Miguelino
Esta historia comienza en una ciudad no muy lejana es más yo creo, no estoy seguro que estaba a unos pocos kilómetros de aquí, sé que la visité en estos meses… pero creo que me estoy desviando del tema, ajá, ¿en qué me quedé? Ah sí, ya me acordé, es una historia que comienza en una ciudad no muy lejana, esta es la historia del chico que odiaba las matemáticas
—Por favor, papá, nadie odia la materia, solo al profesor
—¡Nop! él odiaba la materia no le gustaba ni sumar, ni restar, ni dividir, ni nada de ese tipo de cosas. Bueno, pero empecemos con la historia.
Hace algunos años atrás iba al liceo el joven Josué. Un chico común y corriente sin nada de especial. Sus amigos tampoco tenían nada de especial y su colegio tampoco, hasta ese viernes en que todo cambió, no se sabe si para bien o para mal solo que los afectaría a todos…
¡RIIIIIIIIIIIIINNNN! ¡RIIIIIIIIIIINNN!
—¡Diablos!, voy tarde ¡mamááá! ¿Por qué no me despertaste? ya es tarde y no llegaré nunca al colegio y esta es mi tercera vez tarde.
—Tranquilo Josué, yo adelanté el reloj para que creyeras que era tarde
—ah okey, ya va, ¡QUÉ! ¿Por qué hiciste eso mamá? ¡Rayos! qué susto me diste
—Perdón hijo, pero me pareció la forma mas fácil de despertarte, haciéndote creer que llegarías tarde jajajja
—Mamááá! No te burles
—Okey, okey hijo, está bien. ¿Tienes todo?, dinero, libros, cuadernos ¿todo? —Sí mamá, ¿sabes? no estoy en preescolar ya tengo 16 no soy un niño chiquito
—¿Llevas el teléfono?
—Ah, sabía que estaba olvidando algo jejeje bueno ya me voy ma.
—¡Espera! Tienes que desayunar
—¡No! Comeré en el colegio, chao te amoo —Josué salió de la casa y pensó: ese trolazo que me hizo mi mamá no tiene precedentes. Buehh al menos llegaré a tiempo esta vez.
—¡Eh! ¡Josué, por aquí ven¡
—¡Hola Julio! Qué más ¿todo fino negro?
—Sisa. Bueno no tan bien, no estudié mucho para el examen de Castellano de ayer y creo que lo raspé
—¡Ooh! ¿En serio? Se notaba por como se te salían los ojos cuando mirabas mi examen torpe. Si querías las respuestas me las hubieras pedido, ¡gafo!
—Ay perdóname, me las hubieras pedido a mí que estaba justo al lado tuyo, Negro.
—Hola André
—Hola Josué, hablando de exámenes ¿cómo te fue a ti?
—Bueno, supongo que bien, a diferencia de otros, yo no me copié
—jajajajajajajaj que rata eres Jota
—¿Y qué hago me río o me pongo a llorar?
—¿Llorar por qué ?
—Hola, Dani bella
—¡Hola, Jota, cómo estás? Ja, qué raro verte tan temprano
—Sí, ¿Por qué estás aquí tan temprano?
—Ah, es que mi mamá me hizo un trolazo y me puso el despertador una hora antes para que pudiera hacer todo lo que tenia que hacer.
—jajjajjajaj, ¿en serio?
—Sí y de paso se murió de risa cuando me vio
—¡Ah! por cierto, ¿quién hizo la tarea de mate?
—Yo —respondió Dani
—Sorprendentemente yo también la hice y tu Negro, ¿la hiciste?
—Sí, pero me faltaron algunas que no supe cómo hacerlas
—Pero estaban muy fáciles esas ecuaciones
—Negro, Jota tiene razón no estarías tan mal en las materias si prestaras un poquito mas de atención
—¿Ah? Perdón, ¿Dijiste algo? no te estaba parando es que llego Clara y bueno
—Aag por Dios Negro eres un buzo —dijo Dani
—El negro tiene razón, Clara está buena.
—Aaaay te metiste en problemas con tu novia jajajaja
—¡QUÉ NO SOMOS NOVIOS! —Respondieron ambos al unísono.
La respuesta la dieron en perfecta sincronía tan perfecta como un a raíz exacta, hasta ellos se asustaron y se miraron ruborizados a la cara. En ese momento y solo en ese momento Jota se dio cuenta de por qué sus amigos lo molestaban tanto. Dani y él siempre estaban juntos y a veces se agarraban de la mano, se decían apodos cursis y en ciertas ocasiones discutían por celos. Justo cuando iba a decir algo estúpido se dio cuenta de que ella estaba mirándolo con duda, quería saber que iba a decir. La miró fijamente y ella bajó la vista con vergüenza.
—Holaaaa ¿Cómo está mi grupo de locos favorito?
—Hola Matti, ¿Cómo estas pelirrojo demente? ¿Listo para entrar a clase?
—Ay, qué aburrido, hoy no quería venir, solo vine por que tenemos examen de física, nada más.
A pesar de lo que decía Matti era uno de los mejores estudiantes del salón, solo que era un muchacho muy problemático, tanto así que tenía un puesto reservado en la oficina de la directora.
—Buenos días muchachos —los muchachos saludaron y la directora comentó: —¿Es que el chisme esta demasiado bueno y no se dieron cuenta de que el timbre de inicio sonó ya?
Jota y los demás se adelantaron para no estar cuando Matti dijera uno de sus acostumbrados comentarios sarcásticos. Mientras caminaba rápido lanzó una mirada fulminante a su amigo Matti que al percatarse de la mirada de su amigo le dedicó una mueca burlona.
—cálmate no iba a hacer nada malo, vale
—Sí claro, como que si yo no te conociera.
—¿Sabes que si dices alguna idiotez nos metes en problemas a todos?
—Eeh…, no había pensado en eso…
—Hey, ustedes dos, entremos a clase y ya —intervino Dani
—Okey mamá —le dijo Matti
—Okey bebé —le dijo Jota y para su sorpresa recibió un guiño de ella.
Ambos se sintieron acalorados y ruborizados. Entraron a su salón, conocido como el salón de los 4 terribles. Era una sala común y corriente con paredes pintadas de blanco con azul cielo, estaban decoradas con muchos pósters para el cuidado del ambiente y algunos afiches decían cosas como: “Nuestro colegio es nuestro segundo hogar” al final había láminas de exposiciones anteriores. Las mesitas de los alumnos estaban rayadas de grafitis y había unos dañados, amontonados sobre otros. El asiento de Jota estaba justo al lado del de Dani, quien tenía su puesto coloreado de rosa con verde; extraña combinación que a ella le gustaba mucho. Entre los cuatro 4 terribles se encontraba Matti y Julio, el Negro. A Matti le habían dicho miles de veces que se dejara de eso, que tarde o temprano lo iban a expulsar por sus constantes problemas pero Matti, conocido por todos y deseado por todas las chicas era muy terco y nunca les hacía caso y lo peor era que siempre se salía con la suya. Josué no encontraba explicaciones para el montón de líos en los que se metía y de los que salía limpio y sin una raya en el gran libro.
—¡Hey! Jota, despierta que ya el profe de matemáticas llegó y está entregando el examen de los binomios —quien le hablaba era Dani, la que siempre se sentaba junto a él, desde que eran unos niñitos.
Era natural escuchar su voz cuando lo regañaba por no prestar atención, ella siempre había estado a su lado para apoyarlo y cuidar de él y al parecer jamás se había quejado o hartado de su compañía. Ahora que se ponía a pensar nunca se había dado cuenta de lo hermosa que era Dani, con su piel blanca y tersa, su pelo como hebras de oro siempre sueltas y bien cuidadas, una chica de buen cuerpo y bonitos ojos color oro verdoso que lo encandilaban apenas la veía. Él estaba seguro de que se podría reflejar en sus ojos… sin darse cuenta de que la estaba mirando, al ver como ella lo estudiaba, se sorprendió y de inmediato bajó la mirada apenado. Los grandes y hermosos ojos de su amiga estaban fijos en él. No pudo evitar preguntarse, ¿Qué estará pensando ella de mí ? últimamente le importaba mucho su opinión.
El día pasó normal. Matti y el Negro atormentando como siempre junto con cesar y André a los profesores, estos gritando frente al pizarrón para que hicieran silencio, el murmullo de sus compañeros de clase al hablar y Dani y él que no se quedaban atrás y que los regañaban por escuchar música y hablar en clase. Los profes en lo suyo, el resto del salón en lo suyo, en fin, todo estuvo bien hasta que llegó abril y junto con el un nuevo estudiante.
La llegada de Miguel
Fue una bienvenida a nuestro estilo y luego cada quien a ocuparse de sus trabajos o de copiar clases pasadas. Los 4 terribles haciendo sufrir a los profesores, Clara como de costumbre siendo acosada por todos…
Quien diría que después de terminar con Matti se volvería tan popular y tan bella. Bueno, uno nunca sabe los giros que da la vida y tampoco en que momento los da.
Todos estaban tan locos como de costumbre, excepto por el hecho de que se sentía extraño tener un compañero nuevo a mediados del segundo lapso. Nadie se metía con él, nadie le hablaba, era como si no existiera. En los recesos desaparecía entre la arboleda del colegio, que era uno de los colegios mas grandes del lugar. Era un edificio grande y viejo como los robles que había en el patio. Dentro de su filosofía el colegio fomentaba la ecología muy en serio.
Un día, mientras hablábamos todos los chicos, decidimos ir a hablarle a Miguel para que se integrara a nuestro salón.
—Hola Miguel ¿Cómo estás?
—Bien, gracias por preguntar je, je
—Ellos son Matti, Julio, André y Daniela y bueno, yo soy Josué pero me puedes decir Jota si quieres…
Desde ese preciso momento toda nuestra vida daría un giro. Ese viernes nos tocaba la clase de matemáticas. Estábamos viendo las ecuaciones de segundo grado, que por cierto eran muy fáciles, en especial las ecuaciones cuadráticas. Yo me había dado cuenta en las últimas semanas que cuando llegaba la hora de mate Migue se ponía un poco tenso es más creo que hasta molesto, un día nos atrevimos a preguntarle:
—Hey, Migue, ¿por qué cuando viene la hora de mate te pones tenso bro? ¿Sucede algo que debamos saber? —de inmediato me arrepentí de haber preguntado eso.
Su cara se transformó de la de un chico simpático y gracioso con un pelo rizado muy peculiar, en la de alguien que guardaba un profundo rencor
—Odio la matemática —su respuesta fue tan fría y fuera de lugar que me causó inquietud.
Miguel se ponía tan extraño en clase de matemáticas o cuando mencionábamos algo de la materia que decidimos evitar hablar de eso. Si nos poníamos a pensar no sabíamos nada de Miguel, solo que había llegado de valencia y vivía solo con su madre. No sabíamos qué había pasado con su padre. Tampoco era que nos atreviéramos a preguntarle.
La semana siguiente mientras estaba en clases, Dani me despertó de mi ensoñación, había una pelea en el salón. La profesora de matemáticas suplente gritaba de terror al ver lo que sucedía. Dani y yo intercambiamos miradas y pensamos en Matti pero resultó ser que Matti estaba a un lado de todo, apartado. En sus ojos había una expresión muy asustada, como si le hubieran mostrado una foto de su madre muerta. Sin darme cuenta salí disparado de mi lugar hacia donde estaba sucediendo todo. Migue estaba siendo golpeado por 4 chicos de 5to año que habían entrado sin permiso al salón, buscaban a gritos a Migue, por que horas antes él se había metido con todos ellos y les había dicho de todo durante la pelea.
Uno de ellos se descuidó y Miguel lo agarró, acto seguido, el chico tenía el brazo roto en dos. Los otros se abalanzaron contra él pero uno por uno fueron cayendo y al último lo dejó muy golpeado, antes de que le hiciera más daño yo interferí y saqué a Miguel de allí. Me asusté al ver la cara de satisfacción de mi compañero por haber casi matado a esos estudiantes de 5to año a golpes. Empecé a temer por nuestras vidas.
Me enteré que los chicos de 5to recibieron una semana de expulsión y Migue fue expulsado durante dos semanas por burlarse de ellos y por casi matarlos a golpes. Miguel se mantuvo serio y satisfecho de lo que había hecho, sus ojos estaban como desprovistos de calor humano mientras era escoltado fuera del colegio por todo el directivo. Todo esto ocurrió durante la clase de matemáticas.
Miguel era muy buen estudiante, casi un genio que derrochaba talento… por eso no lograba hallar la respuesta a esa terrible pelea. Era algo sin sentido.
Después de la golpiza y de que el chisme se esparció por todo el colegio, nuestro pequeño grupo se unió más que antes. En el transcurso de los días descubrí… no, esa no es la palabra, acepté que me había enamorado de Dani pero cuando fui a decírselo André llegó primero y la besó. Sin aviso, sin preguntar ni nada, solo la beso y yo lo vi todo como un idiota parado cara a cara frente a ellos. Ella me miró y en sus ojos había confusión y dolor. Yo no sabía que hacer, si llorar o correr y solo me aleje del sitio sin decir ni una palabra. A lo lejos escuché las voces de ellos gritando mi nombre, las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos. Siendo sincero no había llorado desde que tenia 7 años. Sentí el sabor salado de las lágrimas, el frío que provocaban en mis mejillas y el escozor de mis ojos. Al darme cuenta estaba ya corriendo por los pasillos del colegio. Más atrás venía Dani que decía mi nombre con desesperación. Yo la escuchaba lejos, porque mis oídos habían quedado tapados por las lágrimas y la impresión.
Desaparecí en el bosque de robles. Terminé en un lugar extraño y olvidado del colegio y me acordé de las historias de nuestro profesor de quimica que trataba de mantenernos interesados en el tema que siendo sinceros era muy aburrido, ese día nos dijo que en su tiempo de estudiante en ese colegio hubo un acontecimiento catastrófico en esa parte y que desde ese entonces nadie ni el conserje del colegio se atrevía a entrar en ese sitio. También nos había enseñado una foto de esa parte del colegio, a los que habíamos resuelto el problema de la raíz cuadrada, dentro de otra raíz, elevada a la dos, ese fue nuestro premio. La foto mostraba un sitio que me pareció familiar, no sabía por qué lo habían abandonado… de pronto vi una sombra fugaz parecida a la de una bala atravesar la sala de química de ese entonces, me asusté pero supe a continuación que Dani me había encontrado porque me besó al instante. Como era mas pequeña que yo, tuvo que ponerse en puntillas. Sus labios sabían a lápiz labial y a lágrimas, no sé si eran mías o de ella, nos enfrascamos en ese beso un buen rato y cuando por fin acabó, casi sin aire, ella me dijo:
—Siempre quise hacer esto —observé de nuevo la parte abandonada del colegio y me pareció de lo más normal.
Ese día nuestro grupo, nuestra pequeña fraternidad, se quebró como un cristal al ser golpeado con fuerza.
Pasaron varias semanas hasta que por fin nos volvimos a hablar. Volvimos a ser amigos aunque con la pequeña excepción de que Dani era ahora mi novia y estaba muy feliz con eso. Esa semana iba bien hasta el miércoles, el día en que Miguel volvió a clases. La verdad es que no era él. No era el mismo miguel que habíamos conocido, ahora era más frío y poco amigable. Nosotros no nos apocamos y hablamos con él. Yo ese mismo día a la hora de la salida encaré a Miguel entre otras cosas, le pregunte por qué odiaba las matemáticas si era tan bueno en ellas. Me preparé para una golpiza, pero lo que recibí fue mas bien una sonrisa. Miguel, era un chico flaco aunque musculoso, y con un muy curioso pelo rizado y amarillo, que hacían contraste con sus ojos negros como la noche. supongo que tenía ganas de hablar porque se enfrascó en decirme su verdad:
—Mi padre era un físico matemático que se obsesionó demasiado con su trabajo. A mí eso no me molestaba mucho que digamos, solo me bastaba que estuviera ahí junto a mí aunque estuviera resolviendo sus problemas. Un día al llegar a casa encontré todo hecho un lío, muebles rotos, ventanas destrozadas, todo revuelto y había…, manchas de sangre en el piso. En esto escuché un grito que venía de la cocina, ¡mi papá estaba ahorcando a mi mamá! Una mujer desconocida estaba acurrucada en un rincón cerca de la nevera, no sé que fue a buscar para mi casa, pero me enteré que era la amante de mi papá. La ira y el odio me invadieron…, pensar en todos esos momentos en los que me abandonó por ir a ´´trabajar´´ me hicieron perder el control y traté de pegarle, él me pegó a mí, tenía mucha rabia, así que conseguí un bate e hice lo mismo, lo golpee duro, quedó inconsciente pero no me sentí mal porque me acordaba de cuando me presionaba para que resolviera ecuaciones de nivel universitario teniendo apenas 10 años. Terminamos todos en el hospital. Eso fue hace dos años. —tomó aliento y siguió diciéndome— nos mudamos aquí para que mi mamá pudiera conseguir un nuevo trabajo, una nueva vida, para que pudiera dejar atrás aquellos días de odio y tristeza. Por desgracia terminé agarrándole rencor a la materia todo lo que tenga que ver con matemáticas me hace hervir la sangre, en serio que sí. —por un momento no supe que decir, solo que lo entendí. Me quedé un rato más a su lado en silencio. Luego nos despedimos. Yo me quede sentado durante horas en el banquito pensando sobre la historia de Migue. Una mala experiencia. Como era de esperarse se lo comenté a mis amigos. Entendimos que lo que vivió para nosotros era una especie de lección de vida, nosotros éramos afortunados, nunca habíamos pasado por algo así. Todos nos quedamos mirando hacia el atardecer en el colegio. A lo lejos iba Miguel. Su silueta se perdía en el horizonte, debajo de un crepúsculo de color naranja con toques morados… nos quedó una duda, nos preguntamos si ese chico algún día dejaría de odiar las matemáticas…
Todo volvió a la normalidad, los profesores en lo suyo y nosotros en lo nuestro. Pero aunque no parecía las cosas habían cambiado. Matti ya no era tan terrible como antes, seguía siendo el mismo chico que buscaba problemas pero cuidaba mucho con quién se metía. Dani y yo nos habíamos convertido en la pareja más cursi de todo el año y la que más había durado. André, seguía siendo él… y bueno, los 4 terribles dejamos de ser 4, porque ahora teníamos otros integrante…, Migue era el quinto miembro de nuestra fraternidad. No puedo decir que ya no odiaba la materia, tampoco puedo decir que la empezó a amar, solo que ahora era de los nuestros, cosa muy conveniente: un par de brazos fuertes no estaban de más cuando Matti decidía hacer sus bromas pesadas…