueta, notó un objeto inusual en la cornisa, un pétalo.
—Entonces no fuiste un sueño —le dijo al pétalo que sostuvo entre sus dedos— y si no fuiste un sueño, ¿quién eres? —le preguntó a la habitación vacía.
Otra vez se encontraba de pie en el portón negro mate, esta vez el crepúsculo hacía que todo el ambiente se viera fantasmagórico y misterioso. Caminando hacia la plaza donde había conocido a la extraña chica pensaba en lo raro que le parecía que a pesar de haber ruido era todo muy silencioso.
Justamente en el mismo banquito de la plaza consiguió a la chica. Esta vez quien estaba absorta en la nebulosa era ella.
—Hola —dijo Jota de la forma más normal que logró conseguir. Se quedó expectante a su respuesta, vio la sorpresa en aquellos ojos rubís de fuego opaco.
—Ah, hola. ¿Otra vez tú, eh? —respondió de forma animosa y juguetona la chica.
—Ha de gustarte mucho ese blanquito —dijo Jota A lo que ella respondió con una sonrisa pícara y silenciosa.
—Y bien, compañero observador, ¿qué te trae hoy por aquí?
—no sé… Caminaba por ahí dando una vuelta y aparecí aquí. Supongo que me gustó la tranquilidad que hay.
—Claro, claro —respondió en tono burlón la chica.
Y así pasaron los días. Siempre que iba a ese lugar todo parecía irreal y muy entretenido. Al punto que la herida en su corazón había empezado a sanar. Hasta que un día ella dejó de ir. Al principio a Jota no le extraño, -seguramente le salieron otros planes- se dijo así mismo una o dos veces. Una de esas tardes él recorría el pasillo adornado de las flores que le parecían raras y recordó algo que la chica le había dicho:
«Tienen una hermosura espectral como si fuesen flores fantasma.»
Al terminar el corredor de flores encontró una junto con una nota que decía:
“Querido jota, estas dos semanas han sido tan espectaculares que me cuesta creer que solo nos hemos visto en este banquito corroído y viejo, pero es momento de que ya me vaya. Siempre fuiste lo mejor que me sucedió en toda la vida.
La chica del vestido blanquecino. Tu eterno amor Elizh Brcukmond.”
Al terminar de leer las manos le temblaban. ¿Cómo era posible…? ¿Ella? ¡¡La chica del vestido blanquecino y los ojos escarlata era Elizh!! Sintió que su mundo se venía abajo. Todo este tiempo había estado hablando con el amor de su vida. La chica por la cual el significado de odio era amor. La chica a la que decirle que la odiaba era decirle «Te amaré hasta que el cielo se destruya en una bola de fuego escarlata».
La chica que había muerto por culpa de un conductor ebrio. Débilmente fue alzando la mirada el parque comenzaba a disiparse, los árboles y hasta los juegos de niños todo desaparecía, se derrumbaba. Las lágrimas de Jota brotaban como un manantial, el paseo de flores se empezó a iluminar con un brillo espectral y ahí de pie sonriente con los cabellos sueltos estaba su chica. En sus ojos escarlata se veía el dolor y el amor reflejados con intensidad, palabras inaudibles salieron de sus carnosos labios:
“TE ODIO JOTA…Y SIEMPRE LO HARÉ.”
Jota no resistió el impulso y corrió hacia ella atravesando el camino como una exhalación. Llegó tarde, ella ya no estaba ahí. «Ahí» solo quedaba un árbol muerto con flores espectrales.
Tres días después…
La policía abrió forzosamente la puerta del departamento 3C había quejas de un fuerte olor desagradable.
Encontraron un cadáver con las muñecas y el cuello cortados. Escrito en sangre decía:
“Estaré con Elizh en el parque”
