PALABRA SECRETA

La fiesta

Ella siente que necesita distraerse, salir, bailar puede ser algo agradable… por eso decide ir a la fiesta pero, ¿será realmente lo que precisa para cambiar su vida?

Guadalupe

                Mientras abro la puerta de casa, escucho el tintineo de la llave. En una mano sostengo la bolsa de las compras, no sé por qué me hundo en la melancolía. Me siento extraña, todos los días  la misma cosa. Voy al trabajo, regreso, hago la compra, cocino para el día siguiente. Es como si subiera  y bajara una escalera y siempre permaneciera  en el descansillo. Para espantar los pensamientos sombríos decido poner un poco de música. Me desplazo por la estancia  y me dejo invadir por la melodía. Guardo las cosas en su lugar entre  saltitos y pasos de baile que terminan haciéndome reír, entonces llego a la conclusión de que eso es lo que necesito, distraerme, bailar, jugar un rato.

                Me preparo para comer cuando escucho el timbre de mi móvil, tengo un mensaje de Whatsapp. ¡Justo lo que necesitaba! Ya llevo puesto el pijama y me da por pensar que mi cama tibiecita y ese rato que había anticipado con la taza de chocolate y mi libro favorito son más atractivos que una noche agitada. Espanto la modorra, la voz de mi amiga me habla a gritos en la cabeza: es necesario que salga de la rutina, que me divierta. Vuelve mi ánimo fiestero, me doy un baño rápido y tomo unos minutos para vestirme, algo no muy revelador pero tampoco aburrido, un toque de maquillaje, tacones…, mejor no, tengo mucho tiempo sin salir a bailar y no quiero que me duelan los pies así que unos zapatos cómodos y coquetos son una mejor opción. La imagen que me devuelve el espejo es halagadora, soy una belleza morena.

                El amigo de mi amiga llegó puntual a las nueve. Se me encoge el estómago cuando me subo al vehículo, pero aún así lo hago. Unos minutos después tengo total certeza de que no debí haber venido, quizá por el hecho de que algunos de mis comentarios son ignorados y me hacen sentir incómoda. Espanto  la sensación desagradable mientras los escucho comentar por tercera o cuarta vez que el sitio elegido no les gusta. Hasta el momento solo hemos pasado de un establecimiento a otro sin siquiera bajarnos del vehículo. Finalmente deciden que ninguno de los sitios de moda de la ciudad es atractivo y prefieren hacer  la fiesta en casa del  hombre, yo pienso en mi cama tibiecita y en que me gustaría estar en ella y no en ese carro.

                Llegamos y el tipo provee todo lo necesario para unos tragos, coloca música a volumen moderado. Todos tarareamos la canción y de pronto siento que mis tripas crujen, tengo hambre. Salimos por ahí mismo a comer alguna chatarra, en el camino alguien comenta que las fiestas del fulano son legendarias, por como terminan. No sé por qué no me gusta el comentario. Ya de vuelta comenzamos a beber y él coloca música. Nos divertimos, no lo negaré, bailamos como locos, hacemos algunas piruetas y recordamos años pasados.  Cuando ya son como las doce o una de la madrugada comienzo a sentirme mareada y no quiero beber más, deseo irme. Mis compañeros de copas están mareados también, pienso que es el momento de acabar la fiesta y así lo comunico pero ellos no me hacen caso, continúan bailando y gritando se pasan un cigarrillo de uno al otro y beben aún más. Yo ya no deseo hacerlo y la verdad, nunca he fumado así que me mantengo fuera.

                Algo extraño sucede mientras intento decirle a mi amiga que ya es buena hora para irnos, muy cerca de su acompañante un individuo un poco borroso hace aparición, pasa lentamente a su lado y se pierde dentro de la casa. Me parece extraño que ninguno de los dos lo invite a participar pero esa no es mi casa así que no me meteré en eso. Cuando voy al baño lo avisto de nuevo en la cocina, parece que prepara algo de comer pero antes de que cierre la puerta lo veo desfilar hacia un cuarto que queda al fondo, no le presto más atención, debe estar  molesto con todo ese ruido  a estas horas.

                Cuando llego a la estancia donde están mis amigos, me encuentro con otro personaje al que no había visto. Me lo presentan como otro amigo y me invita a bailar, está bien, bailo un momento con él y me dejo llevar por la emoción de una canción. Colocan una lambada y los otros dos se avientan a bailar, en un momento estamos chocando todos contra todos, el fulano me coge por la cintura y me apreta a él mientras bailamos, yo me suelto entre brinquitos disimulando pues aquello no me gustó, vuelven al ataque, ahora son los dos caballeros que me hacen quedar entre ellos, uno intenta darme un trago y el otro coloca un cigarrillo en mi boca, rechazo ambas cosas y deshago el extraño sándwich. Van por mi amiga ella acepta de buen grado el trago y le da una calada al cigarrillo. Yo aprovecho para alejarme. No sé qué se han hecho los otros dos y me encuentro sola con el tipo. Él coloca otra música toma mi mano y me hace levantarme, comenzamos a brincar por todo el espacio, quiere apretarme de nuevo contra él pero yo no quiero así que hago un movimiento muy brusco y  le doy un cabezazo terrible en su boca que de inmediato sangra. Apenada le pido disculpas, él me dice que su mujer lo va a matar cuando vea eso y se me acerca demasiado. Quiere un beso y me lo dice, además completa todo el asunto diciendo que le gusto. No sé cómo reaccionar, por supuesto que no me provoca besar a ese tipo que acabo de conocer,  no me gusta para nada y además está tan borracho que apenas puede sostenerse en pie, mi cara habla antes que yo y le dice claramente que su propuesta no fue aceptada, el asunto se torna peligroso porque me doy cuenta que el rechazo le molesta. Empieza a decirme cosas: que soy del tipo de mujeres que se creen mucho, y que soy antipática con quien no me gusta, que era una lástima porque yo le gustaba “Qué mal por él”. Todos mis músculos están tensos cuando intenta tomarme la mano. Sin darle la cara me alejo y veo que vuelven a aparecer en escena los otros dos, están risueños, de brazos cruzados les digo que quiero irme, me ignoran, así que me siento en un rincón y veo que los tres comienzan a bailar de nuevo, se ven realmente grotescos, parte del esfuerzo se les va en tratar de mantenerse en pie porque es demasiado el alcohol que les corre por las venas. Hacen un sándwich con mi amiga, luego el tipo que golpee en la boca sigue “bailando” con ella y ambos caen al suelo, mi amiga se aporrea la cabeza y tarda en levantarse, no me importa la veo con mucha rabia, pienso que eso le pasa por no hacerme caso. Su amigo corre a ayudarla a levantar.

Oh, oh, ahí viene el ebrio de nuevo. Me ofrece un porro, le explico con hastío que no quiero fumar ni beber que estoy cansada, se le iluminan los ojos de becerro y en su rostro aparece una sonrisa tan estúpida, como si estuviera por ofrecerme algo que no podría rechazar: quiere  llevarme a casa. Sin ningún tacto me niego, le explico que prefiero irme con quien vine. Se enfurece un poco, dice algunas cosas incoherentes con la lengua pastosa pero al ver que están bailando los otros dos se une a ellos, yo me adormezco un poco, mis sentidos se alertan con el calor de un cigarrillo cerca de mis labios, lo rechazo de un manotón. Con los brazos en jarra me enfrento a los otros dos, les digo que ya está bueno, que debemos irnos y el hombre me grita que nadie me espera en mi casa, que me relaje. Me enfurezco y enfrento a mi amiga y recibo de ella la misma respuesta. El ebrio apresa mi muñeca con fuerza yo manoteo y le digo que necesito ir al baño, él ofrece servirme un trago que estoy segura no beberé; aprovecho y me alejo de allí. Miro hacia la cocina y me doy cuenta que el mismo muchacho que vi antes se encuentra mirándome, me extraña eso, se pierde de nuevo en el cuarto, sin saber por qué me dirijo hacia allá. Lo encuentro sentado en la cama, tiene las manos en la cabeza.  Yo me detengo en el umbral y lo observo, él no habla y yo tampoco, con la cabeza me indica que cierre la puerta, lo hago. Ahora advierto menos su presencia, está oscuro. Me siento a su lado y cruzo con fuerza mis brazos, hace frío en ese cuarto, tanto que me taladra los huesos. Me adormezco y unos golpes en la puerta me despiertan, alguien intenta abrir pero no puede. Escucho al ebrio decirle al otro “esa chama se apagó, nojoda yo me voy” suspiro de alivio. No sé en qué momento cerré esa puerta, no recuerdo haberlo hecho, estoy sola en el cuarto.

                Finalmente la música se apaga. Abro con sigilo y salgo casi en puntillas. El ebrio no está por ningún lado. La pareja que momentos antes había estado besándose intensamente me mira. Me alegra escuchar  que ella está muy mareada y admite que es hora de irse, está a punto de amanecer.

                Comienzo a sentirme tranquila porque ya nos vamos pero algo ocurre, la cerradura de la puerta falla, “coño, lo que faltaba” pienso. Por más que intenta esta no cede. Se apodera de nuevo una molestia inusual en mí, reviso la cerradura advierto que el pestillo está al revés y que al enderezarlo abrirá, nada, él no puede y yo tampoco aunque sé perfectamente que es lo que hay que hacer, de nuevo mis sentidos vuelven a ponerse alertas porque el  hombre me está invitando a que me acueste en su cama, entre risas los dos me dicen que nos acostemos los tres hasta que amanezca, pues ya falta muy poco. Pero yo ignoro la loca propuesta y lanzo:

—No vas a poder tu solo, ¿por qué no le dices a tu amigo? —Él me responde alarmado

—¿De quién hablas? ¿Qué amigo?

—El que está durmiendo en el cuarto del fondo, yo acabo de verlo, estuve hablando con él hace un rato, está con un short negro y va sin camisa.

                Como un vendaval el hombre entra a la pequeña casa y blandiendo un palo al aire comienza a gritar locuras. Yo siento ganas de reírme hasta que escucho a mi amiga decir que no debí nombrar a ese “tipo” que ahora nadie iba a sacar al hombre de ahí, que era mi culpa si se volvía loco. No entendí. Ella me dijo de nuevo:

—¿No te das cuenta de que lo que ese tipo que nombraste  es? —arrugo la frente sin entender—, ¿no te das cuenta? —finalmente advertí.

—¿Yo que iba a saber que ese era un aparecido?

                Cansado de golpear el aire el dueño de casa se dirige de nuevo a la reja y hace palanca con el palo que carga en la mano. Yo empujo fuerte y la puerta cede, ¡al fin! Salgo y enderezo el pestillo mientras explico tonterías del motivo por el que la puerta no abría. Con mi bolso en mano espero que ayude a mi amiga que está tan ebria que apenas puede caminar derecha. Mientras vamos en camino ambos dicen que desean vomitar, yo solo deseo llegar a casa.

                Mientras giro la cerradura, escucho el tintineo de la llave, el aire limpio y fresco de mi hogar me recibe, hace rato amaneció y yo no puedo estar más agradecida, mientras me desvisto, pienso un poco en el extraño personaje. Ahora que recuerdo su cara siempre estuvo borrosa, nunca pude ver sus facciones, tampoco lo escuché hablar, aunque su presencia en la cama si era bastante sólida apenas se dibujaba su silueta en el borde. No me siento asustada al recordar, entendí cuando me pidió que pasara y cerrara la puerta y me gustó el momento que pasé con él. Estoy arropada hasta la nariz y afuera cantan los pájaros. La claridad juega con mis cortinas y hace figuras. Suspiro mientras pienso que definitivamente las noches extrañas no son para mí, no puedo evitar reírme un poco de mí misma, al recordar la forma en que fui a parar a esa extraña fiesta. Cierro los ojos. ¡Qué va! Está bien subir y bajar varias veces las escaleras. Por ahora prefiero no pasar del descansillo.

6 comentarios en “La fiesta”

  1. ¡Una Fiesta! Hermoso escenario para divagar entre la locura y la cordura. Una atmósfera perfecta para saber quién nos mira y se atrevan pasar la línea. Son momentos donde el tedio del día a día se esfuma entre las miradas del ignoto. Es bueno saber que aterrizamos sobre nuestros pies. Mis bendiciones. Danubia.

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