Guadalupe
La Dueña de las Gallinas
El jardín de la casa de mi abuela tiene un muro bajo donde para “Chivear” mi hermano, mis primos y yo nos subimos haciendo equilibrio. En la esquina de la verja hay un poste por donde bajamos jugando que somos bomberos ¡es divertidísimo! Cerca de ese poste hay una jardinera muy grande con muchas matas, la favorita de mi abuela es una mata de navidad que sorprendentemente está floreada ¡todo el año!
En ese jardín nos encanta jugar “montón” a mi me gusta mucho ese juego, pero más de una vez he terminado berreando, es que quedar abajo es asfixiante. A mi abuela no le gusta mucho que juguemos ahí, la razón es que si se le dañan sus matas, se pone furiosa. Entonces antes de que eso pase, nos ahuyenta diciéndonos a su manera que si alguna de ellas se le parte aunque sea una hojita chiquita, nos dará un pellizco “remolino” que sólo ella sabe dar. Mis primos y yo corremos como locos mientras nos reímos, hay que huir de ella por el bien de los brazos.
Al otro lado del jardín, hay un bosquecito que yo amo, muchas matas en porrones que deben tener más edad que mi abuela, tapan el sol y lo dejan pasar por pedacitos. Yo juego ahí con mis muñecas a que esa es una casa bella con cuartos y muchas cosas. Sólo que cuando están mis primos jugar a las muñecas no resulta tan divertido.
La reja de la casa de mi abuela casi siempre está abierta igual que la puerta de madera que da acceso a la sala, pero a nosotros no nos importa entrar, porque la mayoría de las veces cuando llegamos, los chiquitos nos quedamos en el jardín y los grandes entran a conversar…
La casa de mi abuela es una casa grande con cinco cuartos una sala enorme y una cocina más enorme aún donde ella pasa gran parte de su vida. Lo malo de esa casota, es que tiene un solo baño y para entrar hay que esperar mucho y cuando por fin puede uno hacerse dueño de él, hay que salir apurado porque a mi abuelo no le gusta que le hagan esperar.
En esa casa maravillosa hay montones de pasadizos, ventanas de madera que comunican un cuarto con otro donde jugamos a la bodega y vendemos los cosméticos de mi tía Dilcia. La ventana del cuarto de mi abuelo da directamente a la cocina así que es genial para robar un poco de comida y seguir jugando.
El patio es un caso aparte, es aún más grande que la casa entera y rebosa de misterios que tanto a mí como a mis primos y hermanito nos encanta descubrir. Lo más tenebroso de todo es el garaje. Es toda una aventura entrar allí. Casi siempre está oscuro y nunca se guarda ningún auto por que mi abuela no tiene. Hay allí dentro montones de alimañas que caminan por las paredes y que nos hacen sudar frío cada vez que entramos. Lo mejor de todo es la puerta que hay al final. Rechina cuando la abres y deja salir… ¡aún más bichos enormes!
El patio de la casa de mi abuela casi siempre esta soleado y lleno de vida. Mi abuela tiene unas gallinas, un gallo, como tres conejos, un perro que se llama Disdo cuyo principal pasatiempo es matar ratas y lanzarlas como si fueran pelotas, unas cuantas palomas que viven en un rústico palomar que mi abuelo fabricó hace un montón de años y unas cucarachas horrorosas de color verde y blanco que se caen de los árboles sin advertencia alguna, ¡qué asco! El gallo es el dueño del patio monta a cuantas gallinas quiere, y es muy grande, bello y orgulloso. Las gallinas están todas locas, les encanta dejar huevos regados por todas partes y es toda una aventura descubrirlos, mi abuela es experta en encontrarlos todos.
Cuando mi hermano y yo llegamos con la perspectiva de pasar el día en su casa mientras mis padres trabajan nos encanta darle de comer a las gallinas, sobre todo a las consentidas de mi abuela una llamada Clotilde que es tan brava que tuvieron que cortarle el pico. Clotilde es marrón tornasol y es grandota. Mi abuela dice que es una “ponedora” y la Negra su consentida, es como ella dice “la criolla” a la negra pocas veces mi abuela puede quitarle los huevos porque ella se instala sobre ellos y no se para hasta que nacen pollitos. En cambio Clotilde pone huevos donde le place, hasta sobre la lavadora, no le importa dejarlos por ahí. Los huevos de la Negra son distintos a los de Clotilde y sus hermanas porque son de color blanco y las pocas veces que mi abuela me ha dado uno de esos huevos la yema es del más bello color naranja que yo haya visto jamás.
Cuando La Negra tiene sus pollitos las cosas se ponen peligrosas en el patio, si nos acercamos mucho eriza las plumas y cacarea fuerte. A mis primos les gusta hacerla enojar pero a mi me gusta verla con los pollitos y su esmero en cuidarlos y en enseñarlos a tomar agua y a comer…
Mi abuela siempre está preocupada por sus gallinas además de sus consentidas tiene unas cuatro o cinco más que también tienen nombres raros como “la marrón”, la azulada” y cosas así. Ella les da comida de la casa pero también me invita a buscarles alimento fuera de ella.
Muy temprano antes del almuerzo mi abuela y yo caminamos por toda la calle cerca de la iglesia. Vamos de abasto en abasto solicitando comida para las gallinas, ella lleva unos tobos y allí se la ponen. Cuando la ven llegar, salen a buscar lo que le guardaron a “la Dueña de las Gallinas” Algunas veces me deja jugar en la plaza un rato y otras vamos al parque de la esquina para que yo me meza en los columpios, pero sólo un ratito porque ella tiene que hacer el almuerzo.
Cuando llegamos a la casa da gusto ver ese espectáculo, se para en la puerta y las llama así:
-pito, pito, pito- y todas levantan la cabeza adivinando lo que viene, y después lo más gracioso, todas las gallinas corren detrás de lo que agarra la más viva, dejando abandonado el montón más grande de comida, el cual aprovecha Disdo para comer.
No sé pero esto siempre nos causa mucha risa a todos y mi abuela se ríe con su boca sin dientes.
A veces cuando mis primos y mi hermano juegan en el patio a construir carreteras de tierra con sus tractores Tonka, mi abuela las llama y les echa comida, las gallinas empiezan a correr y se llevan todo por delante para alcanzar a la que lleva el trozo más grande de spaghetti, entonces ellos cambian el juego gritan a todo pulmón que hay una invasión de monstruos ¡que risa!
Mi abuela habla poco pero siempre se ríe y tiene algo muy particular es muy cariñosa con todos, a ella nunca le falta leche, colita y jugo de melón para complacernos. Siempre encuentra la forma de que todos mis primos mi hermano y yo comamos dos veces pan andino con mantequilla.
Así es mi abuela, sencilla, agradable a veces brava, flaquita y con el cabello negrito largo hasta la cintura… el gallo y sus gallinas siempre la siguen por todo el patio hasta el lavandero. Para mí lo mejor del patio de la casa de mi abuela son y serán esas gallinas.
