Guadalupe
Fue emocionante aquel viaje. Aunque dormimos durante casi todo el camino, estábamos muy emocionados porque iríamos a pasar unos días con nuestros primos de Barquisimeto.
Llegamos ya con el atardecer. Mi tía nos esperaba con almuerzo que ya casi se convertiría en cena, pero nosotros no teníamos hambre nuestro interés estaba dirigido a apoderarnos junto con los primos de aquél espacio nuevo. El apartamento de nuestros primos era muy grande y para mi hermano y para mí la novedad era el ascensor. Nosotros vivíamos en casa así que poco sabíamos de lo que era utilizar ese tipo de aparatos. Pronto papá se despidió porque él debía trabajar esa semana entre tanto mamá se instaló entre conversa y conversa con la mamá de mi prima Mariem.
Su papá no tardó mucho tiempo en llegar. ¡Era el primo mayor más divertido que recuerdo! Traía un maletín y un montón de papeles en las manos se dirigió al balcón y luego de colocarlos a un lado nos preguntó quién estaría listo para disfrutar de un rato de parque, por supuesto que mi hermano y yo nos animamos de inmediato, eso se convirtió durante esa semana de vacaciones en un paseo diario. Apenas llegaba Dioscoro de su trabajo nos íbamos a algún lugar de la ciudad, ya de por sí hermosa.
El Parque Ayacucho quedaba muy cerca del edificio, así que siempre fue una de las visitas obligadas por su cercanía.
Un día mientras mi prima mayor y mi mamá hacían la compra pasó cerca un vendedor de papagayos, mi hermano quería uno así que mi mamá lo complació y tanto mi hermano como mi primo Arquímedes regresaron a casa unos bellos e inmensos pájaros de papel sin saber exactamente qué hacer con cada uno.
Mi mamá y mi prima mayor, propusieron ponerle retazos de tela a la cola, además de agregarle metros de pabilo para cuando se elevaran por los aires. Mi hermano no parecía muy convencido de poder hacerlo volar muy lejos, tampoco estaba dispuesto a que eso sucediera, no quería perder su preciado juguete entre cables o árboles.
El primer intento de hacerlo volar sucedió en el Parque Ayacucho. Corrieron largo rato con los pájaros de papel detrás trazando cortos vuelos y cayendo en picada bastante seguido, todavía recuerdo el sonido que producía cada elevada, la alegría y luego las carreras para recuperar el papagayo cuando caía al piso. Dioscoro propuso entonces visitar el parque del Este De esa manera tendrían más espacio para correr y más posibilidad de elevar los papagayos sin el riesgo de que se enredaran en los árboles tupidos del Ayacucho. Esta idea fue muy bien recibida por todos.
¡Esa tarde fue realmente maravillosa! Luego de varios intentos mi hermano logró elevar su juguete. El viento hacía de las suyas y lo llevaba de un lado al otro en el hermoso cielo barquisimetano. Poco a poco aprendió a soltar y recoger cuerda a medida que el papagayo lo necesitara y también que podía jugar a inclinarlo de un lado al otro. Parecía subir y bajar con cada templón. Yo pude sostenerlo en mis manos y hacer algunos movimientos mientras reíamos de gusto, lo dejó volar tan alto que pensamos que no podría recuperarlo y mientras se empeñaban en bajarlo llegó el atardecer. Así, mientras el cielo cambiaba de colores a medida que avanzaba la tarde mi hermano luchaba por recuperar el pájaro de papel. Cuando finalmente lo tuvo en las manos ya apenas había luz y teníamos que volver a casa.
Ese atardecer está grabado a fuego en mi memoria, esa maravillosa tarde de no rendirse hasta lograr el cometido, esas pocas palabras dichas mientras el cometa se elevaba en el cielo a la vista de todos los adultos, incluido mi papá que había llegado esa mañana para compartir el final de esas vacaciones. Ese sonido del papel cada vez que le daban cuerda o lo hacían bailar y adornar el cielo junto con tantos otros más, forma parte de esos recuerdos que no se borran nunca y no puedo evitar repasarlo en mi memoria mientras digiero la noticia de que ese primo mayor, alegre, vivaz, siempre atento, se fue a dormir y no despertó más…
Volar papagayo seguro no era su afición favorita, a él le gustaba más marcar strikes en el bowling, pero esa tarde apartó su tiempo para que mis primos y mis papás pudiéramos cumplir un deseo, así era, así fue siempre.
Lo imagino ahora mientras marca ese strike: ligero, feliz, libre del peso del cuerpo, con esa sonrisa amable que lo caracterizó siempre mientras atardece y él se eleva a la hora del crepúsculo.

Que bonito 😭
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Gracias por leer.
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