Miguelino
José Miguel González Abreu Venezolano. Es el más joven escritor de Palabra Infinita. Actualmente radicado en Tenerife España. Asumió el seudónimo Miguelino como una forma de honrar a su padrino, que desde muy pequeño le llamaba así y hoy lo acompaña desde todas partes y ninguna. Descubrió que leer lo llevaba por mundos en los que le agradaba estar y que si escribía podía prolongar esa estadía. Él explora sus vivencias a través de sus cuentos, sigue coqueteando con las palabras hasta conseguir su propio lugar. Sobre leer y escribir comenta: “Todavía recuerdo la primera vez que leí un libro completo, “El hombrecillo de papel” así se llama. Antes de hacerlo me preguntaba porque mi mamá se concentraba tanto en esas hojas de los libros, no entendía porque se sumergía a tal grado, ella es de las que tiene una pila enorme de libros a su lado. Hasta que un día comencé a leer y eso se apoderó de mi atención. Empecé a leer más… las palabras se transformaban en imágenes, imágenes que fueron creando personajes mágicos, surrealistas. La escritura es otra cosa, siempre estuvo en mí. Cuando era mocoso me sentaba en la arena, hacía castillos y relataba historias, cosas que inventaba, y que sigo inventando…, ahora las escribo”.
Sin alma: experimentar con lo desconocido puede traer indeseables consecuencias
Miguelino
Aquí sentado en medio del silencioso abismo de mi locura escucho como a mis pulmones entra tu recuerdo, el perfume aún presente en la habitación me hace revivir todos los bellos y tristes momentos que vivimos juntos, cada carcajada reprimida a las 3 a.m sin poder evitarlo se volvía un alarido mareante de risa y las lágrimas que derramamos en las tantas discusiones. Las tardes en las que la vida se centraba en ti y en mí eran suficientes. El hecho de tenerte ya era más de lo que jamás llegué a merecer. Cuando me vine a dar cuenta ya era tarde y no valía mi arrepentiemiento.
Hay ruidos extraños en la negrura.
Una ligera sonrisa se asoma en la oscuridad.
—Shinigami, ¿Qué haces aquí?
—Nada especial. Buscando lo que no debería estar —respondió la filosa y sombría voz. El silencio en la habitación se volvió más y más espeso. Y entonces habló de nuevo.
—¿Disfrutaste de tu último aliento?
Algo pesado se empezó a regar por el espacio, el antes agradable perfume empezó a transformarse en un hediondo olor a azufre y humo.
El monstruo salió al claro destello que entraba por una de las ventanas. Su sonrisa penetrante atravesó mis parpados. Sentí como el terror invadía mis articulaciones, rememoré como si fuese un cortometraje mi vida… la imagen de tu risa y tu voz comenzó a ser cada vez más y más audible hasta que se convirtió en aullido.
Ahí fue cuando bañado en sudor la pesadilla terminó y desperté.
¿O no…?
Mi cuerpo inerte yacía en la cama bañado en un charco carmesí. En la lejanía escuché ruidos de radio policial y a alguien decir:
—Asesinato… la perpetradora bajo custodia. Prueba de drogas confirmada… alucinógenos…
Y el último pensamiento mientras dejaba de ser materia… fue para ella… mi propia novia, a quién tanto añoraba, la de la risa suave… me había quitado la vida…

José, mis más sinceras felicitaciones, me gusta tu estilo, es elgante y creativo. Felicidades, espero continúes porque se evidencia que tienes talento para ello.
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Muchas gracias por leer y comentar, es muy importante para nosotros.
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¡Muchísimas gracias por leer!
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Excelente… una historia interesante. Éxitos!!!
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