NUEVA PALABRA

El chico que odiaba la matemática

Miguelino

Esta historia comienza en una ciudad no muy lejana es más yo creo, no estoy seguro que estaba a unos pocos kilómetros de aquí,  sé que la visité en estos meses… pero creo que me estoy desviando del tema, ajá,  ¿en qué me quedé? Ah sí, ya me acordé,  es una historia que comienza en una ciudad no muy lejana,   esta es la historia del chico que odiaba las matemáticas

—Por favor, papá,  nadie odia la materia, solo al profesor

—¡Nop! él odiaba la materia no le gustaba ni sumar, ni restar, ni dividir, ni nada de ese tipo de cosas.  Bueno,  pero  empecemos con la historia.

Hace algunos años atrás iba al liceo el joven Josué. Un chico común y corriente sin nada de especial. Sus amigos tampoco tenían nada de especial y su colegio tampoco, hasta ese viernes en que todo cambió, no se sabe si para bien o para mal  solo que los afectaría a todos… 

 ¡RIIIIIIIIIIIIINNNN! ¡RIIIIIIIIIIINNN! 

­­—¡Diablos!, voy tarde  ¡mamááá! ¿Por qué no me despertaste? ya es tarde y no llegaré nunca al colegio y esta es mi tercera vez tarde.

—Tranquilo Josué,  yo  adelanté el reloj para que creyeras que era tarde 

—ah okey, ya va, ¡QUÉ! ¿Por qué hiciste eso mamá?  ¡Rayos! qué susto me diste

—Perdón hijo, pero me pareció la forma mas fácil de despertarte, haciéndote creer que llegarías tarde jajajja 

—Mamááá! No te burles

—Okey, okey hijo, está bien. ¿Tienes todo?,  dinero, libros, cuadernos ¿todo? —Sí mamá, ¿sabes? no estoy en preescolar  ya tengo 16 no soy un niño chiquito

—¿Llevas el teléfono? 

—Ah, sabía que estaba olvidando algo jejeje  bueno ya me voy ma.

—¡Espera! Tienes que desayunar 

—¡No! Comeré en el colegio,  chao te amoo   —Josué salió de la casa y pensó: ese trolazo que me hizo mi mamá no tiene precedentes. Buehh al menos llegaré a tiempo esta vez.

—¡Eh! ¡Josué, por aquí ven¡

—¡Hola Julio!  Qué más ¿todo fino negro?

—Sisa. Bueno no tan bien, no estudié mucho para el examen de Castellano de ayer y creo que lo raspé 

—¡Ooh! ¿En serio? Se notaba por como se te salían los ojos cuando mirabas mi examen torpe. Si querías las respuestas me las hubieras pedido,  ¡gafo!

—Ay perdóname, me las hubieras pedido a mí que estaba justo al lado tuyo, Negro.

—Hola André

—Hola Josué,  hablando de exámenes ¿cómo te fue a ti?

—Bueno, supongo que bien, a diferencia de otros, yo no me copié 

—jajajajajajajaj  que rata eres Jota

—¿Y qué hago me río o me pongo a llorar?

—¿Llorar por qué ? 

—Hola, Dani bella

—¡Hola, Jota, cómo estás? Ja, qué raro verte tan temprano

—Sí, ¿Por qué estás aquí tan temprano?

—Ah, es que mi mamá me hizo un trolazo y me puso el despertador una hora antes para que pudiera hacer todo lo que tenia que hacer.

 —jajjajjajaj, ¿en serio?

 —Sí y de paso se murió de risa cuando me vio 

—¡Ah! por cierto, ¿quién hizo la tarea de mate?

—Yo —respondió Dani

—Sorprendentemente yo también la hice y tu Negro, ¿la hiciste?

—Sí, pero me faltaron algunas que no supe cómo hacerlas

—Pero estaban muy fáciles esas ecuaciones

—Negro, Jota tiene razón no estarías tan mal en las materias si prestaras un poquito mas de atención 

—¿Ah? Perdón, ¿Dijiste algo? no te estaba parando  es  que llego Clara y bueno

—Aag por Dios Negro eres un buzo —dijo Dani

  —El negro tiene razón, Clara está buena.

—Aaaay te metiste en problemas con tu novia jajajaja  

—¡QUÉ NO SOMOS NOVIOS! —Respondieron ambos al unísono.

La respuesta la dieron en perfecta sincronía tan perfecta como un a raíz exacta, hasta ellos se asustaron y se miraron ruborizados a la cara. En ese momento y solo en ese momento Jota se dio cuenta de por qué sus amigos lo molestaban tanto. Dani y él  siempre estaban juntos y a veces se agarraban de la mano, se decían apodos cursis y en ciertas ocasiones discutían por celos. Justo cuando iba a decir algo estúpido se dio cuenta de que ella estaba mirándolo con  duda, quería saber que iba a decir. La miró fijamente y ella bajó la vista con vergüenza.

—Holaaaa ¿Cómo está mi grupo de locos favorito?

—Hola Matti, ¿Cómo estas pelirrojo demente? ¿Listo para entrar a clase?

—Ay, qué aburrido, hoy no quería venir, solo vine por que tenemos examen de física, nada más.

A pesar de lo que decía Matti era uno de los mejores estudiantes del salón, solo que era  un muchacho muy problemático, tanto así que tenía un puesto reservado en la oficina de la directora.

—Buenos días muchachos —los muchachos saludaron y la directora comentó:   —¿Es que el chisme esta demasiado bueno y no se dieron cuenta de que el timbre de inicio sonó ya? 

            Jota y los demás se adelantaron para no estar cuando Matti dijera uno de sus acostumbrados comentarios sarcásticos. Mientras caminaba rápido lanzó una mirada fulminante a su amigo Matti que al percatarse de la mirada de su amigo le dedicó una mueca burlona.

—cálmate no iba a hacer  nada malo, vale 

—Sí claro, como que si yo no te conociera.

—¿Sabes que si dices alguna idiotez nos metes en problemas a todos? 

—Eeh…, no había pensado en eso…

—Hey, ustedes dos,  entremos a clase y ya  —intervino Dani

—Okey  mamá —le dijo Matti 

—Okey bebé —le dijo Jota y para su sorpresa recibió un guiño de ella.

Ambos se sintieron acalorados y ruborizados. Entraron a su salón, conocido como el salón de los 4 terribles. Era una sala común y corriente con paredes pintadas de blanco con azul cielo, estaban decoradas con muchos pósters para el cuidado del ambiente y algunos afiches decían cosas como: “Nuestro colegio es nuestro segundo hogar” al final había  láminas de exposiciones anteriores. Las mesitas de los alumnos estaban rayadas de grafitis y había unos dañados, amontonados sobre otros. El asiento de Jota estaba justo al lado del de Dani, quien tenía su puesto coloreado de rosa con verde; extraña combinación que a ella le gustaba mucho. Entre los cuatro 4 terribles se encontraba Matti y Julio, el Negro. A Matti le habían dicho miles de veces que se dejara de eso, que tarde o temprano lo iban a expulsar por sus constantes problemas  pero Matti, conocido por todos y deseado por todas las chicas era muy terco y nunca les hacía caso y lo peor era que siempre se salía con la suya. Josué no  encontraba explicaciones  para el montón de líos en los que se metía y de los que salía limpio y sin una raya en el gran libro.

—¡Hey! Jota, despierta que ya el profe de matemáticas llegó y está entregando el examen de los binomios —quien le hablaba  era Dani, la que siempre se sentaba junto a él, desde que eran unos niñitos.

            Era natural escuchar su voz cuando lo regañaba por no prestar atención, ella siempre había estado a su lado para apoyarlo y cuidar de él y al parecer jamás se había quejado o hartado de su compañía. Ahora que se ponía a pensar nunca se había dado cuenta de lo hermosa que era Dani, con su piel blanca y tersa, su pelo como hebras de oro siempre sueltas y bien cuidadas, una chica de buen cuerpo y bonitos ojos color oro verdoso que lo encandilaban apenas la veía. Él estaba seguro de que se podría reflejar en sus ojos…  sin darse cuenta de que la estaba mirando, al ver como ella lo estudiaba, se sorprendió y de inmediato  bajó la mirada apenado. Los grandes y hermosos ojos de su amiga estaban fijos en él. No pudo evitar preguntarse, ¿Qué estará pensando ella de mí ? últimamente le importaba mucho su opinión.

El día pasó normal. Matti y el Negro atormentando como siempre junto con cesar y André a los profesores, estos  gritando frente al pizarrón para que hicieran silencio, el murmullo de sus compañeros de clase al hablar  y Dani y  él que no se quedaban atrás y que los  regañaban por escuchar música y hablar en clase. Los profes en lo suyo, el resto del salón en lo suyo, en fin,  todo estuvo bien hasta que llegó abril y junto con el un nuevo estudiante.

La llegada de Miguel

Fue una bienvenida a nuestro estilo y luego cada quien a ocuparse  de sus trabajos o de copiar clases pasadas. Los 4 terribles haciendo sufrir a los profesores, Clara como de costumbre siendo acosada por todos…

Quien  diría que después de terminar con Matti se volvería tan popular y tan bella. Bueno, uno nunca sabe los giros que da la vida y tampoco en que momento los da.

            Todos estaban tan locos como de costumbre, excepto por el hecho de que se sentía extraño tener un compañero nuevo a mediados del segundo lapso. Nadie se metía con él, nadie le hablaba, era como si no existiera. En los recesos desaparecía entre la arboleda del colegio, que era uno de los colegios  mas grandes del lugar. Era un edificio grande y viejo como los robles que había en el patio. Dentro de su filosofía el colegio fomentaba la ecología muy en serio.

            Un día, mientras hablábamos todos los chicos,  decidimos ir a hablarle a Miguel para que se integrara a nuestro salón.

—Hola Miguel ¿Cómo estás?

 —Bien, gracias por preguntar je, je

 —Ellos son Matti, Julio, André y Daniela  y bueno, yo soy Josué pero me puedes decir Jota si quieres…

Desde ese preciso momento toda nuestra vida daría un giro.        Ese viernes nos tocaba la clase de matemáticas. Estábamos viendo  las ecuaciones de segundo grado, que por cierto eran muy fáciles,  en especial las ecuaciones cuadráticas. Yo me había dado cuenta en las últimas semanas que cuando llegaba la hora de mate Migue se ponía un poco tenso es más creo que hasta molesto, un día nos atrevimos a preguntarle:

—Hey, Migue, ¿por qué cuando viene la hora de mate te pones tenso bro?  ¿Sucede algo que debamos saber? —de inmediato me arrepentí de haber preguntado eso.

Su cara se transformó de la de un chico simpático y gracioso con un pelo rizado muy peculiar, en la de alguien que guardaba un profundo rencor

—Odio la matemática —su respuesta fue tan fría y fuera de lugar que me causó inquietud.

            Miguel se ponía tan extraño en clase de matemáticas o cuando mencionábamos algo de la materia que decidimos evitar hablar de eso. Si nos poníamos a pensar no sabíamos nada de Miguel,  solo que había llegado de valencia y vivía solo con su madre. No sabíamos qué había pasado con su padre. Tampoco era que nos atreviéramos a preguntarle.

            La semana siguiente mientras estaba en clases, Dani me despertó de mi ensoñación, había una pelea en el salón. La profesora de matemáticas suplente gritaba de terror al ver lo que sucedía. Dani y yo intercambiamos miradas y pensamos en Matti pero resultó ser que Matti estaba a un lado de todo, apartado. En sus ojos había una expresión muy asustada, como si le hubieran mostrado una foto de su madre muerta. Sin darme cuenta salí disparado de mi lugar hacia  donde estaba sucediendo todo. Migue estaba  siendo golpeado por 4 chicos de 5to año que habían entrado sin permiso al salón, buscaban a gritos a Migue, por que horas antes él se había metido con todos ellos y les había dicho de todo durante la pelea.

Uno de ellos se descuidó y Miguel lo agarró,  acto seguido, el chico tenía el brazo roto en dos. Los otros se abalanzaron contra él pero uno por uno fueron cayendo y al último lo dejó muy golpeado, antes de que le hiciera más daño yo interferí y saqué a Miguel de allí. Me asusté al ver la cara de satisfacción de mi compañero por haber casi matado a esos estudiantes de 5to año a golpes. Empecé a temer por nuestras vidas.

Me enteré que  los chicos de 5to recibieron una semana  de expulsión y Migue fue expulsado durante dos semanas  por burlarse de ellos y por casi matarlos a golpes. Miguel se mantuvo serio y satisfecho de lo que había hecho, sus ojos estaban como desprovistos de calor humano mientras era escoltado fuera del colegio por todo el directivo. Todo esto ocurrió durante la clase de matemáticas.

Miguel era  muy buen estudiante, casi  un genio que derrochaba talento… por eso no lograba hallar la respuesta a esa terrible pelea. Era algo sin sentido.

             Después de la golpiza y de que el chisme se esparció por todo el colegio, nuestro pequeño grupo se unió más que antes. En el transcurso de los días descubrí… no, esa no es la palabra, acepté que me había enamorado de Dani pero cuando fui a decírselo André llegó primero y la besó. Sin aviso, sin preguntar ni nada, solo la beso y yo lo vi todo como un idiota parado cara a cara frente a ellos. Ella me miró y en sus ojos había confusión y dolor. Yo  no sabía que hacer, si llorar o correr y solo me aleje del sitio sin decir ni una palabra. A lo lejos escuché las voces de ellos gritando mi nombre, las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos. Siendo sincero no había llorado desde que tenia 7 años. Sentí el sabor salado de las lágrimas, el frío que provocaban en mis mejillas y el escozor de mis ojos. Al darme cuenta estaba ya corriendo por los pasillos del colegio. Más atrás  venía  Dani que decía mi nombre con desesperación. Yo la escuchaba lejos, porque mis oídos  habían quedado tapados por las lágrimas y la impresión.

Desaparecí en el bosque de robles. Terminé en un lugar extraño y olvidado del colegio y me acordé de las historias de nuestro profesor de quimica  que trataba de mantenernos interesados en el tema que siendo sinceros era muy aburrido, ese día nos dijo que en su tiempo de estudiante en ese colegio hubo un acontecimiento catastrófico en esa parte  y que desde ese entonces nadie ni el conserje  del colegio se atrevía a entrar en ese sitio. También  nos había enseñado una foto de esa parte del colegio, a los que habíamos resuelto el problema de la raíz cuadrada, dentro de otra raíz, elevada a la dos, ese fue nuestro premio. La foto mostraba un sitio que me pareció familiar, no sabía por qué lo habían abandonado… de pronto vi   una  sombra fugaz parecida a la de una  bala  atravesar la sala de química de ese entonces, me asusté pero supe a continuación que Dani me había encontrado porque me besó al instante. Como era mas pequeña que yo, tuvo que ponerse en puntillas. Sus labios sabían a lápiz labial y a lágrimas, no sé si eran mías o de ella,  nos enfrascamos en ese beso un buen rato y cuando por fin acabó, casi sin aire, ella me dijo:

—Siempre quise hacer esto —observé de nuevo la parte abandonada del colegio y me pareció de lo más normal.

Ese día nuestro grupo, nuestra pequeña fraternidad, se quebró como un cristal al ser golpeado con fuerza.

Pasaron varias  semanas hasta que por fin nos volvimos a hablar. Volvimos a ser amigos aunque  con la pequeña excepción de que Dani era ahora mi novia y estaba muy feliz con eso. Esa semana  iba bien  hasta el miércoles, el día en que Miguel volvió a clases. La verdad es que no era él. No era el mismo miguel que habíamos conocido, ahora era más frío y poco amigable. Nosotros no nos apocamos y hablamos con él. Yo ese mismo día a la hora de la salida encaré a Miguel entre otras cosas, le pregunte por qué  odiaba las matemáticas si era tan bueno en ellas. Me preparé para una golpiza,  pero lo que recibí fue mas bien una sonrisa. Miguel,  era un chico flaco aunque musculoso, y con un muy curioso pelo rizado y amarillo, que hacían contraste con sus ojos negros como la noche. supongo que tenía ganas de hablar porque se enfrascó en decirme su verdad: 

—Mi padre era un físico matemático que se obsesionó demasiado con su trabajo. A mí eso no me molestaba mucho que digamos, solo me bastaba que estuviera ahí  junto a mí aunque estuviera resolviendo sus problemas. Un día al llegar a casa encontré todo hecho un lío, muebles rotos, ventanas destrozadas, todo revuelto y había…, manchas de sangre en el piso. En esto escuché un grito que venía de la cocina, ¡mi papá estaba ahorcando a mi mamá! Una mujer desconocida estaba acurrucada en un rincón cerca de la nevera, no sé que fue a buscar para mi casa, pero me enteré que era la amante de mi papá. La ira y el odio me invadieron…, pensar en todos esos momentos en los que me abandonó por ir a ´´trabajar´´ me hicieron perder el control y traté de pegarle, él me pegó a mí, tenía mucha rabia, así que conseguí un bate e hice lo mismo, lo golpee duro, quedó inconsciente pero no me sentí mal porque me acordaba de cuando me presionaba para que resolviera ecuaciones de nivel universitario teniendo apenas 10 años. Terminamos todos en el hospital. Eso fue hace dos años. —tomó aliento y siguió diciéndome— nos mudamos aquí para que mi mamá pudiera conseguir un nuevo trabajo, una nueva vida, para que pudiera  dejar atrás aquellos días de odio y tristeza. Por desgracia terminé agarrándole rencor a la materia todo lo que tenga  que ver con matemáticas  me hace hervir la sangre, en serio que sí. —por un momento no supe que decir, solo que lo entendí. Me quedé un rato más a su lado en silencio. Luego nos despedimos. Yo me quede sentado durante horas en el banquito pensando sobre la historia de Migue. Una mala experiencia. Como era de esperarse se lo comenté a mis amigos. Entendimos que lo que vivió para nosotros era una especie de lección de vida, nosotros éramos afortunados, nunca habíamos pasado por algo así. Todos nos quedamos mirando hacia el atardecer en el colegio. A lo lejos iba Miguel. Su silueta se perdía en el horizonte,  debajo de un crepúsculo de color naranja con toques morados… nos quedó una duda,  nos preguntamos si ese chico algún día dejaría de odiar las matemáticas… 

Todo volvió a la normalidad, los profesores en lo suyo y nosotros en lo nuestro. Pero aunque no parecía las cosas habían cambiado.  Matti ya no era tan terrible como antes, seguía siendo el mismo chico que buscaba problemas pero cuidaba mucho  con quién se metía. Dani y yo nos habíamos convertido en la pareja más cursi de todo el año y la que más había durado. André, seguía siendo él… y bueno, los 4 terribles dejamos de ser 4, porque ahora teníamos otros integrante…, Migue era el quinto miembro de nuestra fraternidad. No puedo decir que ya no odiaba la materia, tampoco puedo decir que la empezó a amar, solo que ahora era de los nuestros, cosa muy conveniente: un par de brazos fuertes no estaban de más cuando Matti decidía hacer sus bromas pesadas…

PALABRA INCÓGNITA

Médico Fantasma

Elvis Pérez

Licdo en Educación mención sociales en la Universidad de Carabobo. Es aficionado a escribir y autodidacta. Ha realizado cursos online sobre escritura pues desea perfeccionar su estilo. Su mayor afición es escribir sobre fenómenos que no se explican fácilmente, o como él prefiere llamarlo, fenómenos paranormales.

Médico Fantasma

Elvis Pérez

La casa de las hermanas Pérez había sido hacía un tiempo el lugar de un fenómeno extraño. Una mano rosa había penetrado desde algún lado y había golpeado a una de ellas en la cabeza. Tal fenómeno no tenía explicación y las llenaba de angustia y miedo. Ninguna entraba al cuarto donde había sucedido ese hecho sin la compañía de otra. Aunque como todo pasa con el tiempo lo olvidaron y retomaron sus vidas. Sin embargo, no perdían oportunidad de relatar aquello como un  cuento fantástico  a sus amigos y familiares, cosa que  le daba una atención extra a cada una de ellas.

Pasaron los meses y todo el mundo se olvidó de la experiencia paranormal. Las  chicas jugaban todos los días sin evadir sus responsabilidades. También salían a la calle a socializar con los vecinos, a jugar, a visitar, a bañarse en los ríos, entre otras diversiones; pero, lo que más les entretenía era estar en casa, juntas en familia, viendo la tele. Había en el pueblo de Curagüires, señal de varios canales, hasta extranjeros, puesto que disfrutaban de una antena parabólica que le permitía acceso a esa diversidad de canales, hecho que era un privilegio del cual sólo disfrutaba dicho pueblo.

Una de esas tardes mientras se distraían viendo la tele en compañía de una chica llamada Nancy, quien a pesar de que era mucho mayor, sentía  cariño por ellas, escucharon unos pasos que indicaban que alguien se acercaba. Todas, dirigieron su mirada hacia la sala y observaron la silueta de un sujeto con zapatos deportivos y vestimenta blanca de doctor, a todas les pareció extraño, puesto que la puerta y la ventana de aquella sala estaban cerradas y era imposible que alguien hubiese entrado sin abrirlas.  Nancy, al percatarse de aquello con voz temblorosa preguntó:

—¿Ustedes vieron lo mismo que yo vi?

—Sí, yo lo vi —dijo Magdi casi sin aliento— ¿Quién es ese y por dónde habrá entrado?

—Pues, corramos del otro lado a ver de quien se trata —Sonia se levantó valientemente  y se dirigió a la parte de atrás de la casa siguiendo al  extraño. Las demás siguieron a Sonia agarradas de las manos y con piel de gallina.

—¡Mamá! ¡Maaaaaaa! —gritó la pequeña Marisela a quién habían dejado sola en la sala.

—Lisset, trae a Marisela, que la hemos dejado sola —ordenó Magdi, mientras ella junto a Sonia y  Nancy, apresuraron el paso para ver si veían al sujeto.

La madre se acercó a la pequeña Marisela

—¿ Y esos gritos?, ¿qué sucede? —preguntó echándole los brazos para cargarla.

—¡Un bicho mamá!, ¡Un bicho! —dijo la pequeña mientras se le quebraba la voz.

—¿Qué bicho niña? ¿Qué has visto?

—¡Mamá, mamá! —Escuchó a Sonia y a Magdi que venían aterradas de miedo.

—¡Desapareció! ¡Se fue! ¡Ay, qué miedo tengo! —dijo la mayor mientras abrazaba a su madre.

—¿Quién? ¿De quién me estás hablando niña? —Preguntó extrañada la madre. A sus hijas se les trababa la lengua y tartamudeaban

—Ununun Seeeññorr queee…

—¡Ya! ¡Basta! ¿Otra vez con sus cosas? ¡Vamos niña! Ya estuvo bien con lo del otro día.

—¡Señora Mirian! Es cierto, vimos a un hombre vestido de blanco que cruzaba por aquella sala y fuimos a ver quién era y ya no había nadie, desapareció así sin más

Nancy señaló con sus manos el recorrido que debió haber hecho el sujeto antes de desaparecer.

—¡Vamos niñas! Ha de ser un vecino que cruzó.

—Pero, ¿Cómo ma? Si la puerta y la ventana estaban cerradas ¡Imposible! —Le dijo Magdi molesta.

—Fuimos a ver y desapareció, si fuera un vecino lo hubiésemos visto, pero desapareció.

—Debe estar escondido en algún lado, ¡Vamos a ver! —declaró  incrédula la madre.

Cada una halando algún trozo de ropa de la madre avanzó con ella hacia el sitio de la desaparición del individuo extraño. Se apretaban tanto a la mujer que le dificultaban la  marcha

—¡A ver niñas! Así no puedo caminar, dejen la cobardía, ¡Vamos!

Revisaron por toda la casa y los posibles escondites donde podría ocultarse un intruso y no consiguieron nada. Fue un misterio al fin y al cabo. La madre aún no creía lo que le decían esas muchachas fantasiosas.

—¡Qué vaina! ¿Qué espíritus quieren dañar la paz de mis hijas? ¡Dios! —gritó un poco y agitada la madre—. En eso llegó el tío Luis de la calle

—¿Qué pasa Mirian? ¿Por qué esos gritos? ¿Qué te ha molestado?

—Las niñas, que ahora les ha dado por seguir viendo cosas raras, yo no sé qué mal o qué brujería hay por fin en esta casa que ahora mis muchachas están viendo  fantasmas que caminan por ahí, manos que la golpean, yo que sé, esa es mi molestia, porque cuando vengo ya no hay nada ni veo nada.

—¿Qué fue esta vez muchachas? Dejen de estar asustando a su pobre madre

Las encaró Luis con molestia. Las hermanas contaron todo y este asintió con la cabeza y dijo con cierto aire de superioridad

—¡Ah…eso! ¡No han visto nada! He visto cosas peores y ya no le paro a esos fantasmas. Les dije que en esta casa pasan cosas raras, pero, nunca me han creído, siempre me dicen que soy un mentiroso y cuentero ¿ya me están creyendo ahora? ¿No?

—Será, así como tú dices será. ¡Mamá! Debemos irnos de esta casa, ya no soporto, estas cosas me dan terror —imploró Lisset.

—Y ¿pa dónde hija? no tenemos casa.  Por ahora, toca convivir con estas entidades y recen cada vez que vean algo raro, es más no le paren.

Todos se retiraron hacia el patio para agarrar aire y para pasar el susto. Las hermanas en la noche, casi no dejaron dormir a su madre puesto que todas querían estar con ella. Hasta la fecha, aún no sabe qué vieron ni a quién vieron ni la intención. Sencillamente fue, otro evento paranormal que les tocó vivir a las hermanas Pérez.

PALABRA GUARDADA

En el cementerio

Vagalume

Ideas se ocultan

      entre hojas

                  que al moverse

Esconden nombres

misterios

         días de despedida

Los veo transcurrir

En cementerios repletos

         de muertes vacías

Y pechos de toros dormidos

guardan amargura desolación

Desolación de quién extraña

   a su amante

            a su amada

                     a su amor

Muerdo dedos encallados

Esperando anochecer

Soplo aliento

Recuerdo el frío de la infancia

Y tenso el pecho

PALABRA SECRETA

Lluvia

Guadalupe

La lluvia fría se siente como espinas en la piel. Camino bajo ella, porque quiero lavar mi alma de tanta decadencia. En la calle las personas corren, parece que  tuvieran miedo de mojarse. Me detengo un momento a mirar. Un hombre trata de cubrir a una pequeña niña que saca la lengua para que las gotas de lluvia le entren a la boca, la madre la reprende y corre  para taparla con una  manta. La niña saca su manita por debajo de la cobija y logra que unas gotas de la llovizna se depositen en ella. Algo de esa cotidiana escena me hace estremecer. Sigo mi camino.

Una mujer que acaba de salir del salón de belleza, mira con angustia hacia el cielo que parece enfurecido. Retrocede unos pasos tratando de tapar su cabeza porque ahora el agua caprichosa, empujada por el viento parece ir por ella, entra resuelta de nuevo al salón poco dispuesta a perder su peinado. Unos metros más allá dos mendigos celebran con una danza la misma agua que hizo espantar a la vieja. Se restriegan el cuerpo y uno toma un envase de la calle para ayudar al líquido a recorrer su  humanidad, parecen complacidos. En la misma calle, se celebra un improvisado partido de fútbol. Los jugadores parecen no advertir que llueve, el balón vuela de un lado a otro adornado de sucias gotas.

Comienzo a sentir frío. Mi cuerpo empapado tiembla sin control, aún así sigo caminando, no quiero pensar en nada. Las horas avanzan y en medio de la tormenta llega la noche sin permiso. Sopla una brisa helada, que me hace extrañar el calor. Mis pasos siguen un rumbo inconsciente. Acabo de darme cuenta a donde me llevaron. Adentro, está todo muy confortable, él me mira por la ventana y corre a abrir la puerta, aunque lo disimula con rapidez asoma a su mirada la  preocupación. Apenas me deja reaccionar cuando  me abraza para confortarme. Sus ojos están llenos de dolor. Los míos, de hastío.

He vuelto de un tiempo donde anduve sin pies. Él no comprende lo que le digo, no me escucha. Prepara café y evita mirarme, coloca una taza humeante frente a mi cara y me da la espalda. Cuando estaba bajo la lluvia, mis lágrimas se confundían con las otras gotas, ahora no, fluyen indecentes por mi cara. No puedo seguir con esto, no puedo. Trato de decirle que lo siento, pero mis palabras se mueren en la garganta. Han sido años de caminos, unidos a la fuerza. Años de ese deseo consciente de ampliar lo que unimos. Nada de eso importa ya. Yo solo quiero caminar, irme. Es un sentimiento que solo puedo comparar con volar. Quiero volar.

Ninguno de los dos dice nada. Sus ojos tristes me penetran, apoya su cuerpo por un momento en la encimera y parece que va a iniciar una conversación pero, contrario a ello toma mis manos temblorosas y las lleva a sus labios. Inesperadamente sonríe. Yo miro a mi alrededor, nuestra casa es hermosa. Hay gente, mucha gente que desearía lo que quiero abandonar. Él  se arrodilla ante mí. Apoya su cabeza de cabellos sedosos en mi regazo, parece un niño que busca protección. Lo acuno en mi pecho, quizá tenga que pensarlo mejor, aunque el último intento casi me deja estéril. No sé si alguna vez llegue a abultarse mi vientre. Si logre alguna vez ser  esa madre preocupada por tapar a la niña de la lluvia,  en la  familiar escena que me hizo estremecer.

Aún llueve copiosamente afuera y adentro. Un lamento muy quedo distrae mi atención. El pequeño peludo que me regaló con un moño rojo hace unos días, aún no aprende que no puede hacerse en la alfombra. Pienso en el perrito y se me dibuja una sonrisa  en la cara. 

Me muevo discretamente y vuelvo a encontrar su mirada, pero ahora sonrío. Quizá con el tiempo pueda reflejar en mis ojos un poco de eso que descubro en los suyos, quizá la vida solo sea desear siempre algo más…

LETRA MÁGICA

Editorial 12

Hay palabras que marcan momentos. Palabras que alegran o que señalan con su triste cadencia que ha llegado la hora de seguir adelante. Puede tratarse de un momento postergado eternamente, puede por el contrario ser esperado o totalmente sorpresivo, pero igual esas palabras decantan un final. Esta entrega va dedicada a los finales, esperados, diversos, acostumbrados, inútiles, pero a fin de cuentas, finales que revolotean en la mente de quien escribe, algunas veces antes de comenzar a dar forma a la historia. Finales que al mismo tiempo son inicio, que son parte de un ciclo sinfín, como la palabra… infinita.

FINALES
NUEVA PALABRA

Accidente

Miguelino

El viento resultaba agradable desde esa altura. Todo se veía extraño e inusual. ¿Cómo había llegado hasta allí?

Era una cuestión algo extraña y no le encontré sentido hasta muy tarde. Mientras pasaba el tiempo todo se veía más luminoso, pero no sabía disuadir si era por el alcohol o la efusividad del momento. Le había cogido mucho aprecio a los vicios, me hacían sentir que ese hueco frío y tormentoso que tenía en el centro del cuerpo dejaba de existir durante sus efectos. Por fin podía ser feliz y levantar la cabeza como en años no lo hacía.

Algo estaba diferente, desde aquel elevador averiado todo se veía tan lúcido y espléndido. No pude resistirlo. Algunas gotas corrían por mis ojos. Dando pasos torpes seguí adelante atraído por las luces de la lejana ciudad.

Un sonido de crujidos alteró el escenario y lo siguiente que sentí fue que ya no sentía nada.

PALABRA INCÓGNITA

Cansancio

Stefani Vásquez

La lectura no se hizo para ti, porque necesitas concentración y tú no la tienes-dijo su hermano dos años mayor, tras quitarle un libro de cuentos de terror que él había robado del colegio. Ella tendría ocho años cuando inició en la lectura nada más por llevarle la contraria a la tiranía del machismo. Desde entonces se considera una lectora por pasatiempo y una feminista compulsiva.

De igual forma, la escritura llegó a su vida como una alternativa para recrear las infinitas historias que imaginaba desde niña en su necesidad de escapar a un mundo mejor. Sin embargo, antes de aprender esa habilidad gráfica como sistema, resultaron los dibujos hechos con plantillas de animales, en sus primeras historias mientras narraba en su cabeza las vicisitudes de las siluetas de gallinas, jirafas y elefantes. Podía pasar horas viendo aquellos dibujos como si leyera un cuento infantil. 

Durante el colegio solía declamar hasta llegar al primer año de bachillerato, donde dejó de hacerlo tras sufrir de bullying por sus compañeros, pero siguió haciendo poesía y desahogando la vida en un diario que su profesor de teatro le había regalado al salir del 6to grado.

Al llegar a los 17 años escribe sus dos primeros cuentos bajo un talante erótico, tras escuchar el encuentro sexual de su mejor amiga con el novio, los cuales serían publicados por la UC, en un compendio de cuentos conformados por los talleristas del taller de narrativa Antonia Palacios, al cual perteneció. Fue desde entonces la corriente narrativa que más insomnio le ha dado, sin olvidar la influencia del Realismo Mágico de Isabel Allende, su escritora favorita.

Profesionaliza su camino de letras al egresar como periodista de medios impresos de la UAM en 2018. Ese mismo año emigra al Perú, donde gana un concurso de minificciones convocado por la Universidad Católica del es país. 

Actualmente reside en Chile, donde utiliza su portal de Instagram (@afroditaescribe) para publicar sus textos que la ayudan a lidiar con la nostalgia del exilio y hacer más grato el paso del tiempo, pues espera algún día regresar a su país natal.

Cansancio

Stefani Vásquez

Dile a tu mirada que vaya a otro lado

a tus manos que exploren la piel de ella

 y a tus oídos que escuchen otra risa

.

dile a tu cama que se amolde a otra silueta

tu armario ahora amplio para tus botas

los ternos alquilados tus chancletas llenas de barro

tus pantalones desgastados

.

Nunca hubo espacio para mis vestidos

pero sí para mis sueños. Allí escondidos,

con la ropa de casa

los velos domingueros

las penas colgadas junto a tus corbatas

.

dile a tu sonrisa que caminará sola

le temerá al día

huirá de la luna

apagará velas. Echa a la basura mi

plato, mi vaso, el azúcar dietética

aquello inútil para tu conciencia

.

estarás bien lo sé

sobrevivirás con cerveza

 y control remoto, acostado en el sofá

viejo.

.

Dile a tu vida que se acostumbre

a estar lejos de la mía

que camine apoyada en un bastón

de la última madera.

PALABRA GUARDADA

Infortunio

Vagalume

Me gusta la soledad

     El silencio que la acompaña

Me gusta después de tiempos ruidosos

                                        de congestiones callejeras

Me gusta su pasividad

                                      su compañía

pero eso no es siempre

a veces, la soledad

                              me hace sentir necesitado

Necesitado de oídos

                                    brazos

                                               piernas

                                    labios

una sensación de dependencia

                                                   que me asquea

y me recuerda el infortunio

PALABRA SECRETA

El hombre de hielo

Guadalupe

Llevan unos cuantos años juntos. Durante ese trajinar han tenido altas y bajas, pero ahora todas son bajas.  Ahora no saben cómo tratarse. Antes todo era cálido, valioso, verdadero. Con el tiempo las cosas se fueron enfriando y se volvieron un par de extraños durmiendo en la misma cama. Ella lo ama, lo espera…  él no se da cuenta que todos los días se convierten en una montaña nevada difícil de escalar. Poco a poco se volvieron calor y frío, verano e invierno, ruido y silencio.

Su aliento es cansado. Gélido, aturdido. Sin advertirlo se ha convertido en lo que tanto temió un día, un ser incomprendido.  La ve alejarse cálida, azul, con olor a sol y ya no puede alcanzarla. Todavía arde en su interior alguna esperanza aunque comienza  a sentirse resignado. Se acerca e intenta hablar pero ya no hay palabras su aliento las ha congelado.

Ella lo mira de lejos y sonríe, trata de acercase y lo nota frío, vuelve a sonreír, desesperadamente trata de calentarlo, le ayuda a levantarse, juntos miran al cielo buscan cobijo en las estrellas, se miran con amor, con el amor de antes. Ella sabe que ya sus labios son de hielo, están congelados y de ellos no emerge ninguna palabra. Trata de acurrucarse en su pecho y escucha  que su corazón late muy lento y pronto se detiene.

La sonrisa de ella desaparece se torna en tristeza. La desesperanza se apodera  de los pensamientos y del lugar.

El cuerpo del hombre se transforma ante sus ojos: todo es hielo. Sus músculos se solidifican, su sonrisa desaparece, su mirada chocolate donde tantas veces se perdió en dichosas horas de amor se aleja de la vida, ya no hay expresión. Entonces sus lágrimas inundan el lugar, se desata un diluvio. Con sorpresa advierte que mientras ella flota a la deriva, el cuerpo de hielo se diluye en el mar.

LETRA MÁGICA

EDITORIAL 12

“Escribir es un intento de comprender la vida. De comprenderse uno mismo y de dialogar con los demás. Muchas veces es un disfrute, un gozo una felicidad, porque te sientes bien creando personajes e historias y sabes que éstos tendrán algún sentido para otras personas. En otras ocasiones es sufrir: sufres por lo triste que hay en el destino de los demás y en el tuyo propio, o sufres simplemente porque no puedes escribir como quieres, porque no logras que tus historias sobre el papel, sean tan buenas como en tu mente, crees que nunca lo vas a lograr, que es imposible. Escribir es un trabajo difícil, duro, que pocos logran hacer bien. Demanda mucha paciencia, mucho estudio, mucha perseverancia”.

Senel Paz

Narrador, guionista y periodista

Tal como apunta Senel Paz escribir es un trabajo difícil que en muchas ocasiones parece imposible, pero como escritores también comprendemos que es algo que nunca vamos a poder dejar de hacer. Escribimos porque forma parte de nuestra manera de vivir, por eso a pesar de todas las dificultades y en muchas ocasiones debido a esas dificultades escribiremos, es por eso que nuestra palabra será siempre: palabra infinita.

Escribir
NUEVA PALABRA

Viajero Fantasma

Miguelino

Algunos escuchaban música, otros dormitaban. También había quienes se limitaban a ver por la ventana el paraje volcánico mientras cada quien llegaba a sus destinos. El silencio era sepulcral nadie emitía sonidos. ¿Yo? Hacía varias cosas a la vez: de fondo escuchaba alguna canción mientras que en mi interior el vacio se sentía más profundo, veía por la ventana tras la neblina, a veces cegadora, a veces más clara y pensaba. De madrugada todo es más siniestro o enternecedor.

En la ventana corría una gota buscando su caudal para finalmente morir. La gota trazaba caminos al azar. Cuando por fin cayó  yo caí con ella. La gota era yo, yo era la gota. Los claros colores del amanecer resplandecieron en la ventana y me maravillé. Era el único ¿o no? El único que a pesar de estar  conectado veía algo que los demás no… un mundo. Divididas se podían apreciar la luz y la oscuridad junto con el camino que seguía.

PALABRA INCÓGNITA

Ellos y Tus Amigos: del poemário inédito Halo

Simonny Azul Urdaneta

Simonny Azul Urdaneta: Poeta, actriz, investigadora, profesora en la Universidad de Carabobo. Ha publicado: Los cuentos de hadas no hablan de sexo (1997, 2002), Micalle de una acera(2002) Líbrame(2005) Como una costumbre (2010), Piedra de Rayo (2015), Cómo hacer de un bebé, un lector (2019). Fue condecorada con la Orden “José Félix Ribas” en su tercera clase, área artística. Orden «Arturo Michelena» por su trayectoria artística. Premio Mención Poesía en el Concurso de Literatura FACE-UC 1997, Premio a la excelencia investigativa por su Trabajo de Maestría, Dirección de Post-Grado, Universidad de Carabobo (2010), Premio Certamen Mayor de las Artes y las Letras 2004, Premio Bienal José Rafael Pocaterra 2009, Premio Concurso de Poesía Festival Mundial de Poesía, 2014 por su poemario Piedra de Rayo, Concurso Bienal “José Rafaél Pocaterra” 2010 por su poemario Como una costumbre, Concurso Cada día un libro 2005 por su poemario Líbrame, Concurso de Estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Educación 1997 por su poemario Los cuentos de hadas no hablan de sexo, Mención honorífica en el Concurso de Poesía Liceista 1994 Casa de la Poesía Pérez Bonalde, CELARG por su poemario inédito Ausencia.  Su trabajo literario e investigativo ha aparecido en antologías y revistas de circulación nacional e internacional  y en antologías como En Obra, Antología de la poesía venezolana 1983-2008de G. Saraceni (2008); Antología de poesía venezolana joven, versión bilingüe castellano-árabe (2009), Antología de Poesía Venezolana de la Embajada de Venezuela en la República Árabe Siria (2016), entre otras. Participó en varias oportunidades en el Encuentro Internacional de Poesía de la Universidad de Carabobo, Festival Mundial de Poesía, Festival Internacional de Poesía Perú. Festival Internacional El Tren de la Poesía en Temuco, Chile. Fue invitada por la Embajada de Venezuela en St. Vincent and theGrenadines y Belice para dictar talleres de creación poética y apreciación literaria ¨Voces femeninas en la poesía venezolana contemporánea¨. Su trabajo literario e investigativo ha aparecido en antologías, periódicos y revistas de circulación nacional e internacional y su poesía ha sido parcialmente traducida al inglés, portugués, italiano y árabe.

Estos poemas publicados a continuación pertenecen al libro inédito: Halo.

ELLOS

Simonny Azul Urdaneta

En estos días sueño

esta parte de mi cuerpo

donde estuvieron los que viven

los que no viven y tú

ellos se han ido

aunque les doy un vaso de agua

chupetas rojas en forma de corazón

hoy correrían por la casa

y no tendríamos descanso

hoy solo espero de mi un jardín

lleno de cactus y versos

una tortuga un gato

que el atardecer me encuentre

en este silencio

ese silencio recuerda que se han ido

TUS AMIGOS

Tus amigos siempre serán tus amigos

y los míos, míos

para ellos es fácil 

verte arrancar los frutos de mis manos

morderlas y luego correr

contigo aullando

que las moras eran ácidas

que mi sangre estaba amarga

para ti es fácil cruzar fronteras

y ser un paria sin decir adiós

de nuevo en tu propia tierra

para unos dar a luz

y creer que una niña

es un capítulo más

un colofón de algo

que tal vez merezca ser leído

en una historia muerta

para otros es fácil

orar con fuego y miel

y que el río nos mande

quien vele nuestros sueños

y así las historias fragmentadas

son bocetos para armar

juego del que volvemos en empate

y sintiéndonos perdidos

perdedores que retornan

como lluvia en esta rueda

en este carrusel que llamamos:

vida

PALABRA SECRETA

Interrogantes

Guadalupe

A JM

Se levanta el día. Los pájaros saludan el amanecer con trinos y alboroto. Yo salgo de la cama presurosa porque tengo que ir a trabajar. Me muevo con ligereza por la cocina, hago el desayuno. Despabilo  al hijo para que se aliste. Luego comemos en silencio. Un silencio que crece con los días y ya se asemeja a  una pared. El niño de quince y yo nos hemos convertido en un par de extraños. Él me sonríe desde su mundo y yo hago lo mismo pero no me atrevo a nada más.

Salimos diligentes a tomar el auto para que él vaya a su colegio y yo a mi trabajo. Nos despedimos con apenas un movimiento de cabeza y  me meto en las honduras del día. Es momento de enfrentar las ocho horas de carrera diarias. Mientras transcurre la mañana, me siento ansiosa. Me pregunto ¿qué hago en ese lugar? ¿Vale la pena tanto esfuerzo por tan poca paga? Mientras estos pensamientos martillan mi cabeza  atiendo, alabo, me finjo contenta  y camino incansablemente de un lado a otro para atender todas las demandas de las personas que se acercan a la tienda.

Durante un momento de tranquilidad, vuelvo a pensar en el extraño al que acompañé al colegio en la mañana. Vuelvo a pensar en mí. Soy toda una malabarista, hablo con la propiedad de una erudita en tallas, colores y combinaciones, como si eso me importara. Sin embargo, siento que soy incapaz de comunicarme con ese ser que forma parte de mis pensamientos. Quiero acercarme a él y siento que algo me lo impide. Cada vez que lo intento  levanta sus ojos y me dice que no me va lo que digo. Luego se burla de mí. Hasta ahí llega el intento de comunicación. Se abre un abismo enorme, sin embargo, desde allá, desde su lado, dibuja una sonrisa y me tranquiliza.

Al final del día no soporto los zapatos y los lanzo a volar desde la puerta de entrada a la sala de la casa. Mi mirada vaga perdida  y advierte en el techo una filtración que ya se está comiendo la mitad de la pared, no sé porque no me di cuenta de eso antes. Decido no hacerle caso porque me urge otro asunto. La música encendida a volumen máximo sugiere que la criatura ya está en casa. Por supuesto no advierte mi presencia. Me acerco a su santuario y lo profano  al entrar. Él me mira con sus ojos color miel entornados, hay una interrogación en esa mirada. Trago para abrir mi garganta que se volvió un nudo de repente. Mi amado extraño  me mira  con curiosidad. Tengo las palabras dibujadas en la mente, me imagino diciéndolas y me encuentro más bien ordenando su portalápiz, la mirada ya impaciente del adolescente me sigue con exasperación. Quiero decirle que  me alegro de verlo y que aunque no soporto esa música estruendosa me la aguantaré por él, quiero decirle que me importa todo de su vida y que no me provoca reprenderle por cada zapato regado y por cada prenda arrugada que encuentro en el piso. Quiero darle un beso. Vuelvo a tragarme las ganas y escucho que mi boca indica:

—Recoge todo lo que dejaste tirado al llegar… prepárate para comer, espero que hayas hecho la tarea, ¡Ay de ti si no es así! —salgo con dignidad de la desordenada estancia y me meto de lleno con la cena.

Una presencia me advierte que el otro habitante de la casa la transita como siempre descalzo. Murmura algo entre dientes, presto atención a ver si puedo saber de que se trata. Pero no entiendo nada. De pronto se encuentra muy cerca de mí y comienza a hablar pero la cortina de su música  impide que entienda lo que me dice, le pido que la quite para poder oírlo y cuando finalmente lo hace me mira anticipando mi regaño, escucho lo que me tiene que decir

—Tienes que ir al colegio, por algo que hice —se prenden todas las alarmas de mi mente ¿Qué hizo? Me molesta tanto que me suben vapores por la cara—. “fulanito” —no presté atención al nombre—, dijo que eres una puta  y yo le metí sus coñazos.

Quiero reprenderle como corresponde, sé que no es bueno que se pelee con nadie, contrario a eso siento ganas de reíme a carcajadas y aunque de momento no salen de mi boca, mi cara debe parecerle graciosa porque  me pregunta

—¿De qué te ríes?

No puedo contestarle, río con demasiadas ganas y  es como un alivio a todas las tensiones del día, oigo sus carcajadas, él se ha contagiado aunque  no sabe que fue lo que me provocó  el ataque, sé que lo hace por reflejo, aprovecho lo liviano del momento y le acaricio el cabello que lleva largo y descuidado. De inmediato hace un gesto huraño pero aún sonríe. Retomo la seriedad que corresponde a una madre y le digo

—Eso está muy mal hecho ¿Lo sabes verdad?

Pero ya no tiene caso, él ha vuelto a su música y a su mutismo, desde el velo de su lejanía procesa lo que le digo, asiente. Yo lo miro interrogante. Mañana tocará llegar tarde al trabajo. Iré y tendré que  soportar  la perorata de todos los profesores sobre su comportamiento. Lo disculparé, me comprometeré a que mejore las notas y su impulsividad.

La calle duerme hace rato. Yo miro el televisor y casi no escucho lo que dicen en la película, en realidad no le presto atención. Me levanto con pereza del sofá. El chico duerme. Me impresiona cuanto ha crecido, apenas cabe en esa camita. Los olores mezclados de ese cuarto me hacen arrugar la nariz, todo indica que cada vez falta menos para su paso a la adultez. Sorteando uno que otro zapatote me acerco a observarle. Su cara está relajada y tranquila, abraza la almohada. Parece soñar con algo hermoso. Me atrevo y beso su frente. Él se mueve y murmura algo en sueños, me parece que es “Valentina” así que aguzo el oído “…No te molestará más Valentina” Apago la lámpara auxiliar y me quedo a oscuras.

¿Qué pasaría con Valentina? ¿Sería por ella por quién se peleó? ¿Será verdad que su compañero dijo eso de mí? Hay tantas cosas que quisiera preguntarle. Miro el bulto de su cuerpo moverse aún en brazos del sueño y por los bordes de mis ojos saltan algunas gotas  presurosas a inundarme la cara. Le lanzo un beso, quizá mañana me atreva y se lo dé mientras estemos desayunando. Es posible que le pregunte por Valentina…

LETRA MÁGICA

EDITORIAL

10

Una imagen, una foto, un dibujo sugiere, habla o calla. A cada quien le dice algo distinto y al hacer esto cumple con su función: activar la imaginación, deleitar la vista, alborotar nostalgias, viejas alegrías, recuerdos. Una imagen puede despertar conciencias, molestar, asustar, inquietar. En esta décima entrega, el lenguaje visual se une al lenguaje escrito, se viste de colores, de luces y sombras, de imágenes propias y ajenas, para que siga manando la palabra infinita.

Imagen
NUEVA PALABRA

Talking whit the darkness

Miguelino

Imagen tomada de internet

—¿Por qué estás tan deprimido? —preguntó ella.

—Me he sentido como un juguete durante muchos años… Y ni siquiera uno bueno, un juguete viejo y roto.

—¿Viejo y roto?—

—Sí, juegan conmigo y luego pierden el interés en mí —respondió el chico con los ojos llenos de lágrimas.
—Pues parece mi joven amigo que tú y yo somos iguales.
—¿Cómo? Si tú eres hermosa, traes contigo un sinfín de historias y belleza, en tu negrura relucen los astros como si fuesen diamantes y yo…, soy como un fantasma en pena por su desdicha.
—Sí, soy tan hermosa y acogedora como mi hermana la luz,  pero  igual que te ocurre a ti, son  muy pocos los que  aprecian mi belleza.

PALABRA INCÓGNITA

Invierno y En ocasión del ascenso a la remota cabaña

Greeys Orozco (Venezuela, 1986)

Artista visual. Egresada de la Escuela de Artes Visuales Rafael Monasterios, así como del Instituto de Diseño Centro Gráfico de Tecnología y la Escuela de Fotografía Prada (Venezuela). Ha participado en diversas conferencias y talleres con múltiples artistas que han contribuido a su formación, entre ellos: Wilson Prada (Venezuela), Marcos López, Eduardo Longoni, Quino (Argentina), Rosângela Rennó (Brasil), Philippe Dubois (Francia), Marina Abramović (Serbia). Actualmente reside en Buenos Aires, donde cursó estudios de Curaduría y Crítica de Artes, en la Universidad Nacional de las Artes.                                                                                           El dibujo, ha sido su aliado de toda la vida, trabajó varios años en imprentas tradicionales, tanto en Venezuela como Argentina, lo cual amplió su espectro en cuanto a papeles y tintas; en el 2013/14 se dedicó a hacer postales en ilustración digital, con las que participó en diferentes ferias, dicho proyecto ha mutado a HolaGree, ahora realiza ilustraciones artesanales en técnica mixta y experimenta sobre diversos soportes. Esta artista visual, también incursiona en la minificción poniendo letra a sus dibujos. De ella traemos la muestra que les deleita a continuación.

Invierno, 2019

Greeys Orozco

Luego de varios días de reposo, meditación y soledad  me vi en el espejo. Centrada en el chakra raíz toqué fondo. Viendo los moretones en mi cara vi también a mi hada vieja (hace unos 25 años) inventándose una historia. Ayer, todo el peso quedó a un costado, la puerta agrietada y el silencio. Hoy, nuestra Felicidad es lo único que rezo.

Nota: recibí miradas compasivas de mujeres que dudaban de que (lo mío) había sido un accidente.

Héctor Antonio Espinoza

Psicólogo, docente monje zen. Fue coordinador del taller de narrativa de la Universidad de Carabobo durante varios años. Por ahora, como casi siempre, vive en clausura, en la Valencia de Venezuela. Cuando se podía viajaba con frecuencia a saludar al espíritu de Vicente Gerbasi, en la Cumbre de Canoabo, en los Valles Altos de Carabobo. Volverá. Es también un entusiasta de la fotografía, por lo que en su cuenta de Instagram: @hectorshoiku es común ver sus minificciones acompañadas de hermosas y sugerentes fotografías.

En ocasión del ascenso a la remota cabaña

Héctor Sho Iku

En el espacio de arriba, la cabaña circular se condensa en otra pequeña ventana. Un “móvil” de conchas marinas la custodia, ecos de la brisa de Urama, camino por donde resurgió la poesía de la mano, la mirada y el corazón de Vicente Gerbasi, alma de Canoabo. La mesa, pequeña también, recibe nostalgias y otros sentimientos difíciles de clasificar. Apenas el aire da para el descanso, para la siesta intuida, mientras el sol encuentra el modo de acompañarnos, desde su prudente majestad.

PALABRA GUARDADA

Sentado en la plaza

Vagalume

Imagen: Ismael Batista

En esta plaza

Donde nos sentamos un día

Donde nos besamos con palabras

Me siento a recordarte

Me duermo para soñar

Que mi brazo rodea tu espalda

La tarde está serena

No quiero despertarme

La vida me ha hecho viejo

Aunque mi amor sigue joven

                    como aquella vez.

PALABRA SECRETA

En la calle

Guadalupe

Imagen: @djm24349

Rodeados de ciudad, vehículos, edificios y gente, poco a poco se van quedando aislados tras la cortina de lluvia. El frío y el paraguas son solo una excusa para acercarse, nadie más se atreve a sortear los charcos con tanta soltura. Avanzan despacio, parecen borrosos, comienzan a derretirse ante la mirada atónita de todos, parecen la pintura de una pareja que camina bajo la lluvia.

LETRA MÁGICA

EDITORIAL 9

La página en blanco es un bloqueo que a veces sufren los creativos. Suele ser una falta de inspiración motivada a distintas causas: presión de la vida cotidiana, necesidad de hacer cosas distintas al oficio, falta de inspiración o un exceso de estímulos que sobresaturan y distraen la mente del escritor; algunas veces enfrentarse a un final en el que el personaje no acabará bien también produce este tan temido síndrome de la página en blanco. Sin embargo, una vez superado ese bloqueo se abre un abanico de ideas que pueden llegar a sentirse como las mejores y ayudarnos a salir de la zona de confort. Puede que algunas de las publicaciones que contenga esta entrega estén relacionadas con esa barrera rota, con esa alegría de poder vencer la traba para que siga  fluyendo nuestra palabra infinita.

Pagina en Blanco
NUEVA PALABRA

El parque de los lirios fantasma

José Miguel González

“No sé cómo empezar. Quizá todo esto sea una pérdida de tiempo ya que hace meses que no te veo pero… Quiero que sepas que ante todo te viví, te sentí y te odié. Odié cada momento contigo, cada día soleado que pasábamos juntos. Las escapadas de fin de semana a las que nos íbamos sin decirle a nadie…”

Borró el mensaje otra vez  y en su lugar escribió:

“Hey, Elizh”  no recibió respuesta.

Con un nudo en la  garganta y los ojos hinchados de sangre Jota K. contempla el techo de su cuarto por décima octava vez en la madrugada. La imagen de su risa le había quitado el sueño y las palabras retumbaban en su mente como un eco ensordecedor «Te odio Elizh». 

Caminando por la acera sin rumbo alguno levantó la vista un segundo y lo vio. Un pequeño pétalo de una flor. Extrañado por el objeto a sus pies se fue acercando a él y lo tomó con delicadeza, pensando en lo peculiar del hallazgo decidió conservarlo. Cuatro calles más adelante algo extraño volvió a llamarle la atención. Donde antes no había nada ahora podía ver un enorme portal de rejas negro mate abiertas de par en par el nombre de aquella peculiar entrada estaba algo difuso por la corrosión y no pudo leer bien, había decidido seguir su camino. 

Una joven de vestido blanquecino estaba sentada en un banquillo del que parecía ser un parque, algo en esa imagen hizo que su cuerpo se moviera hacia ese lugar. 

Nervioso sin saber que decir se acercó a ella. Al sentirlo la chica se dio la vuelta analizando al joven que tenía de pie a su lado. 

Jota K. se sintió intimidado por los enormes ojos escarlata que lo habían examinado de arriba a abajo y cuando pensaba decir algo le escuchó:

—Es hermoso. ¿No? —un poco confuso  respondió  

—¿Perdona? —ella sonrió

—Este lugar, tiene algo mágico e inusual

Ahí fue cuando Jota se percató de dónde estaba. Un paseo lleno del mismo tipo de flores a las cuales pertenecía el pétalo que había recogido. Parecían lirios pero sin color. Nunca vio eso antes. Se había quedado tan absorto en averiguar qué clase de flor era, que no se dio cuenta de que la joven estaba de pie a su lado, al notar otra vez la sensación de su mirada Jota reaccionó. En sus ojos asomaba la duda.

—¿Tú no eres de por aquí cierto? —le pregunto la chica a Jota. 

—No… O sea, sí, pero nunca había estado en este lugar —al escuchar su respuesta la joven curvó sus rosados y carnosos labios en una sonrisa, una que a Jota le resultó familiar. 

Vio cómo la joven empezaba a alejarse y se preguntó a donde iría, pero cuando trató de seguirla su vista empezó a ponerse negra…,  todo… , comenzó a volverse una bruma. 

Despertó en su cama con la ropa que llevaba el día anterior toda mojada. Su cabeza daba  vueltas y se una oscuridad evitaba que despertarse del todo y entre ese espesor aparecieron los ojos escarlata de aquella joven. 

—¿Habrá sido un sueño todo eso? — al buscar algo en su chaqueta, notó un objeto inusual en la cornisa, un pétalo. 

—Entonces no fuiste un sueño —le dijo al pétalo que sostuvo entre sus dedos— y si no fuiste un sueño, ¿quién eres? —le preguntó a la habitación vacía. 

Otra vez se encontraba de pie en el portón negro mate, esta vez el crepúsculo hacía que todo el ambiente se viera fantasmagórico y misterioso. Caminando hacia la plaza donde había conocido a la extraña chica pensaba en lo raro que le parecía que a pesar de haber ruido era todo muy silencioso. 

Justamente en el mismo banquito de la plaza consiguió a la chica. Esta vez quien estaba absorta en la nebulosa era ella. 

—Hola —dijo Jota de la forma más normal que logró conseguir. Se quedó expectante a su respuesta,  vio la sorpresa en  aquellos ojos rubís de fuego opaco. 

—Ah, hola. ¿Otra vez tú, eh? —respondió de forma animosa y juguetona la chica.

—Ha de gustarte mucho ese blanquito —dijo Jota A lo que ella respondió con una sonrisa pícara y silenciosa.

—Y bien, compañero observador,  ¿qué te trae hoy por aquí?

—no sé… Caminaba por ahí dando una vuelta y aparecí aquí. Supongo que me gustó la tranquilidad que hay.

—Claro, claro —respondió en tono burlón la chica. 

Y así pasaron los días. Siempre que iba a ese lugar  todo parecía irreal y muy entretenido. Al punto que la herida en su corazón había empezado a sanar. Hasta que un día ella dejó de ir. Al principio a Jota no le extraño,  -seguramente le salieron otros planes- se dijo así mismo una o dos veces. Una de esas tardes él recorría el pasillo adornado de las flores que le parecían raras y recordó algo que la chica le había dicho:

«Tienen una hermosura espectral como si fuesen flores fantasma.»

Al terminar el corredor de flores encontró una junto con una nota que decía:

“Querido jota, estas dos semanas han sido tan espectaculares que me cuesta creer que solo nos hemos visto en este banquito corroído y viejo, pero es momento de que ya me vaya. Siempre fuiste lo mejor que me sucedió en toda la vida.

La chica del vestido blanquecino. Tu eterno amor Elizh Brcukmond.” 

Al terminar de leer las manos le temblaban. ¿Cómo era posible…? ¿Ella? ¡¡La chica del vestido blanquecino y los ojos escarlata era Elizh!! Sintió que su mundo se venía abajo. Todo este tiempo había estado hablando con el amor de su vida. La chica por la cual el significado de odio era amor. La chica a la que decirle que la odiaba era decirle «Te amaré hasta que el cielo se destruya en una bola de fuego escarlata».

La chica que había muerto por culpa de un conductor ebrio. Débilmente fue alzando la mirada el parque comenzaba a disiparse, los árboles y hasta los juegos de niños todo desaparecía, se derrumbaba. Las  lágrimas de Jota brotaban como un manantial, el paseo de flores se empezó a iluminar con un brillo espectral y ahí de pie sonriente con los cabellos sueltos estaba su chica. En sus ojos escarlata se veía el dolor y el amor reflejados con intensidad, palabras inaudibles salieron de sus carnosos labios:

“TE ODIO JOTA…Y SIEMPRE LO HARÉ.” 

Jota no resistió el impulso y corrió hacia ella atravesando el camino como una exhalación.  Llegó tarde, ella ya no estaba ahí. «Ahí» solo quedaba un árbol muerto con flores espectrales.

Tres días después…

La policía abrió  forzosamente la puerta del departamento 3C había quejas de un fuerte olor desagradable. 

Encontraron un cadáver con las muñecas y el cuello cortados. Escrito en sangre decía:

“Estaré con Elizh en el parque” 

PALABRA INCÓGNITA

Solilandia

Sol Meléndez

Venezolana, actualmente radicada en Ciudad de México. De profesión psicóloga clínica, con experiencia como terapeuta en varias cárceles de Venezuela.

En su coqueteo por las letras recuerda que un día muy aburrido en que no encontraba que hacer una tía le entregó  el primer libro que leyó: “El pájaro canta hasta morir” como no le gustó el final del libro empezó a buscar finales alternativos, sin darse cuenta, mientras buscaba esos finales redactó una novela. Tenía 10 años. Entre sus cosas importantes aún conversa ese cuaderno. Descubrió gracias a esto que le gustaba cambiar su realidad mediante historias. Esto hizo que comenzara a llevar diarios, su pequeña obsesión que aún mantiene así como sus cuadernos. Escribir fue darle voz a su niña reprimida, a esa chica tímida que mediante la escritura liberaba otras facetas. Participó en el taller de narrativa de la UC coordinado por el Prof. Héctor Espinoza hasta 2013, taller donde aprendió a pulir su escritura de forma más profesional.  Hasta el día de hoy continúa escribiendo, como ejercicio y como desahogo. Esta es la tercera colaboración de Sol para Palabra Infinita.  

Solilandia

Ese día.

Todo estaba gris, Sunny no veía el momento de escapar, ver su vida en ruinas, la hacía odiar a todos. Hasta ahora, no había conseguido ser exitosa en nada, se sentía mediocre: medias relaciones, medias quincenas, media vida. Recordó, sobre aquel puente, que alguna vez quiso volar. Sin embargo, saltar no era la opción, y para ser exactos a Sunny lanzarse de un puente le parecía la forma más estúpida de morir: la sangre, el show, desfigurada, y por supuesto la lástima de los transeúntes, no, qué patético.

Pero, -pensó-, hay otras formas de volar (…).

Ver su país en ruinas, le hizo pensar que ella era un símil de aquella nación: mediocre, sucia, corrupta, escasa, vacía, negro, hueco. Sí, había una forma de volar;  y esta era buscando un escape, una oportunidad, un boleto con algún destino, un pasaje de avión, una huida. Se apartó del puente que comunicaba la Av. Los Libertadores, con la Autopista Regional del Yugo, y se dispuso a comprar el maravilloso boleto. ¿El destino? Cualquier país.

Sunny es una mujer tranquila, en los años de universidad siempre mantuvo rigidez acerca de todo, criticaba duramente a las chicas que se iban de fiesta, a las chicas que tenían novios, y no se concentraban en estudiar…

Sí, Sunny las envidiaba a todas. Nunca fue la más arriesgada, ya en su adolescencia, mostraba gran dificultad para hacer amigos, para integrarse. Sin embargo, mantuvo muy bien su máscara, una niña bien portada, que hacía sentir orgullosos a sus padres, una niña que nunca usó la falda del uniforme por encima de la rodilla, ni mucho menos hizo el intento de besar a un chico.

Cuando fue a comprar su boleto, y le preguntaron qué destino deseaba, Sunny le preguntó a la vendedora:

—¿Qué país no está en ruinas? ¿Qué país no tiene crisis? —La señorita buscó en Google con cara de “voy a tener suerte, pero quizás esta ilusa no”, y le dijo:

Según los datos, hay un país que no tiene tanta ruina, se llama Solilandia, está al norte de aquí.

Sunny la miró con cara de felicidad, y decidió que ese sería su lugar de destino. Al salir de la agencia de viajes, se sentía feliz de haber tomado una decisión real en su vida, una decisión que la cambiaría sin necesidad de buscar ningún otro puente.

Tenubrias, el país donde vive Sunny, está invadido desde hace 20 años por una plaga, sin embargo, cuando estaba pequeña ella no lo sentía porque la música llenaba sus días. A Sunny le gustaba grabarse, e inventar programas de radio, que luego escuchaba muy orgullosa porque se sentía la mejor locutora. Entrevistó a grandes escritores y artistas, tenía las cintas apiladas en su cuarto, todas estaban marcadas:

13-12-1997: Entrevista realizada a Mauricio Babilonia.

06-01-1998: Entrevista realizada a María Paz.

14-02-1998: Entrevista realizada a Cupido.

Había muchas cintas, Sunny escapaba inventando historias, y dejando constancias de tan emblemáticas entrevistas. Su madre, Providencia,  una mujer fuerte de carácter y sobreprotectora, en aquellos tiempos se hallaba preocupada por la pequeña Sunny, la niña pasaba horas grabándose y escuchándose, preguntaba nombres de artistas famosos para invitar a su programa radial, sin embargo, Providencia no veía tan mal esa capacidad imaginativa de su hija, hasta que un día, decidió tomar alguna de las cintas y escucharla…

 “Hola, buenos días, bienvenidos a tu programa “Conociendo el infierno” te habla Sunny Autumn, y hoy, hemos traído a la paila a un invitado muy especial, directamente desde Macondo: Mauricio Babilonia”. Providencia no quiso escuchar más.

—¿Quién es mi hija? —Se preguntó.

Cuando Sunny salió temprano del colegio, estaba feliz, pensó que era un día especial, su madre fue por ella, e imaginó que iban a pasear, quizás hasta se comerían un helado. Sin embargo, se encontró en un consultorio grande, con muebles marrones y paredes tan blancas que te hacían enchinar los ojos para enfocar las figuras, había un escritorio de vidrio que tenía objetos raros encima, el salón estaba repleto de diplomas y cuadros con fotos de grandes señores.

En un sillón que parecía bastante cómodo, se encontraba el dueño de aquel lugar. Era un señor algo gracioso: regordete, cabello canoso y con una prominente barriga que dejaba entrever cómo los botones de su camisa, hacían hasta lo imposible por no desprenderse.

—Hola Sunny, soy el Dr Perls, soy Psicólogo y me encanta hablar con los niños, acércate.

Sunny, de 8 años, estaba intrigada.

¿Qué es un psicólogo? –Pensó. Se acercó con mucha curiosidad y comentó— Qué raro, a los adultos no les gusta hablar con los niños.

El psicólogo, invitando a que ésta se sentara, le dijo que en realidad él era de otro país, y que por eso le gustaba hablar tanto con los niños.

—¿Y de qué vamos a hablar? —Preguntó la niña, confundida.

—De lo que tú quieras, aquí se hace lo que tú quieras. —Contestó el psicólogo con una sonrisa tan maniática, que Sunny en verdad pensó que era de otro país, del país de las sonrisas falsas.

—¡Oh! Se hace lo que yo quiera. ¿Puedo volar? —Preguntó la niña.

—¡Por supuesto! ¿A dónde te gustaría volar? —Contestó el psicólogo.

Quisiera volar a un país donde no tenga que hablar con nadie, a un país donde sea aceptado no sonreír cuando no tenga ganas, a un país donde abunden mariposas amarillas, y vuelen tortugas marinas, volar a una nación donde nadie sea feliz con lo que tiene, sino que busquen siempre más. Quiero volar a un país donde los perros hablen y los adultos se callen, donde los niños nunca duerman, y siempre estén inventando.

El psicólogo la interrumpió, diciéndole:

—Sunny, sabes que ese lugar no existe —La pequeña lo miró con decepción y le dijo:

Ese es el problema con ustedes los adultos, mienten detrás de grandes sonrisas.

El informe fue contundente: Personalidad tendente a la fantasía, favor realizar examen neurológico para descartar posible Trastorno de Desarrollo, específicamente, Síndrome de Ásperger.

Providencia no podía creer tal desgracia.

Después de comprar su boleto a Solilandia, Sunny buscó la valija más grande que tuviese, cambiar de país, era en definitiva, el reto más grande de su vida. Mientras buscaba, encontró aquellas cintas donde en algún tiempo, entrevistó a grandes artistas y escritores, Sunny contempló el color, lo desgastado de aquel cajón donde habían estado guardadas. Recordó cuán feliz era imaginándose como una gran locutora. Se miró al espejo y descubrió unas pequeñas líneas en la comisura de su boca:

—No he volado, y me estoy haciendo vieja.

Tocó su cara, y mientras recorría con sus largos dedos su rostro lloroso, imaginó a la pequeña Sunny reclamándole:

—¿Volaremos, o harás nuevamente lo que dicen todos? –Sunny sonrió, esparciendo nostalgia en toda la habitación, y dijo— Volaremos, pequeña.

En la despedida, había más lágrimas que fe. Su madre, recordaba aquel trágico diagnóstico y le daba terror imaginar a su hija en otro país sin sus cuidados, sin sus medicamentos. Sin embargo, la decisión de Sunny era contundente, después de pasar tantas horas haciendo una exhaustiva lista de lo que se llevaría, no tenía en mente deshacer maletas, ni sueños

Solilandia es muy frío, la gente no habla porque prefiere cubrirse la boca para no transpirar el aire de la ciudad. Una señora de 80 años se maquilla al bajar del tren, un joven da besos apasionados a su novia en medio del vagón, los demás miran desconsoladamente a la calle; como buscando respuestas, o esperando un final… hay demasiado ruido, pero nadie conversa. Los olores invaden a Sunny, y decide cubrirse la boca y la nariz, mira a su alrededor y aunque no había crisis como en Tenubrias, se da cuenta que, peor aún, Solilandia está vacía, porque de tanta gente consumiéndose entre sí, se han quedado sin alma.

Tantos ojos y nadie se mira, tanto frío y nadie se abraza. Sunny toma de la mano a su pequeña soñadora, a la que grababa cintas con famosos y, decide que en efecto, ningún país es puente. Todos los destinos son ataduras, entiende que la única forma de volar, es manteniendo el vértigo, y así, buscó la torre más alta de Solilandia. Al llegar, pudo contemplar lo increíble.

¿Dónde están las mariposas amarillas? —Se preguntaron ambas Sunny.

Miraron a su alrededor, sintieron la brisa que las despeinaba. Cerraron los ojos, y descubrieron que el vuelo real es sentir que puedes lanzarte, es mirar hacia abajo y apreciar cómo un montón de mariposas danzan en tu estómago, es el miedo, el vértigo. Sunny se sentó, y abrazando a su pequeña soñadora le dijo:

La fuerza contraria no es la que nos hace saltar, es la que nos mantiene aquí, contemplando el vacío. Volar no es lanzarse, volar es mirar hacia arriba preguntando: ¿Y ahora qué sigue? Volar está mal conjugado, volar no es presente…Siempre, será futuro.

Ambas sonrieron, y allí decidieron quedarse.  Las personas que buscan volar, siempre se quedan.

PALABRA GUARDADA

Estruendo nocturno

Vagalume

Viene acercándose

Se siente su estruendo

Acaricia la piel

Mueve los hilos que se unen

y entrelazan, al salir de mis poros

Tacto se enfría

Cosquilleos que brotan punteando

Al cuerpo, reclaman:

                                        ¿Pensar en ella es bueno?

Es solo una brisa que

Arropa a esta noche

Que me acompaña.

PALABRA SECRETA

Los sábados me da por escribir

Guadalupe

No sé, chica, qué me pasa. Los sábados, que tengo tanto quehacer, mientras barro y paso el  trapo  empiezan a darme vueltas en la cabeza miles de cosas, entonces suelto la escoba y me pongo a escribir.  ¿Qué sobre qué escribo? Algunas tonterías. Por ejemplo: hice un cuento sobre la vecina entrépita que vino a preguntarme si tenía alguna filtración, si hombre,  yo sé que lo que quería era ver mi apartamento. Porque hace muy poquito compré estos muebles nuevos y son la envidia de todo el edificio. ¡Ah! También invento sobre paisajes maravillosos jamás tocados por la mano del hombre, sobre historias de amor, sobre la angustia que me causan esas misteriosas desapariciones de Rómulo, no sé pero ya me esta dando por pensar que es espía o algo así, porque sus salidas son de lo más misteriosas, incluso él que nunca se perfuma, ahora sale con el frasco de pachulí en la mano.

¿Te ríes?, Es serio lo que me pasa.   Esto deben ser cosas de la edad, a mí  nunca antes me pasó algo como esto, ni  parecido. Debe ser una especie de trance, a lo mejor es que el fantasma de  algún escritor famoso, que se encuentra en pena, quiere comunicarse con el mundo de los vivos y me usa como guía. De pronto  es la Allende que me dicta sus memorias. ¿Qué? ¡Pero claro que sé que no se ha muerto chica! Es un decir, qué poco sabes de humor literario. Está bien pues, seguro es Teresa de la Parra que quiere volver a escribir algo tan bueno como Ifigenia.

Si he de confesarte, creo que la cosa me está gustando. El sábado que viene me voy a levantar bien temprano a ver si  la inspiración empieza por ahí como a las seis, es posible que si me adelanto a la hora de todos los días,  pueda dejar la faena como a las ocho y finalmente me ocupe de los oficios en paz.

Creo que no eres mi amiga definitivamente. Te confío algo importante y te lo tomas así, tan a la ligera. ¡Hay que ver que no se  puede confiar en nadie!, más vale que no te hubiese dicho nada. Seguro  te vas a ir por ahí diciendo que estoy loca y que hasta hablo con muertos. No vayas a hacer eso…  te lo suplico. Ultimadamente haz  lo que te dé la gana. Estoy segura de que nadie te va a creer.

Mira vale, te dejo. Hay alguien hablándome en la cabeza y le voy a hacer caso. ¿Qué sí estoy loca?  ¡Anda a decirle al mundo que estoy loca! Yo por mi parte le voy a hacer caso al muerto y me voy a escribir. Menos mal que todavía es sábado, espero que esta cuestión no se extienda los demás días, porque ahí sí que todo se me va a complicar. Con el pocotón de cosas que tengo que hacer diario, bastaría que también me hablaran el resto de la semana. Chao, chao, tengo que aprovechar lo que queda de este día.

LETRA MÁGICA

EDITORIAL 8

“Cuando cada escritor se sincera con su arte, con su mundo interior, ¿acaso no consigue abrir puertas que usualmente permanecen cerradas para los demás? En los momentos de exquisita soledad, mientras acierta el momento justo de la inspiración, ¿no alcanza a escuchar voces, a repetirlas dentro de su cabeza, oyendo los diferentes tonos entre cada personaje? , ¿no es corriente también crear escenarios fantásticos? ¿Mundos ajenos, irreales? ¿Significa esto un tipo de esquizofrenia, de locura temporal?  Algunas veces pienso que se tiene a mano un juego de llaves mágicas para entrar y salir de la irrealidad a conveniencia. Otras veces creo que puede haber cierto grado de bipolaridad implícita, porque no se puede dejar de lado la facilidad para desdoblarse y convertirse en otro, en otros, y el escritor agradece esta peculiaridad de poseer múltiples personalidades dentro del papel, cruzar líneas…” 

                                                                                           Luis Guillermo Franquiz

(Ciudad de Luciérnagas)

Bienvenidos de nuevo…

Escritores
NUEVA PALABRA

La chica de ojos misteriosos

Miguelino

Hace tiempo conocí a alguien muy extraño. Era una chica un tanto tonta aunque sincera. Me irritaba mucho, pero también tenía su lado bueno, era  tierna  entre toda su torpeza. Era bella. Más de una vez  consiguió sacarme una sonrisa, hacía lo imposible con tal de sacarme de mi ensimismado universo y eso era algo que admiraba. Peleaba constantemente para que dejara de fumar, a veces lloraba  cuando en mis arrebatos  le decía que me dejara en paz, que si me quería morir era mi problema.

Lo que más me impresionaba de ella es que nunca le había visto los ojos siempre andaba con lentes de contacto de colores diversos. Me decía que se avergonzaba de sus ojos y que prefería vivir engañada que aceptar su patética realidad. Me parecía  que era algo estúpido no querer aceptar sus ojos, era una chica hermosa, una mujer atractiva, con sus cabellos color obsidiana y su tez pálida como un fantasma cautivaba a todos, las pequeñas pecas que se le asomaban tímidamente en el puente de su nariz la hacían tremendamente seductora, hasta que abría la boca y la cagaba con sus idioteces… pero en fin,  era algo a lo que me acostumbré con el tiempo, aunque a veces me irritaba mucho.

El asunto de que llevase lentillas era algo sumamente irritante también ¿por qué no aceptar sus ojos? Una tarde lluviosa descubrí la razón…

Tuvimos una enorme pelea y  salí enojado a fumar en el balcón, ella lloraba como de costumbre y ese  llanto era amortiguado por la ferocidad de la lluvia. La sentía sollozar mientras el caer constante de los pequeños diamantes me hipnotizó. No sentí su presencia en la puerta corrediza del balcón. Luego de exhalar  la última bocanada del cigarrillo lo tiré en una  taza repleta de colillas. Un cosquilleo por fin me avisó de su presencia. Me di la vuelta y ahí estaba ella, solo nos separaban los escasos centímetros del cristal de la puerta, pero había algo raro en la chica que tenía delante…

Tan hermosa como extraña, lentamente recorrí su cuerpo con la mirada:  sus pies delicados y pequeños, sus hermosas y torneadas piernas blancas, su cadera que relucía más con esa lencería de encaje negro, un regalo mío. Su estómago estaba al descubierto, lo recorrí y llegué hasta su rostro, aparentemente todo seguía igual, entonces, ¿por qué ella parecía otra chica?

Algo faltaba, sus ojos eran algo inexplicable, debo haber puesto una mueca de susto, es que no eran humanos, eran fantásticos, demoníacos y hermosos. Sus preciadas puertas al alma, eran rasgadas cual gato, una fina línea cubierta de todos los colores de sus lentillas, todo tuvo sentido en ese instante, ella no usaba lentillas sino pupilas.

PALABRA INCÓGNITA

El Misterio de la Mano Rosa Golpeadora

Elvis Pérez

Licdo en Educación mención sociales en la Universidad de Carabobo. Es aficionado a escribir y autodidacta. Ha realizado cursos online sobre escritura pues desea perfeccionar su estilo.

El Misterio de la Mano Rosa Golpeadora

Todo parecía normal en el pueblo de Curagûire, Municipio Bolívar, Parroquia Aroa, las hijas de la Sra. Amiria, estaban contentas puesto que aquella tarde se daría uno de los eventos más importantes que se desarrollaban en el pueblo, las llamadas “Ferias de San Miguel Arcángel”. Tal evento se llevaba a cabo  todos los años finalizando el mes de agosto e iniciando el mes de septiembre en todo el territorio de Aroa.  Los toros coleados en las tardes, la elección de la reina, la música y la miniteca nocturna, los bailes, los cortejos de los caballeros y el coqueteo  de las damas, eran  de las tantas manifestaciones típicas que se evidenciaban en esos días festivos. Las hermanas, se disponían a vivir y disfrutar al máximo aquel evento a su manera, tal vez no como las quinceañeras pues la mayor apenas tenía 11 años, pero sí como niñas que ya anhelaban ser más grandes.

—Vamos muchachas, vamos a ponernos coquetas —dijo con mucho ánimo la hermana mayor— ya casi son las tres no queremos que se haga más tarde.

.—¡Ay no!, ¡qué fastidio! —expresó Sonia con antipatía— yo no sé porque tanto alboroto el tuyo con esas ferias tan aburridas, es lo mismo todos los años

—¡Qué raro! —dijo Lisset— habló el alma de la fiesta, siempre tan animada, siempre tan divertida mi hermanita —usó un  tono sarcástico

—Si hombre —agregó Magdi— A Sonia todo le molesta, si llueve, si hace sol, si hace frío si hace calor, pobrecito quien se case con ella, jajajaja —soltó una risa falsa sin ánimo

—Bueno, está bien —dijo encogiéndose de hombros Sonia— ¿Cuál es el plan que tienen ustedes las divertidas para pasarla bien?

—Primero  vamos ponerte más linda de lo que ya eres,

—Y, ¿A mí también me pondrán bonita? —Dijo la menor, Marisela, quien apenas contaba con cuatro añitos de edad.

—¡Ay tan linda!, claro que sí hermanita, aunque no hay que hacerte mucho, porque tú eres bella sin hacerte nada .

—Bueno, empecemos con Sonia para salir de ese problema —dijo Magdi entre risas

Cuando se disponían a instalarse en el cuarto, junto a la peinadora, se escuchó una voz a lo lejos, desde el patio

—¡Niñas! ¡Muchachas! ¿Dónde están? —Era la voz de la madre.

—¿Y ahora qué? ¿Qué querrá mamá?—protestó Sonia molesta

—¿Quién sabe? —comentó Magdi —Vamos muchachas.

 La madre se encontraba en el gran patio de la casa, el cual estaba cubierto por diferentes árboles que le daban una excelente y acogedora sombra y hacía agradable su estancia en él; pero, al mismo tiempo, era difícil la comunicación desde ese lugar a los cuartos de la casa, pues estos  se ubicaban en las dos salas principales. Las hermanas Pérez, quienes se encontraban en uno de esos cuartos, tuvieron que acercarse al patio para ver la razón por la cual su madre las llamaba con tanta insistencia.

—¿Qué sucede mamá?

—Sucede niñas, que ustedes no han fregado los corotos que están en la cocina –habló el tío Luis— y por eso esta noche los fantasmas de esta casa las molestarán, uhuhuhjajaajajajaj  —soltó una risa tenebrosa.

—¡Ah pues Luis! —la madre golpeó suavemente el hombro de su hermano— deja de estar asustándome a las muchachas. Pero sí niñas, las llamo para eso, para que frieguen los corotos sucios que están ahí en la cocina.

—Yo fregué ayer mamá, y sola, nadie me ayudó —protestó Sonia— Así que conmigo no cuenten hoy.

—¡No sí!, está bien Sonia, ayer sólo habían tres platos, y hoy hay una montaña de corotos,  no vengas tú de frescolita —dijo Magdi con cierta molestia.

—Ustedes tres Magdi, Lisset y Sonia van a fregar esos corotos, de lo contrario, no van para la feria —amenazó la madre.

—Ya casi nos preparábamos para ir, vamos Sonia, no discutas más, para que vayamos a la feria. —suplicó Lisset

—Tú como siempre, convenciéndome con manipulación.

—¡Cuento cinco y llevo tres! —exclamó  la madre.

Y ya saben…  si no lo hacen, los fantasmas de la cas…

—¡Ya Luis! ¡déjate de tonterías! vamos a sentarnos de nuevo en el patio para que me sigas contando lo de Coromoto, tu novia…

—Novia no Mirian…, rebusque.

—Bueno, como sea, vamos

—Ok, yo enjabono todos los corotos mientras ustedes los van enjuagando-Propuso Magdi.

—Okeeey —aceptó Sonia a regañadientes.

Las niñas culminaron su labor, fueron a informarle a su madre quien estaba con el tío Luis bastante entretenida.

—Mamá, ya están listo los corotos, ahora no nos molesten más que vamos ocuparnos de nosotras —Informó Magdi. La madre sin escuchar casi lo que le dijo la hija

—Ok, ok, vayan, vayan.

Las niñas se dispusieron a hacer lo que tenían planeado, caminaron hacia el cuarto principal, que estaba justo a la izquierda entrando por la sala. Era un cuarto pequeño, con poca ventilación, con unos agujeros en la pared trasera que comunicaba con el otro cuarto donde dormía Luis. Sonia se sentó en la silla frente a la peinadora y Magdi procedió a peinarla mientras Lisset le retocaba el rostro. La pequeña Marisela sólo observaba ansiosa por que la peinaran y adornaran también. Luego de unos cinco minutos, mientras seguían peinando y maquillando a Sonia, por uno de los agujeros se introduce una mano femenina, con guantes rosados, Magdi, Lisset y Marisela, la vieron con asombro, y Sonia quien se encontraba de espalda, recibió un golpe fuerte propinado por la misteriosa mano color rosa

—¡Ay!, ¿Por qué me pegas? —se quejó mirando a Magdi

-No, no fue ella dijo Lisset —una. Una mano que salió del cuarto de Luis  fue la que te golpeó.

-¡Qué raro! ¿Quién habrá sido? Esa mano ni es de Luis ni de mi mamá —Exclamó Magdi aterrada.

—Ese debe ser Luis, ya saben cómo es —Dijo Sonia molesta.

—vamos a ver, ¡rápido! Antes que se fugue el culpable —Propuso Lisset.

Salieron las todas de la habitación Magdi tomó en brazos a su hermana más pequeña.

—¡Mamá, mamá! Llamaban algo azaradas las tres.

—¿Qué pasa? —Gritó la madre desde el patio. Molestas dirigieron su rabia a Luis

—¡Fuiste tú!  —lo acusó Sonia

—Sí, fuiste tú, ¿Verdad tío? —preguntó dudosamente Lisset.

—¡Ah vaina! ¿Se volvieron locas o qué? —Dijo Luis extrañado.

—Tú golpeaste a Sonia en la cabeza desde tu cuarto ahorita —Lo acusó Magdi.

—¿Yo? Si no me he movido de esta silla desde que me senté.

—¿No?, claro que fuiste tú, ¿Quién más pudo haber sido? Tú eres el que tienes esos juegos pesados.

—No, Sonia, yo no fui ¿De qué hablas? —le dijo el tío en tono serio.

—Pero, si no fuiste tú ¿quién más? aquí no hay más nadie y las puertas están  cerradas. ¿Mamá? —Dijo Sonia mirando asustada a su mamá.

—¡Niñas! ¡Cálmense! —Gritó la madre con autoridad— Luis no se ha movido de esta silla ni un segundo, así que dejen de acusarlo.

—¡Pero mamá! Si él no fue ¿Quién?  Nosotras vimos la mano cuando golpeó a Sonia. Te lo juro mamá —manifestó Magdi con desespero.

—Vamos a revisar la casa a ver si hay alguien.

 Las hermanas, sabían que su madre nunca mentía, lo que hizo que los nervios y el terror se apoderada de ellas.

—Yo no voy para ningún lado, aquí me quedo —habló Sonia molesta, Pero cuando vio que sus hermanas, su madre y su tío se alejaban del inmenso patio, corrió detrás de ellos asustada.

La madre, junto con sus hijas y su hermano hicieron un recorrido por  la inmensa casa y no consiguieron nada. Verificaron si había una puerta o ventana abierta con la esperanza de que algún bromista desde la calle fuera  el responsable, pero;  tanto  puertas como ventanas estaban cerradas por dentro, por lo que era nula la posibilidad de un bromista.

—¡A ver niñas!, ¿Están seguras de lo que dicen? ¿No nos están jugando una broma a nosotros? —Preguntó el tío.

—No, te lo juramos tío —dijo Lisset.

—Tú no le vas a mentir a tu mami —dijo la madre dirigiéndose a la más pequeña—  ¿Es verdad lo que dicen tus hermanas?     —la pequeña aún asustada afirmó con la cabeza— bueno, vamos al cuarto a ver que fue lo que pasó

Las niñas simularon la escena. Era imposible que alguien pudiera estirar su mano de esa manera.  No quedó otra cosa que creer en que todas imaginaron lo mismo o que algo sobrenatural había pasado.

  • Y entonces,  ¿Ahora si me creen?, es lo que les he dicho, está casa está encantada. Yo estoy cansado de ver cosas así, está casa está llena de fantasmas —dijo Luis.

A las cuatro hermanas se les olvidó la feria, ya no querían salir. Se abrazaron  aterradas. El misterio de la mano rosa, nunca se resolvió, y era de esperar porque sin duda alguna, fue un evento paranormal.

PALABRA GUARDADA

Pensar pensando

Vagalume

Busco, rebusco y siento que no busco

Me aturden los mínimos sonidos

Aunque las voces no suenan

Veo simples labios moverse

Mi mente de momento se sitúa en otros lugares

Apartarme de la realidad no quisiera

Aunque lacera

A la vez me gustaría que la irrealidad me contuviera

Me enmarcara para desenmascararme

Me confundo, pienso

Me entristesco, pienso

Me preocupo, pienso

Enmudezco y pienso

Pensar pensando

Se me van horas

Mientras la muchacha de las lindas nalgas

No me piensa.

PALABRA SECRETA

Un día como todos

Guadalupe

 Aún con un bostezo en puertas encendió la luz de la cocina. Unas cuantas chiripas entretuvieron su atención. Luego de deshacerse de ellas, inició las labores del día. Comenzó con el desayuno. Mientras rellenaba el pan, recordó la cita en la peluquería. Un terrible chispazo  producto del corte de la electricidad, le advirtió que el  cuchillo quedó olvidado  en el microondas. El humo le produjo un poco de tos. Decidió apurarse, faltaba poco para que Pedro se levantara. Cuando fue a la ducha,  advirtió que la conserje ya había suspendido el  agua y tuvo que vestirse sin el baño matutino. El ascensor no funcionó, así que maldijo su suerte mientras bajaba las escaleras llena de carpetas y enfundada en sus altos tacones. Mientras trotaba  hacia su auto se tropezó y cayó de bruces por lo que su media se  rompió en el acto.

Molesta por tantos percances, se subió a su compacto. Dejó que su mente recreara  el momento de relax que le esperaba en la peluquería para mimarse un poco, al final de la tarde.

Al llegar a la oficina se encontró con una delegación de extranjeros desorientados. Varios especímenes que provocaban risa, un norteamericano que le daba la mano a quien se le pusiera en frente mientras de su boca salía el acostumbrado -“Nice to met you” Un trío de japoneses miraban a todas partes y tomaban fotos con sus cámaras automáticas y un par de ingleses  observaban la pequeña oficina con aire crítico.

 Los japonecitos le saludaron  de modo muy peculiar,  el inclinado gesto de sus cabezas le  hizo sonrojarse y maldecir una y mil veces el no haber ido a cambiarse las medias rotas.  Resultó que la agencia de viajes no consiguió el mini bus y tuvo ella misma que encargarse del grupo. La primera tarea fue  llevarlos a conocer la ciudad luego de hacer varios viajes en su compacto. Para colmo le  tocó calmar a los japoneses por haberse quedado encerrados en el ascensor del centro comercial,  llevar a todo el grupo a comer, sostener las compras e incluso tomarles fotografías. Ya al borde de sus fuerzas se acabó el día y los “turistas” volvieron al hotel. Entre bostezos,  llegó a la peluquería.  ¡Por fin!

El ambiente era interesante, la música de fondo, el aire a temperatura agradable y las butacas de espera invitaban a relajarse. Las mujeres parloteaban sin cesar y reían como un grupo de gallinas.  Una  aprendiz  de peluquería, un poco tímida y con deseos desesperados de agradar, deambulaba con  una bandejita de café, sonriendo  con aire encantado.

Finalmente llegó su turno. La estilista  propuso algunos ingeniosos cortes de vanguardia y con tijeras y ganchos en mano dio inicio a su  trabajo. Su cabello comenzó a ser  estirado en distintas direcciones, mientras, sumergió sus pies  en agua tibia lo que le proporcionó gran tranquilidad. En sus manos, la manicurista se esmeró para estampar una obra de arte.

 Pero mientras las expertas trabajaban, ella  evitaba mirarse en el espejo, una vergüenza insoportable la lleno entera. Decidió disimular, para que la mujer  ocupada en su cabello no  lo  advirtiera.  Es que para terminar de descomponer el día, estaba sudando más de lo normal.

Las gotas de sudor  le mojaban más debajo de las axilas. ¡Peor aún!, corrían por su espalda y empapaban la capa y la toalla. Mientras tanto, en  su frente se desparramaban hacia las mejillas,  sin control. Tanto, que se le corrió el maquillaje. El entrometido líquido le bajaba por las piernas en forma tan inoportuna  que estaba a punto de  derramarse la pipeta  de la pedicure.

Casi en shock miró  a todos lados.  Nadie parecía notar lo que le pasaba, todas continuaban interesadas en decir primero el último chisme de moda de las estrellas de Hollywood.  

Mientras se concentraba en distraer a la manicurista para que no advirtiera lo que ocurría con sus pies, se dio cuenta que  el reproductor estaba descompuesto,  la música dejó de ser agradable. En su lugar cantaba una chicharra.

Un escalofrío hizo que se estremeciera, hasta llegar a sus pies helados. Se le hacía difícil respirar con normalidad.  Era bochornoso todo aquello. Justo en ese  momento sintió ganas de reírse sin control.  Aún reía cuando abrió los ojos y de un manotazo tumbó el insistente reloj para luego enrollarse  de nuevo en sus sábanas, es que definitivamente se quedaría diez minutos más… Hoy,  sería un día normal, un  día como todos…

LETRA MÁGICA

Editorial 7

Los recuerdos le dan alas a la imaginación. Parte de lo que escribimos viene de ahí, de darle forma a la memoria. Hay momentos penosos que nos llevan a abrir gavetas olvidadas, situaciones dolorosas que nos hacen brincar a días gloriosos donde las risas de la nostalgia que guardamos intactas como si de una película se tratara nos alivian la pena.  Hay lugares, voces y sabores que nos trasladan de golpe a  la calle de la infancia y que nos hacen recorrerla entera con todo y sus habitantes, canciones que nos llevan a momentos únicos, fragancias que nos ponen frente a personas que se fueron lejos, en fin, cualquier cosa puede evocar un especial momento de nuestra vida.  En esta entrega les abrimos la puerta a nuestros recuerdos, pasen adelante, sean bienvenidos a esta su palabra bendita, Palabra Infinita.

Recuerdos
NUEVA PALABRA

Las sustancias

Miguelino

En el colegio había una sala de química que  estaba abandonada, tenía un aire misterioso y muy tétrico no sé por qué pero siempre que pasaba por ahí sentía que me llamaba. Siempre estaba cerrada con llave. Algunas ventanas mal tapadas e incluso tenía candados por todas partes un día en el recreo no soporté más la curiosidad y me asomé por la ventana de ese salón abandonado. Todo estaba hecho un lío: habían vasos de precipitados rotos y esparcidos por el suelo, mecheros destruidos, balanzas y  lo que  antes fue una pared era un reguero de estantes caídos con  microscopios, muestras de experimentos y tubos de ensayo con manchas de lo que antes fue líquido. El  piso estaba manchado de todas las sustancias, por lo que se veía no habían limpiado el sitio en años, todo estaba cubierto por una gruesa capa de polvo, al igual que las ventanas de todo el salón. Este lugar inhóspito tenía extrañas marcas en las paredes y los pisos, marcas como de garras,  creo, si es que no me engañaba mi vista. El polvo era tanto que me hizo estornudar y por un fugaz instante creí ver  algo moverse dentro de ese salón, pero no estoy muy seguro.

Después de ese día sentía mucho más interés sobre qué había sucedido en ese salón. Tanta era mi curiosidad que por unas cuantas semanas no presté atención en clases ni tampoco copiaba las asignaciones y finalmente terminé preguntándole a mi profesor de química qué era lo que había sucedido en ese salón abandonado, el profesor como es astuto volvió el tema algo colectivo y  me dijo:

—Si resuelven estos 9 ejercicios de nomenclatura les diré que sucedió ¿te parece bien Carlos?

—sí, profesor —teníamos curiosidad.

 De inmediato nos pusimos a resolverlos. También colocó otros ejercicios sobre compuestos químicos, al mismo tiempo que hablaba de su peligrosidad, cuando al fin terminamos nos dijo:

—Bueno, les contaré

Hace algunos años, antes de mi llegada al colegio, me contaron que el antiguo profesor de química era muy curioso,  se ponía a unir sustancias y miles de mezclas más. En una de sus clases realizó un compuesto fatal, según escucharon los demás profesores, mezcló  ácido sulfúrico con óxido cúprico y plomo y creo que también el hierro  y la reacción de estos elementos al calor no fue nada buena, se generó un gas tóxico que hizo que la mitad de los estudiantes se intoxicaran hasta morir y los más afortunados se  desmayaran, además su atroz invento explotó  y por desgracia le cayó encima. Hubo mucho revuelo para sacar a los alumnos.  La sala quedó en cuarentena y no se sabe que sucedió con el profesor, según dicen escapó por que el miedo que tenía a enfrentar lo que había hecho era demasiado grande. Pero nadie tiene ninguna teoría concreta, solo saben que desapareció y nada más  y esa es la historia.

Cuando el hombre terminó de hablar un compañero dijo:  

—Wow, que fuerte. Gracias por contarnos profesor.

—De nada, muchachos.  Nos vemos mañana en clases, recuerden estudiar para el examen de los ácidos metálicos y no metálicos y sus sistemas.

—¡Sí señor! Se oyó decir al unísono a toda la clase.  

Después de regresar a casa me quedé pensando en lo que había sucedido en el salón abandonado de química, recuerdo bien que esa noche logré dormir en paz sabiendo que el misterio había sido resuelto y juré nunca hacer nada tan estúpido como lo que hizo ese profesor.

Pasaron los días y rápidamente le perdí el interés al salón,  pero claro aun así seguía pareciéndome un misterio qué era eso que había visto moverse dentro del salón, de algo sí estoy seguro, el tamaño de eso no era el de una rata ni el de un ratón. ¿Qué sería? A lo mejor mas adelante me ocuparía de averiguarlo.

PALABRA INCÓGNITA

CALLE ORITUCO

Elisabel Rubiano

Elisabel Rubiano es venezolana. Es una gran estudiosa de la palabra escrita. Dra. en Ciencias Sociales y Magister en Lectura y Escritura, ambos títulos de la Universidad de Carabobo. Es  profesora de la Universidad de Carabobo, investigadora y promotora de la lectura y la escritura. Ella misma se define como promotora de la palabra como bien cultural y espiritual del ser humano y la sociedad. Participa en el Taller “La letra voladora” de la escritora carabobeña Laura Antillano de ahí esta pequeña muestra de su producción. 

CALLE ORITUCO

Elisabel Rubiano

Me tocó pasar de nuevo por aquella  calle urbana, iluminada, limpia y serena, la identificaban como la Calle Orituco. Cada una de sus esquinas me traía recuerdos, siempre disfruté pasear por ahí y ahora más. Siento nostalgia, como si la memoria estuviera guardada  en el kiosco de periódico, en la arepera o en la carreta de las flores. ¿Qué será de la vida de los portugueses de la quincalla?, casi puedo sentir el olor de ese lugar. Me veo subiendo los peldaños que me llevaban a los dos pasillos de granito pulido. En las vidrieras, había tantos perolitos y objetos bonitos. Allí se debe haber gestado un poco el cultivo a las cosas, todavía conservo mi juego de café de porcelana chiquitico como de muñecas, tan solo de verlo soy feliz. También allí debió surgir mi gusto por regalar. Todo estaba dispuesto en presentes para bautizo, comunión, cumpleaños, matrimonio…, uno se paseaba por el pequeño laberinto evocando con cada regalo a un ser querido. Ahora en ese lugar funciona una pescadería  pestilente con un exhibidor en la entrada en el que se acumula la gente en una fila que llega hasta unos cuantos metros de la acera. Frente a la antigua quincalla ahora hay una farmacia donde quedaba la ferretería de un italiano, al lado una tienda de telas de unos árabes. Cuando paso por allí me pregunto dónde estará la señora que me regaló el Corán. Ese libro bilingüe de papel áspero y portada blanda como una revista, que siempre anda conmigo para allá y  para acá, no lo he leído ni lo comprendo pero lo atesoro como si encerrara un valor misterioso que me pudiera salvar de algún percance. Con los chinos del abasto si es verdad que no tengo vínculo alguno.

La pollera permanece casi igual. Justo  ahora viene a mi mente y a mi boca ese gustico mojadito que hacía tan particular ese pollo asado con yuca y hallaquitas, hmmm. También recuerdo las cervezas y los borrachitos rondando. Caramba el que toma cerveza hoy es  distinto al que tomaba ayer, actualmente los cerveceros han subido de categoría, deben tener mucho poder adquisitivo hoy día para tomarse  una cerveza.

En la contemplación de la calle me acordé de la Negra de Chichiriviche, ella pasaba con sus conservas de coco, era el postre después del almuerzo con el pollo, las hallaquitas y la ensalada mixta. Esa negra vendía y estaba pendiente de ver a su amante, los dos desdentados inventaban cada cosa para  disfrutar de las mieles del amor, uno nunca sabe qué tan felices pueden ser los desgraciados.  Para ella las cosas se arreglaban con una salsa en alto volumen y su frase célebre: «no hay mal que por bien no venga, ni bien que no traiga un mal». Betania, su amiga,  murió, lo  supe por casualidad en un novenario del hermano de una amiga que todavía vive por ahí. Esa le caía a todo el mundo en La Pollera para el oficio que en esa época se llamaba “martillar”:

—No me deje pegada profe —le decía a mi mamá. Nos hacía reír con sus escándalos, cuentos y malandrerías.

Sigo mi camino. Detrás de un negocio que no identifico,  sigue la casita en la que fui a una fiesta, no recuerdo la verdad quién me invitó y por qué fui a parar ahí. Paso por el banco, antes llevaba otro nombre. Miro el edificio pequeño en donde vivía un muchacho que le gustaba a Marisol. Así como por casualidad la acompañaba a pasar mil veces por el mismo sitio hasta que se abría el portón cuando entraba un carro.

—Hola que casualidad que te encuentro, ¿cómo estás fulano? (Ya no recuerdo su nombre). Por la calle de atrás, la residencial, vivía mi enamorado. Por esa también abríamos un hueco de tanto pasar, solo para respirar su mismo aire.

Qué manera de vivir  sin propósito. Paseando de aquí pa´ allá en esa calle.  Me resulta tan cercana pero ya no reconozco a nadie… Me detuve a contemplar el pasado y el presente de ese lugar, de pronto cruzó la calle desesperado por entre los coches en movimiento un personaje fugaz que me pareció conocido. ¡Era Rubén! con quien bailaba buenísimo el timbalero y ganábamos premios de aires en los matinés por darnos los besos más largos del grupo que por calle o fiesta se armaban. La verdad es que no me importaba tanto respirar el mismo aire que él, pero me divertía con sus juegos de seducción. No alcancé a gritar su nombre, la verdad se notaba envejecido, qué le estaría pasando que corría con tanta velocidad, me pregunté. Sigue delgado y enérgico, pero sin aquella melenita que le gustaba tanto a las chicas, sin porte de galán, ni las gracias de entonces… se nota mucho mayor que yo, me dije; si me hubiese visto, él estaría diciendo lo mismo. Luego pasaron con sus sombrillas para resguardarse del sol  tres viejitas, sé que van a la iglesia todos los días, no sé cómo se llaman, ni cuáles son sus familias, pero las conozco de siempre y me reconocieron con cariño. Se detuvieron a contarme cuanta anécdota recordaron, me pusieron al día. Las despedí diciéndoles que estaban igualitas, les  pregunté la edad, cuando yo contaba los 14 años ellas también tenían menos años y sin embargo siempre las vi viejitas, beatas, buscando qué hacer para matar el tiempo.

Debo continuar mi trayectoria, llegar a la prefectura a buscar mi partida de matrimonio antes de las 12 del mediodía. Casualmente me topé con  la calle en la que transcurrieron veinte años de mi vida. Llevo recorridos veinte más en otras calles, con otra gente. En esta siento tanto mis  raíces, mi parroquia, que me dan ganas de volver.  

Calle Orituco,  Uritu-cu se refiere al nombre de un río que pasó alguna vez por allí y ese río a su vez se llamó así porque pasaban bandadas de papagayos que alborotadas hacían bulla hasta ensordecer… Una viejita me dijo una vez saliendo de una misa de aguinaldo que escuchara esos papagayos que cantaban porque quedaban pocos. Ya no hay ni rastros de ellos solo el nombre de la calle que a nadie le refiere aquel tiempo lejano en el que todo era boscoso y habitado por abundantes papagayos. Orituco significó alguna vez aquellos papagayos, ahora significa: la calle Orituco. Tantas vidas, tanta gente. La calle Orituco no nos olvida ni nosotros a ella. La memoria  de la plaza Las Flores se perdió en el boulevard que está más adelante en el paso a la prefectura, ya nadie la recuerda. Hablando de eso, ya llegué. Solicito mi partida de matrimonio, muchos otros esperan la de nacimiento y algún deudo una de defunción.

PALABRA SECRETA

Día de playa

Guadalupe

Para mi tía Hilda†

Un pitido constante y el sonido de un respirador acompañan cada latido. Sus labios están secos e hinchados y se le hace pesado respirar el aire esterilizado de la habitación. No quiere abrir los ojos, pero el llamado desesperado de su hermano la obliga a hacerlo. Sonríe. Cuánto ha querido siempre a ese hermanito. Él la mira con el mismo amor. Siempre fue tan guapo, un negro pintado. Le gustaba hacer ejercicio, sobre todo nadar. Abrir los ojos la hace sentir vieja, pesada, dolorida, presente en una realidad de la que ha huido durante varios días. Su hermano le acaricia el cabello y ella luego de tragar con dificultad va cerrando los ojos como si fueran persianas.

*

Amaneció temprano. Estaba despierta antes de que su mamá le pidiera levantarse. La ansiedad y el anticipo al viaje la habían hecho despertar muy pronto. Su hermano sí tenía el sueño más pesado. Mamá lo vistió dormido pero ya en el auto, luego de pelearse por la ventana tras el puesto de ella, estaban contentos de haber llegado donde las tías para empezar por fin el viaje a la playa. Las dos esperaban con sus bolsos y ropa adecuada. Al subir, el asiento se volvió pequeño. Por eso su hermanito se subió al espacio que quedaba entre el vidrio y el asiento trasero del carro y durmió todo el camino. Ella iba entre las dos tías que se concentraban en hablar con sus padres. Su tía Hilda era la que siempre se emocionaba más por ir al mar. En  el  auto estaba distraída, tarareaba una canción que se escuchaba en la radio y miraba por la ventanilla, anticipaba el momento diciéndole que al llegar no debía salir corriendo, había que al menos quitarse los zapatos. Rieron las dos porque sabían que sin importar nada iban a correr tras las olas mientras los demás se ocupaban de bajar lo necesario.

Al llegar al mar, su tía tomó una posición que a ella le gustaba imitar. Miraba hacia el cielo y parecía respirar profundo con los brazos en jarra. Lo hizo por un instante y luego se fue persiguiendo a su hermano que jugaba a entrar y salir de la arena húmeda mientras gritaba: “Allá voy”. Observó a sus tías atentamente. Una se sentó plácida a mirar las olas, estaba a gusto fuera del agua. Su mamá había llevado comida y la disponía de manera en que fuera muy fácil tomarla cuando llegara el momento. A ella también le encantaba el mar, solo que no le gustaba pasar de la orilla. Pero su tía Hilda y su papá eran otra cosa, parecían delfines. De hecho, sin poder aguantarse más, corrieron salpicando agua hasta comenzar a saltar olas. Papá comenzó a nadar de esa manera particular, con la cabeza afuera y sacudiendo agua con cada brazada, su tía Hilda en cambio,  se dejó llevar a capricho de las olas. Ella observaba de lejos como su tía subía y bajaba, se alejaba y se acercaba flotando sobre el agua. No estaba ni un poquito asustada. Al contrario, desbordaba felicidad. Desde dentro la llamaba, la invitaba a entrar y a flotar en el bloque azul que reventaba en espuma pero ella tenía miedo y prefería jugar con su hermanito en la orilla.

De vez en cuando volteaba a ver a su tía. Parecía ingrávida y en ningún momento  cansada de dejarse arrastrar por esas olas inmensas.

Comieron todos, la única que no lo hizo fue Hilda pero la tía Amalia no le dio importancia diciendo que ella era así, al entrar al mar no le daba hambre ni sueño ni nada. Solo le importaba flotar.

*

Abrigada y envuelta pelea con los cables que no le permiten moverse a gusto. Manos ajenas le arreglan el cuerpo en la cama, pero sigue sintiéndose incómoda. Se nota que no es allí a donde quiere estar.

Ver a su tía allí le da pena. Sin proponérselo recuerda ese día especial en que su tía la enseñó a flotar. Vuelve a pasear la mirada por la habitación y por el cuerpo inerte de su tía. No poder hacer nada la hace sentir inútil… está de pie a un lado de la puerta de la habitación congelándose de frío, el doctor dice muchas cosas que nadie entiende. Se cruza de brazos, está lejos la niñez pero la impotencia del instante la trasladan de nuevo hasta ese momento en que con el corazón aleteando de miedo y expectación se adentraba al mar con su tía quien con sus manos en la espalda la dejaba sola entre el agua y el cielo por unos breves minutos, luego ella, ansiosa  y entre risas de nerviosismo corría a la orilla donde se sentía segura. Verla inmersa en cables y máquinas ha hecho que reviva completo ese día olvidado en las gavetas de su memoria. Decide imaginar el momento inevitable que se aproxima de otra manera, convencida de que es la única forma en que puede ayudar a su tía. Así que allí, de pie, a un lado de la puerta de la habitación, cierra los ojos.

 Aún sin abrir los ojos la luz amarilla que traspasa sus párpados le dice que está donde tanto tiempo ha querido ir. El cielo no tiene nubes, es de un azul intenso y brillante. El agua está tan clara que puede ver sus pies ser mordidos por pequeños peces. Avanza, el cuerpo no pesa, es ligero, flota, flota cada vez más alto, más suave. Alguien le da un beso en la frente y ella desde lo alto de las olas saluda, no le duelen las rodillas, de hecho se mueven perfectamente, como siempre. No tiene frío, el día está cálido, azul, las gaviotas hacen mucho ruido.

La niña saluda a su tía que ha vuelto a ser joven y levanta su mano por encima de la gran ola que la sostiene. A lo lejos, el hermano de la niña también saluda, ya no es el mismo niño que le tenía miedo al mar, de hecho no se parece en nada a ese niño, pero ella sabe que es él porque sus dientes blancos resaltan contra el sol. No hay miedo en su actitud, al contrario él también tiene un lugar en  lo alto de las olas y  parece estar muy a gusto cuando desaparece en lo azul.

—Nos vemos —le dice la tía a la niña que la observa desde la orilla. Suena una canción que le gusta y  distraída, empieza a tararear.

LETRA MÁGICA

EDITORIAL 6

“¿Siempre han sido color mostaza las paredes? Entonces, debes salir al balcón a cantar, pues es insoportable saberte desconocido en una casa por la que te desvives, pero definitivamente no es tuya”.

Sol Meléndez

Cuarentena

Y de pronto el planeta se detuvo. Tenemos que guardarnos  mientras afuera acecha una amenaza microscópica. De pronto no hay niños en los parques, mucho menos en los colegios. No hay autos abarrotando autopistas. Los animales pasean por las calles en calma, sin sentirse amenazados, juegan en las playas solitarias, y se aventuran alegres a tomar baños traviesos en las fuentes de las plazas.  Los océanos  se limpian, el aire se hace más respirable y los delfines saltan de contento en los mares y lagos solitarios. De pronto nos damos cuenta que somos vulnerables, mucho más de lo que creíamos. En casa nos adaptamos, reímos, lloramos, nos acompañamos o nos sentimos solos. Algunos fabrican  tapabocas, otros los desechan. Algunos piden a su vecino trabajador de la salud que se mude a otro lugar porque corren riesgo de contaminarse, otros dejan mensajes de agradecimiento. Luz y oscuridad, presente en todos y cada uno y luego estamos nosotros, los que escribimos, los que observamos atentamente y convertimos en palabras las frustraciones, en poemas las alegrías o las tristezas, en cuentos nuestro temor más arraigado. Nos quedamos en casa  pero nuestra imaginación sigue fecunda, imparable, por eso queremos regalarte en  esta entrega, nuestra palabra alegre, palabra incierta, Palabra Infinita.

Confinamiento
NUEVA PALABRA

Amores de Ventana

Miguelino

En la sombra me siento mejor y tras este encierro consigo ver que no era tan difícil quedarse quieto. Difícil fue darme cuenta que, al no tener más remedio que estar en casa, no tenía con quien hablar. Empecé a deprimirme,  desperdiciaba los días viendo televisión y fantaseando con encontrar a alguien con quien conversar, pero mi suerte no mejoró estaba  solo como un astronauta varado en la estación espacial,  marchitándome debajo de las sábanas en un ciclo sin fin. Ni la música me salvaba. Entonces, no sé por qué me dio por fumar en la ventana y te vi, tan celestial como una estrella fugaz, perfecta como el atardecer. Tus cabellos color cobrizo ondeaban cual bandera. Embobado viéndote dejé que la colilla me quemara los dedos. Tú al notar que te miraba volviste esas oscuras perlas  hasta mis cansados ojos,  fue la primera vez en años que una mirada traspasaba mi alma. Como un cobarde cerré la ventana y me oculte en el otro lado de la pared y mientras estaba allí me di cuenta que sonreía y que mi pulso se había acelerado. Y así pasó una semana. Gastaba los cigarrillos en la ventana  con la excusa de verte. Un día  no volviste a aparecer en tu balcón en tu lugar había un papel pegado al cristal:

“¿Me regalas un cigarrillo?”

Sin pensarlo mucho agarré la casi acabada cajetilla de Marlboro y  eufórico por la idea de hablarte salté de mi ventana a tu balcón, aterricé torpemente  de bruces y al retorcerme para sentarme, vi tu reflejo en la puerta, con una sonrisa abriste la puerta de cristal que nos separaba:

—Querías uno, ¿no? —dije un poco adolorido por mi aparatoso aterrizaje. Reíste musicalmente al decirme:

—¡Te tardaste demasiado en ofrecerlo, tonto!

PALABRA INCÓGNITA

Lo Inaccesible y Hoy me Desborde

Xavier Manasés Torrealba

Estudió Lengua y Literatura en la Universidad de Carabobo. Participó en el taller de narrativa perteneciente al Dpto de Cultura de la Universidad de Carabobo bajo la coordinación de Héctor Espinoza, posteriormente de Geraudí González y por un tiempo breve de Danibia Abreu. Es director de teatro y disfruta de realizar montajes para su compañía. Desde siempre ha tenido una relación cercana con la escritura. Es poeta, compositor y escribe relatos cortos. En esta entrega nos ofrece uno de sus más recientes relatos dedicado a la cuarentena mundial.

Lo inaccesible

Xavier Manasés Torrealba

Hoy no salí de casa, solo alcancé a llegar a la puerta. ¡Ya hace un mes que no salgo! Mi madre dice que esta cuarentena ha sido la excusa perfecta para aislarme completamente, cada vez que llama se preocupa por mí, supongo que es porque piensa que aún no supero la muerte de Raúl, y aunque tiene razón no me atrevo a hablar de eso con ella. Antes, pintar me ayudaba a superar cualquier rastro de dolor, pero en las noches siempre la almohada me recuerda su olor fragante y divertido. Seguí el consejo de Laura mi psicóloga; me sugirió cambiar el colchón, la almohada y las cobijas, ¡pero su olor aun no desaparece! Supongo que su aroma está impregnado al mío.

Algunas veces los sentimientos negativos superan mis ganas de vivir, hablo con Dios y cuestiona cada detalle de mi existir, y aquellos recuerdos que solía llamar amor se convierten en inercia, cada paso que doy es vacío, ausente. Cada día es la misma rutina: me aseo, me visto, coloco mis guantes, uso mi mascarilla, coloco el gel a base de alcohol en mi bolso, llego hasta la puerta, toco la manilla y maldigo con todas mis fuerzas; ¡hoy tampoco pude girar la manilla!, la comida a domicilio siempre me sabe igual; en ocasiones me siento tan pequeña como el espacio que hice en la ventana para que entren mis pedidos. Nuevamente despierto inerte y saco antes de ducharme una tarjeta postal de la billetera de Raúl con un mensaje; “lo inaccesible de la vida es pensar que no somos capaces de seguir adelante y creer que somos los únicos en sufrir”. Me alisté, me acerqué a la manilla y abrí la puerta; la luz del día me cegó por un momento, al fijar la mirada observé rostros más tristes que el mío, pasos más inertes que los míos, miedos más grandes que los míos.

María Isabel Nouel

Lectora desde niña para escapar del aburrimiento. Llegó a repartir libros olvidados para volverlos a la vida, a veces sufre descargas poéticas. Se autoexilió en argentina, pero no deja de pensar en Chichiriviche, las palmeras y el infinito azul del Caribe. Mientras intenta ordenar ficciones en su cabeza también sirve café en una barra de Buenos Aires.

Hoy me desbordé

Hoy no doy más. Hoy vi gente caminando como si nada, sin barbijo. Llegué a casa después de pasar diez horas dentro de un tapabocas que me hace sentir presa, en una cárcel de mi mismo aliento. Los últimos pedaleos fueron de un incesante: tú puedes, piensa en los médicos que están dándolo todo y tú no tienes por qué quejarte, dale, aguanta que ya llegas.

No. No soy de hierro. Me siento sola, deambulando. ¿Será que hice todo bien? ¿Me lavé bien las manos? ¿Limpié bien después del billete o toqué algo y no recuerdo? ¿Me toqué la cara? ¿Por qué me siento el pecho trancado?: ¡Isa, tu cuerpo se está adaptando, cálmate! Veo la puerta, meto la llave que saco del bolsillo del pantalón para no meter la mano en el bolso y contaminar todo. ¿Contaminar? ¿Tendré algo de eso en alguna parte ínfima que no divisé en mi meticulosa limpieza? Hasta al mejor cazador se le va la liebre. Entro, ya estoy en el pasillo de casa, pero aún no me siento en casa. Se me vienen las primeras lágrimas. Entro a mi patio. Grito avisando que llegué:

—¡Cierren las ventanas que no salga Chaplin!

Apoyo la bici. Me quito el casco, los lentes, el bolso. Busco una bolsa destinada premeditadamente para guardar mi ropa. Me desnudo, abro la lavandina. Me saco el tapabocas y lo lanzo en un balde con los lentes, las llaves y lanzo un chorro de desinfectante en el piso del patio. Agua, cepillo, jabón. Es la única forma de que mi mamá, Nico o Chaplin luego puedan salir al jardín a ver el sol o a respirar un poco. Es mi deber dejar todo “higienizado”. Termino la rutina de limpieza y paso al baño en puntillas para bañarme y el agua caliente me calma un poco, me descontractura. Después de salir me lanzo con una toalla a mi cama tratando de que se me pase el dolor de cabeza, de sentar cabeza, mejor dicho. “Ah, es que no almorzaste María Isabela” (yo regañándome, pero con mi voz de niña, esa voz que uso para joderme a mí misma). “Bueno, date unos minutos” Respira. Chaplin se acerca. Se me tira encima, ahí me doy cuenta de que llegué a casa. Me desbordo a llorar. Quiero un abrazo. Nico entra y me pregunta:

—Mamá ¿Comiste? —me ve llorando. No puedo abrazarlo. No sé si deba.

PALABRA GUARDADA

En este sitio

Vagalume

En este sitio

Donde tantas noches

Me siento a pensar

Abrazado a brasas

De interminables colillas

Una vez más

Llego a lo que se fue

A lo que vendrá

En este presente que

No se detiene

Que solo avanza

Con compañía

Sin compañía

Anhelando silencio

Anhelando bullicios

Perpetrante en una lucha

Que ocasionalmente se vuelve floja

Aunque no cesa.

PALABRA SECRETA

Sueño, Paciente y Salir

Guadalupe

Sueño

Creo que tengo fiebre, nunca antes tuve tantas ganas de toser,  me arde la garganta… ¿Qué debo hacer? Si me escuchan estornudar vendrán a buscarme, el termómetro indica unas décimas de temperatura, ¡no quiero morir!, ¡quiero respirar! Estoy despatarrada en la cama convertida en nido desde hace ya no sé cuántos días, de  golpe abro los ojos, mi corazón late a una velocidad ridícula, aspiro  una bocanada de aire y jadeo asustada, poco a poco regreso en medio del sopor, toco mi frente, mi cuello, no hay señales de fiebre, infundo aire a mis pulmones y escucho a mi marido en una conversación indistinta con los niños. Mi respiración se normaliza,  con gusto aspiro el delicioso aire hogareño, ese del que me quejaba cuando me quedé dormida con el libro en la cara. Arreglo mi cabello y salto de la cama, por fortuna nadie vio el bochornoso espectáculo.

Paciente

Confía en que pronto será su turno. Hoy quiere vivir un poco. Está sentado en su vieja silla favorita,  en esa sala llena de ojos lagañosos. Toca el lomo de ese gato rayado que un día apareció por la ventana de la residencia para los que no tienen más  remedio que esperar.

Salir

Hace unos días se acabó el alimento. Sabe que tiene que vencer la barrera y abrir la puerta, se da ánimos a sí misma, no pasará nada, es solo una salida en busca de frutas y verduras, basta con llevar un par de guantes y un tapabocas para estar segura… Se da fuerzas, se anima, ya está lista, tiene todo lo necesario, a punto de logarlo retrocede. Se sienta en el piso y mira la puerta desde ahí, las  rodillas abrazadas por sus manos enfundadas en unos guantes quirúrgicos. Quizá mañana se atreva, quizá mañana pueda salir a comprar lo necesario, quizá mañana abra también las ventanas.

LETRA MÁGICA

EDITORIAL 5

“La brevedad es el rasgo principal caracterizador de la minificción. También encontramos otros rasgos que en pleno conjunto dan forma a estos textos mínimos…, esa capacidad de quitarse la camisa de fuerza que diga que es estrictamente un relato, un cuento, un poema, o cualquier otra forma literaria…”

Geraudí González Olivares

Nuestra entrega número cinco va dedicada a la minificción. Tal como lo describe una de nuestras escritoras invitadas, consecuente investigadora del género, este tiene la capacidad de ser muchos en uno, un mutante literario que permite la experimentación.  Como investigadora y apasionada ella nos invita a descubrir la minificción, dejarse tentar por ella. Y la invitación nuestra es a que  disfruten de esta muestra, donde los de siempre mostramos nuestras ideas de ficción mínima y los invitados nos regalan también su producción para deleite de todos. Celebremos juntos esta palabra bendita, Palabra Infinita.

Minificcion
NUEVA PALABRA

Insomne, En pedazos del papel e Inspiración

Miguelino

Insomne

Solo te escribí para recordarte que una noche como hoy, entre heladas horas, ese pequeño infinito calentaba nuestras vidas. Ahora solo quedan mis pulmones y el humo de cigarro que exhalan en esta noche de insomnio.

En pedazos de papel

Últimamente he estado tan absorto, hasta he descuidado lo que escribo. Inmerso en esta lúgubre y triste sequía de imaginación recuerdo tus ojos a la expectativa mientras yo presionaba las teclas con ligereza, mis dedos casi flotaban  entre ellas para llenarte de mil emociones con las estupideces  que escribía. Creí que contigo burlaría al tiempo… pero resultó que él era quien se burlaba de mí, cuando en medio de risas aparentemente inocentes arrugabas el papel y dejabas caer los pedazos.

Inspiración

Según yo lo veo son pequeños momentos de claridad en los que nada nos molesta y nuestra mente y corazón, en sintonía con el momento, se unen para que los minutos, horas o días en que estemos en ese mágico lugar sean tan perfectos como lo que realizamos en ellos.

PALABRA INCÓGNITA

Escritores Varios

Graciela Galli

Lectora y narradora. Nacida en argentina, venezolana por elección. Ha publicado en varias antologías venezolanas. Participó en el taller de narrativa de la Universidad de Carabobo bajo la coordinación de Héctor Espinoza y posteriormente de Geraudí González

El vuelo

Te fuiste viendo los pájaros desde la ventana, lo sé porque los vi pintados en tus retinas cuando me asomé a tus ojos para cerrarlos por última vez.

Carlos Mario Cortés

Venezolano. Estudiante de Biología, recientemente incursiona en el mundo de la palabra escrita. Es disciplinado escritor, le gusta probar todos los géneros, participante del taller de narrativa de la Universidad de Carabobo bajo la coordinación de Geraudí González y por breve tiempo de Danibia Abreu.

Ventana

Me detengo a mirar dos lagartijas apareándose en mi ventana. Dos aves peleando por un árbol. Un árbol  resistiendo al viento. El viento moviendo las nubes. Nubes,  cargándose de lluvia. Y a mí liberándome del ego.

Ya voy

Me asusta que la casa te consuma, que te pierdas en sus pasillos, que sus ecos te atormenten en la melacolía de un baño y que la cama te ahogue si no hay nadie junto a ti… espérame.

Sol Meléndez

Psicóloga clínica egresada de la Universidad Arturo Michelena, Venezolana. Actualmente radicada en México. Participó en el taller de narrativa de la Universidad de Carabobo bajo la coordinación de Héctor Espinoza. Escribe desde muy pequeña, incursiona en la minificción con un compendio de cuentos llamados: “cuentos de prisiones” de allí dos minicuentos.

EL SICARIO

No asistió a psicología por voluntad propia, pero, de igual manera lo llevaron para que yo tomara sus datos. Después de muchas preguntas de identificación: nombre, edad, domicilio previo al delito, apoyo familiar, estado civil, claramente fatigado me preguntó:

—¿Cuánto tiempo debo estar aquí?

Dejé las preguntas de rutina, y me arriesgué:

—¿A cuántas personas has asesinado?

Me miró con ojos completamente vacíos, inexpresivos, oscuros. Frunció la boca, y con actitud amenazante puso sus brazos en el escritorio y respondió  con otra pregunta:

—¿A cuántos pacientes has atendido en la cárcel?

Enmudecí, (no lo recordaba, eran muchos). Miré a la puerta buscando la protección de algún vigilante, estaba sola. ¿Debo responderle? -Pensé-. ¿Qué diría Freud?

—Son muchos casos, infinidad de delitos  —alcancé a responder.

 Se rio había burla en su expresión,  volvió a adoptar la posición amenazante y me dijo mientras aplaudía:

—¿Ves? Así como para ti es natural escuchar problemas y no contabilizarlos, así de natural es para mí matar y no contabilizar. Al final, ambos somos igual de insensibles. Tomamos historia y vivimos, la diferencia es que tú pareces niñita buena, y yo tengo demasiadas marcas en la cara.

Y así sin más, se fue.

ENTREVISTA DE COLMILLOS

Ya podemos cerrar el caso, el sospechoso confesó su delito. -Dijo muy emocionado el comisario-.

Pero, el sospechoso ni siquiera estuvo en el lugar de los hechos, respondió el inspector.

Lavando la sangre de su cara, y guardando una soga, el comisario contestó:

Fue una buena entrevista.

Amelia Orta

Venezolana, Licenciada en Educación Especial. Escritora, participó en el taller de narrativa de la Universidad de Carabobo bajo la coordinación de Héctor Espinoza. Escritora  minificcionista apasionada. Ha publicado en varias antologías venezolanas.

Puertas

De visita en una ciudad que desconozco, camino por un boulevard rodeado de palmeras. Delante de mí se abre el cielo con sabor a mar. Me encuentro con ella. Nos sorprende coincidir en ese lugar, le invito un café. Entramos al lobby del hotel y subimos las escaleras con forma de caracol. Todos los pasillos son iguales: paredes pintadas de vino tinto, alfombras negras, puertas de madera sin numeración.  En mi mano derecha guardo la llave apretando el puño. ¡No sé cuál es la puerta! Se agota el tema de conversación y los escalones. Estoy dando vueltas sobre el mismo lugar y no sé cuál es la puerta. Ella va a notarlo, mis pasos se hacen lentos, pesan los pies. No escucho su voz, solo veo paredes, pisos y puertas iguales.

Ritual

 A María Luisa

Tres veces santigua las almohadas antes de dormir con  rezos que le enseñó su padre: “Por la señal de la Santa Cruz…”

El vaso de agua en la mesita y el crucifijo espantan pesadillas en sus noches. Se cubre con la sábana, cierra los ojos, aprieta párpados y dientes. A un lado de la cama el peso del miedo la asfixia.

Geraudí González

Venezolana, licenciada en Lengua y literatura, minificcionista, investigadora del género. Actualmente radicada en Bogotá, donde continúa trabajando de manera incansable en todo lo relacionado con la literatura, la minificción y la poesía.

Tiempo

Volver a los veinte con la experiencia de los 40 el sueño de alguien que ahora escribe. Feliz madrugada. Ya son las 3:00 a.m. Debo dormir. El doctor López fue muy preciso con las indicaciones: “A las 8:00 a.m en punto debe estar lista para iniciar la cirugía estética”. Y ahora que lo pienso, no quiero llegar tarde a mi cita con la lozanía.

Sombra

Es culta, inteligente, buena prosista. Quizá él la crea mejor que ella… (esto empeiza a parecer una confesión de vecindad). Lee sus ensayos y se dice: ¿acaso yo no escribo bien? Pero algo la atormenta más: ¡Tiene tanto de sí misma, carajo! Un montón de sus autores (o de ella): Hanni, Celan, Monjeto, Clarice, Lispector, Pizarnik, Sylvia Plath, Sontag, etc.  ¿Una copia mejorada de mí? Se pregunta en su intento por sostenerse en su propia autoestima tan golpeada por esta, la amante de su marido.

PALABRA GUARDADA

Dibujo, La calle esta desolada, Virus y Come letras.

Vagalume

Dibujo.

Al verla en ese estado, él reunió papel y colores, Ella no lo notó. Dibujó por impulso, pero sabiendo que eso aliviaría la tristeza que veía. No era un artista, sólo  un hermano menor.

La calle está desolada

Él se cubrió la boca, se colocó guantes y caminó manteniendo distancia mínima permitida con los pocos que se le cruzaron, siguiendo el método que le recomendaron. Se preguntó  por qué salía a buscar peligro nuevamente, hasta que recordó lo blanco de su nevera.

Virus

No quiso ver más la televisión. Sintió que las noticias se tornaban amarillas. Se asomó a la calle y al verla tan solitaria empezó a toser, a sudar y sintió su cuerpo febril. Desde la ventana, su vecino lo notó inquieto y gritó para preguntarle:

—¡¿Qué tienes Rafael?!

A lo que él sólo respondió:

—Miedo.

Come letras.

Toma uno y lo devora. Toma otro y lo devora. Toma otro y lo devora.

Así se pasa los días el insaciable lector. Alimentándose de lo que lee.

PALABRA SECRETA

Amante, Brevedad, Poeta y Escritora

Guadalupe

Amantes

El único traje invitado era la piel. No había tiempo de palabras ni cortejos, solo urgencia, caricias y la certeza de  que estaban destinados a reconocerse, en cualquier espacio, persona y tiempo.

Brevedad

Para M. y E.

                Saludable, rechonchito y risueño era la delicia de sus padres. Con los días el color rosado fue desapareciendo y mientras su sonrisa se hacía más intensa él era más etéreo en su cunita de plexiglás. Un día se volvían brumosos sus brazos, otro, sus piernas. Emitía gorgoritos, sonreía. Decía a todos que estaba de paso, nadie lo escuchaba. Mientras tanto su piel se tornó azul. Los doctores no entendían y lo conectaron a cables, mangueras y oxígeno. Querían que retornara el rosado de su piel, pero no fue así. Poco a poquito cambió del azul al blanco, el más brillante blanco que se pudiese imaginar. Doce días después de aterrizar en la tierra, había ganado sus alas de niño, sus alas de ángel, de ángel niño.

Poeta

A Livio

Mirada de mar y aliento hecho palabra. Se acerca y aleja, ligero sin que pueda alcanzar sus versos peregrinos.

Escritora

A Graciela

La vida le ha permitido dar consejos. No los vende, hay que ganarlos a pulso. En cambio en una hoja en blanco se desnuda y a fuerza de palabras inventa verdades.

LETRA MÁGICA

Editorial 4

Para cada escritor el acto de escribir tiene un particular sentido. Para cada lector leer tiene también un significado distinto. Unir los dos actos resulta algo mágico. Esta cuarta entrega es para agradecerles a los que nos han leído. Ha sido mágico leer sus comentarios, ha sido mágico saber que están ahí. Gracias a ustedes nuestras historias cobraron vida, nuestros personajes rieron, lloraron y fueron reales en su mente tanto como en las nuestras. Son de ustedes, del mundo. Y eso nos hace felices.

Gracias
PALABRA INCÓGNITA

Santa Elena

Sol Meléndez

Venezolana, actualmente radicada en Ciudad de México. De profesión psicóloga clínica, con experiencia como terapeuta en varias cárceles de Venezuela.

En su coqueteo por las letras recuerda que un día muy aburrido en que no encontraba que hacer una tía le entregó  el primer libro que leyó: “El pájaro canta hasta morir” como no le gustó el final del libro empezó a buscar finales alternativos, sin darse cuenta, mientras buscaba esos finales redactó una novela. Tenía 10 años. Entre sus cosas importantes aún conversa ese cuaderno. Descubrió gracias a esto que le gustaba cambiar su realidad mediante historias. Esto hizo que comenzara a llevar diarios, su pequeña obsesión que aún mantiene así como sus cuadernos. Escribir fue darle voz a su niña reprimida, a esa chica tímida que mediante la escritura liberaba otras facetas. Participó en el taller de narrativa de la UC coordinado por el Prof. Héctor Espinoza hasta 2013, taller donde aprendió a pulir su escritura de forma más profesional.  Hasta el día de hoy continúa escribiendo, como ejercicio y como desahogo. Por eso en esta entrega podremos disfrutar de uno de sus cuentos.  

Siempre pensó que no pertenecía a Santa Elena, siempre pensó  que podría ser alguien más…

Santa Elena

1

Me gustaban las estrellas, mirarlas era imaginar un encuentro: hombre-espacio, cielo-tierra. Era unir dos mundos invisibles. Me gustaba el color verde. Me recordaba eso que decían por allí de que la esperanza viste de verde. Pero sobre todo, me gustaban mis sueños. Los veía del color del pasto. Mis sueños eran un refugio, nada podía dañarme.

Lo último que recuerdo de ese día son las tres estrellas sobre mí: Estaban abrazadas a su cuello. Una vez me dijo mi abuela que debía respetar a tres personas en la vida: a mi madre, a mis maestros y a la autoridad que ejercían los policías o guardias nacionales. A mi padre no, porque nunca lo conocí; de él me decía:

—Ese es un “tipo de bien”, de esos riquitos que vienen al pueblo por aventuras, ese le hizo la maldad a la tonta de tu madre, la “empreñó” y se fue.

Lo irónico, es que nunca conocí a un abuelo. Creo que la abuela fue una tonta también.

Me gustaba su olor a leña, a harina de trigo, su cabello largo y canoso. Mi abuela y su sabiduría, mi abuela y sus consejos, la abuela que jamás me creyó, la abuela que impulsó esta vida que tengo. Esta solitaria vida que tengo.

2

Ese día bajé a la bodega del pueblo. Nunca le tuve mayor confianza a mi mamá. A ella le gustaba respetar demasiado la ley, pero sobre todo, a quienes vestían de oliva. Mamá era la típica mujer que buscaba la atención en los hombres. Sé que tenía 15 años cuando me parió, a veces me decía que en realidad yo era como su hermanita. La abuela me dijo que comprara unas velas, porque con eso de las lluvias, lo más probable era esperar una noche a oscuras, sin luz. Repetía hasta el cansancio:

—No hay nada peor que quedarse bajo las sombras —Recuerdo que pensé en lo terrible que sería estar ciego.

Santa Elena se llama el pueblo. Queda a cuatro horas de Mérida. Me gustaba la casa. En vez de cocina teníamos un fogón, por ventilador una ventana, y a falta de televisor, un patio. Sentarse allí, era ver e imaginar. Imaginé fiestas repletas de animales, y miraba las caminatas lentas de los campesinos, para cada uno de ellos, tejía historias maravillosas. Mamá era empleada del único bar en el pueblo: “Las Lopeceras”, y tenía como jefa a la abuela; ella distribuía las ganancias. El dinero del bar alcanzaba para la ropa y la comida, y si me portaba bien, hasta tenía regalo del Niño Jesús en Nochebuena. La abuela era importante, de carácter fuerte, no la típica señora que se sentaba a coser. Con ella, estaba protegida. Al parecer parió a mamá a los 14 años.

3

Después de comprar velas, y por si acaso fósforos, me regresé por un camino de mucho follaje. En mis sueños, imaginaba ser una citadina recién llegada al pueblo, una estudiante de Medicina, una señorita en toda la extensión de la palabra. Pensaba que con un poco de suerte, mi padre, -a quien no debía respetar por hacerle la maldad a mamá-, iba a buscarme. Imaginé muchas veces su cara, su sonrisa, confieso que a solas me gustaba pronunciar la palabra “papá”. Como cualquier niña abandonada, tenía el anhelo de que en mis 15 años iba a llegar para llevarme a vivir con él y con la abuela. En mis sueños, mamá decía que prefería quedarse en Santa Elena, sí, hasta en los sueños intenté alejar a mi madre.

Aún faltaban tres años para los 15, con esto, le daba tiempo al riquito de mi padre para recordarse de la hija olvidada en el pueblo. Seguí la vía entonces, caminé con las velas y mis sueños. Un golpe en la espalda me encorvó, e inmediatamente me sacó de la nube de fantasías que llevaba, al voltear vi a un hombre. En ese momento, solo podía escuchar a la abuela:

-Aracelis, hija, a los uniformados se les respeta-.

Recuerdo que no podía gritar. No me salía la voz. Él sí habló, él sí tenía voz:

—Acuéstate muchachita y te quedas calladita —La abuela seguía en mi mente con su consejo:

-Aracelis, hija, a los uniformados se les respeta-.

Caí al suelo bruscamente. Lo que siguió fue sudor, gemidos, y lágrimas. Me dolían demasiado sus movimientos rudos, él dijo en tono ronco y jadeante:

-Me “coroné” a una virgen-.

En ese momento no comprendí nada, hasta que pude ver mi entrepierna vestida completamente de rojo. Cuando empecé a menstruar, la abuela me dijo que esa era la señal de ser “hembra”. Me enseñó que por tres cosas sangraba la mujer: –Todos los meses con la menstruación, cuando te acuestas con un tipo siendo virgen y cuando pares-.

Así que cuando vi mis piernas manchadas de rojo, comprendí que ese hombre se estaba llevando a la virgen. Las estrellas cosidas en el cuello de su uniforme verde oliva simbolizaban un rango, la abuela me explicó que se debía mirar el cuello en la ropa de los hombres para ver qué tan poderosos eran, me dijo:

-Aprende Aracelis, si lleva camiseta es un mantenido, si anda con camisa es aburrido pero serio, si no lleva nada es un pedazo de loco…pero si carga uniforme, debes estar pendiente con las figuras en su cuello, porque esos son los que tienen poder y dinero, a esos no se les lleva la contraria, los de las estrellas son quienes mejor pagan-.

Sin embargo, a pesar de esas estrellas, para mí era solo la imagen de un hombre sudado, que me obligaba a hacer silencio. Un hombre cuyos movimientos incrementaban un profundo dolor en mi vientre, un hombre que se llevó las velas que no pude encender.

Fue rápido, -ahora lo sé-. Al levantarse me lanzó unos billetes, encendió un cigarrillo, sonrió y se fue. A este hombre en particular, con sus tres estrellas, nunca lo había visto. Parece que era de esos como mi padre, que van al pueblo por aventuras. Tomé el dinero, para tenerlo como prueba irrefutable de lo que me acababa de hacer. Al caminar, iba dejando huellas en formas de gotas, y lo que antes fue verde; ahora se teñía de rojo, trataba de quitar las hojas que quedaron en mi espalda. Miré y pude observar la inocencia regada en el suelo. Y la esperanza que antes era verde, ahora era ciega. Las velas se perdieron, los fósforos se mojaron.

4

Corrí a casa llorando, y le dije a la abuela lo que había pasado. Le mostré el dinero, billetes así no cargaba cualquiera. No sé si dolieron más los movimientos bruscos del hombre encima de mí, o la paliza de mi abuela.

Niña desvergonzada, quién sabe qué vagabundería hiciste y ahora inventas que uno de nuestros nobles guardias te violó.

Me castigó, se lo contó a mi madre y esta dijo:

Mamá, esa Aracelis lleva sangre López, ¿Acaso se te olvida que todas las López somos putas?. Esa pronto va pa’ Las Lopeceras —La abuela replicó:

Pero esta niña nos ganó a todas, con 12 y ya empezó.

Al día siguiente, la abuela me pidió los billetes. Pensé que ahora me creería, y mirándome de arriba abajo dijo:

—Tendré que enseñarte a cobrar Aracelis.

Me dijo que al menos fui inteligente y busqué a uno con rango.

Bueno Aracelis, si dices que tenía tres estrellas, entonces ese hombre es un capitán, ¿Quién se iba a imaginar que tu tan flaquita ganarías a uno con jerarquía?

A los días, estaba nuevamente con las estrellas sobre mí. Y no, no esas que me hacían soñar, sino las que me producían dolor bajo, en el vientre, en las piernas, en todo el cuerpo. Eran estrellas jadeantes, roncas, sudadas. No había tiempo de imaginar historias para los campesinos, no me importaba si era de día o de noche, cada movimiento del capitán se parecía un poco a la muerte.

A los 15 años no llegó papá, no hubo fiesta. La abuela me dijo que ellas empezaron a esa edad, que por eso yo les había ganado. Hacía un año que trabajaba allí en el bar, me buscaban hombres con una, dos y tres estrellas, porque esos “eran más respetuosos y pagaban mejor”. El día de mis 15 me pagó el dinero de la semana y dinero extra como regalo de cumpleaños. Fue la última vez que la vi. Pensé que si era tan diferente a ellas, lo sería completamente.

5

Hoy cumplo 25 años, estoy en Caracas. De la abuela y su hija, mi madre, no supe más. Con el dinero que me dieron aquella vez, compré un pasaje, me traje lo necesario, y les dejé una nota:

-Sí, soy diferente, no quiero que sean parte de mí, por eso, ni siquiera las voy a odiar-.

No fue fácil ser la muchacha campesina que llegó perdida a la capital, me di cuenta que no se necesitaban tener estrellas en el cuello para lastimar a una niña. Trabajé en lo que pude: recogí casas, limpié baños, cuidé niños, lavé carros. Mi sueño era seguir inventando vidas, ya no a los pueblerinos de Santa Elena, sino a los citadinos de esta gran Caracas. Todo en mi vida, después de mi entrepierna sangrando, ha sido tardío. Aún no me enamoro, vivo en una habitación estrecha, como una vez al día y casi no duermo.

Pero amo mis horas de insomnio, en ellas escribo. Dentro de un año recibiré mi título como Licenciada en Letras de la Universidad Central de Venezuela, no digo que con eso vaya a cambiar de habitación o vaya a comer las tres veces, pero escribiré mi historia. Inventaré una infancia con una abuela que teja y una madre que cuente cuentos. Eliminaré los cuellos de las camisas, extinguiré el color rojo del círculo cromático y construiré un hombre a quien pueda decirle “papá”. Estoy sola, no sé si soy feliz. Pero de lo que sí estoy segura es que la abuela y mi madre tenían razón, fui diferente a ellas, de Santa Elena queda todo…pero ahora, solo en letras.

NUEVA PALABRA

Sin alma

Miguelino

José Miguel González Abreu Venezolano. Es el más joven escritor de Palabra Infinita. Actualmente radicado en Tenerife España. Asumió el seudónimo Miguelino como una forma de honrar a su padrino, que desde muy pequeño le llamaba así y hoy lo acompaña desde todas partes y ninguna.  Descubrió que leer lo llevaba por mundos en los que le agradaba estar y que si escribía podía prolongar esa estadía. Él explora sus vivencias a través de sus cuentos, sigue coqueteando con las palabras hasta conseguir su propio lugar. Sobre leer y escribir comenta: “Todavía recuerdo la primera vez que leí un libro completo, “El hombrecillo de papel” así se llama.  Antes de hacerlo me preguntaba porque mi mamá se concentraba tanto en esas hojas de los libros, no entendía porque se sumergía a tal grado, ella es de las que tiene una pila enorme de libros a su lado. Hasta que un día comencé a leer y eso se apoderó de mi atención. Empecé a leer más… las palabras se transformaban en imágenes, imágenes que fueron creando personajes mágicos, surrealistas.  La escritura es otra cosa, siempre estuvo en mí. Cuando era mocoso me sentaba en la arena, hacía castillos y relataba historias, cosas que inventaba, y que sigo inventando…, ahora las escribo”. 

Sin alma: experimentar con lo desconocido puede traer indeseables consecuencias

Miguelino

Aquí sentado en medio del silencioso abismo de mi locura escucho como a mis pulmones entra tu recuerdo, el perfume aún presente en la habitación me hace revivir todos los bellos y tristes momentos que vivimos juntos, cada carcajada reprimida a las 3 a.m sin poder evitarlo se volvía un alarido mareante de risa y las lágrimas que derramamos en las tantas discusiones. Las tardes en las que la vida se centraba en ti y en mí eran suficientes. El hecho de tenerte ya era más de lo que jamás llegué a merecer. Cuando me vine a dar cuenta ya era tarde y no valía mi arrepentiemiento.

Hay ruidos extraños en la negrura.

Una ligera sonrisa se asoma en la oscuridad.

—Shinigami, ¿Qué haces aquí?

—Nada especial. Buscando lo que no debería estar —respondió la filosa y sombría voz. El silencio en la habitación se volvió más y más espeso. Y entonces  habló de nuevo.

—¿Disfrutaste de tu último aliento?

Algo pesado se empezó a regar por el espacio, el antes agradable perfume empezó a transformarse en un hediondo olor a azufre y humo.

El monstruo salió al claro destello que entraba por una de las ventanas. Su sonrisa penetrante atravesó mis parpados. Sentí como el terror invadía mis articulaciones, rememoré como si fuese un cortometraje mi vida… la imagen de tu risa y tu voz comenzó a ser cada vez más y más audible hasta que se convirtió en aullido.

Ahí fue cuando bañado en sudor la pesadilla terminó y desperté.

¿O no…?

Mi cuerpo inerte yacía en la cama bañado en un charco carmesí. En la lejanía   escuché ruidos de radio policial y a alguien decir:

—Asesinato… la perpetradora bajo custodia. Prueba de drogas confirmada… alucinógenos…

Y el último pensamiento mientras dejaba de ser materia… fue para ella… mi propia novia, a quién tanto añoraba, la de la risa suave… me había quitado la vida…

PALABRA GUARDADA

Dudas: poema V

La soledad, las despedidas y otras reflexiones forman parte de lo abordado en el poemario Dudas. En esta entrega el poema número V.

Vagalume

V

Si el alba me regala su luz

y la luna me acompaña en las noches

Si los amigos sirven a las risas y distracciones

y la familia brinda sus dones

    de amor, de compañía en los momentos

Si las estrellas me observan, lejanas

    en la profundidad de su cielo

Y este sobrepoblado mundo, me acoge

¿Por qué me siento tan solo, entonces?

¿Qué hará falta para la visita de una felicidad

   que prevalezca, que no sea fugaz?

La opulencia no me atrae

El dinero no me compra

Las iglesias y los dioses

 no encandilan ni sorprenden

¿Quizás, será la risa de un  inocente o

     la mirada enamorada de una mujer

cuyo nombre no ha sido presentado?

¿Me faltará la voz de los perdidos o, acaso,

                                        algo desconocido?

Justicia, igualdad de clases

Amor, consuelo

                                        No lo sé

Tal vez un vaso de vino

 quizás la botella entera

Tal vez un poco de la planta

 que coloca sonrisas donde se olvidan

Quizás algo, quizás nada

He llegado a pensar que nada

                                  tiene sentido

Que sólo soy  joven y deseo lo imposible

una despedida

un abrazo de siglos

un susurro que diga

                mucho o poco.

PALABRA SECRETA

La fiesta

Ella siente que necesita distraerse, salir, bailar puede ser algo agradable… por eso decide ir a la fiesta pero, ¿será realmente lo que precisa para cambiar su vida?

Guadalupe

                Mientras abro la puerta de casa, escucho el tintineo de la llave. En una mano sostengo la bolsa de las compras, no sé por qué me hundo en la melancolía. Me siento extraña, todos los días  la misma cosa. Voy al trabajo, regreso, hago la compra, cocino para el día siguiente. Es como si subiera  y bajara una escalera y siempre permaneciera  en el descansillo. Para espantar los pensamientos sombríos decido poner un poco de música. Me desplazo por la estancia  y me dejo invadir por la melodía. Guardo las cosas en su lugar entre  saltitos y pasos de baile que terminan haciéndome reír, entonces llego a la conclusión de que eso es lo que necesito, distraerme, bailar, jugar un rato.

                Me preparo para comer cuando escucho el timbre de mi móvil, tengo un mensaje de Whatsapp. ¡Justo lo que necesitaba! Ya llevo puesto el pijama y me da por pensar que mi cama tibiecita y ese rato que había anticipado con la taza de chocolate y mi libro favorito son más atractivos que una noche agitada. Espanto la modorra, la voz de mi amiga me habla a gritos en la cabeza: es necesario que salga de la rutina, que me divierta. Vuelve mi ánimo fiestero, me doy un baño rápido y tomo unos minutos para vestirme, algo no muy revelador pero tampoco aburrido, un toque de maquillaje, tacones…, mejor no, tengo mucho tiempo sin salir a bailar y no quiero que me duelan los pies así que unos zapatos cómodos y coquetos son una mejor opción. La imagen que me devuelve el espejo es halagadora, soy una belleza morena.

                El amigo de mi amiga llegó puntual a las nueve. Se me encoge el estómago cuando me subo al vehículo, pero aún así lo hago. Unos minutos después tengo total certeza de que no debí haber venido, quizá por el hecho de que algunos de mis comentarios son ignorados y me hacen sentir incómoda. Espanto  la sensación desagradable mientras los escucho comentar por tercera o cuarta vez que el sitio elegido no les gusta. Hasta el momento solo hemos pasado de un establecimiento a otro sin siquiera bajarnos del vehículo. Finalmente deciden que ninguno de los sitios de moda de la ciudad es atractivo y prefieren hacer  la fiesta en casa del  hombre, yo pienso en mi cama tibiecita y en que me gustaría estar en ella y no en ese carro.

                Llegamos y el tipo provee todo lo necesario para unos tragos, coloca música a volumen moderado. Todos tarareamos la canción y de pronto siento que mis tripas crujen, tengo hambre. Salimos por ahí mismo a comer alguna chatarra, en el camino alguien comenta que las fiestas del fulano son legendarias, por como terminan. No sé por qué no me gusta el comentario. Ya de vuelta comenzamos a beber y él coloca música. Nos divertimos, no lo negaré, bailamos como locos, hacemos algunas piruetas y recordamos años pasados.  Cuando ya son como las doce o una de la madrugada comienzo a sentirme mareada y no quiero beber más, deseo irme. Mis compañeros de copas están mareados también, pienso que es el momento de acabar la fiesta y así lo comunico pero ellos no me hacen caso, continúan bailando y gritando se pasan un cigarrillo de uno al otro y beben aún más. Yo ya no deseo hacerlo y la verdad, nunca he fumado así que me mantengo fuera.

                Algo extraño sucede mientras intento decirle a mi amiga que ya es buena hora para irnos, muy cerca de su acompañante un individuo un poco borroso hace aparición, pasa lentamente a su lado y se pierde dentro de la casa. Me parece extraño que ninguno de los dos lo invite a participar pero esa no es mi casa así que no me meteré en eso. Cuando voy al baño lo avisto de nuevo en la cocina, parece que prepara algo de comer pero antes de que cierre la puerta lo veo desfilar hacia un cuarto que queda al fondo, no le presto más atención, debe estar  molesto con todo ese ruido  a estas horas.

                Cuando llego a la estancia donde están mis amigos, me encuentro con otro personaje al que no había visto. Me lo presentan como otro amigo y me invita a bailar, está bien, bailo un momento con él y me dejo llevar por la emoción de una canción. Colocan una lambada y los otros dos se avientan a bailar, en un momento estamos chocando todos contra todos, el fulano me coge por la cintura y me apreta a él mientras bailamos, yo me suelto entre brinquitos disimulando pues aquello no me gustó, vuelven al ataque, ahora son los dos caballeros que me hacen quedar entre ellos, uno intenta darme un trago y el otro coloca un cigarrillo en mi boca, rechazo ambas cosas y deshago el extraño sándwich. Van por mi amiga ella acepta de buen grado el trago y le da una calada al cigarrillo. Yo aprovecho para alejarme. No sé qué se han hecho los otros dos y me encuentro sola con el tipo. Él coloca otra música toma mi mano y me hace levantarme, comenzamos a brincar por todo el espacio, quiere apretarme de nuevo contra él pero yo no quiero así que hago un movimiento muy brusco y  le doy un cabezazo terrible en su boca que de inmediato sangra. Apenada le pido disculpas, él me dice que su mujer lo va a matar cuando vea eso y se me acerca demasiado. Quiere un beso y me lo dice, además completa todo el asunto diciendo que le gusto. No sé cómo reaccionar, por supuesto que no me provoca besar a ese tipo que acabo de conocer,  no me gusta para nada y además está tan borracho que apenas puede sostenerse en pie, mi cara habla antes que yo y le dice claramente que su propuesta no fue aceptada, el asunto se torna peligroso porque me doy cuenta que el rechazo le molesta. Empieza a decirme cosas: que soy del tipo de mujeres que se creen mucho, y que soy antipática con quien no me gusta, que era una lástima porque yo le gustaba “Qué mal por él”. Todos mis músculos están tensos cuando intenta tomarme la mano. Sin darle la cara me alejo y veo que vuelven a aparecer en escena los otros dos, están risueños, de brazos cruzados les digo que quiero irme, me ignoran, así que me siento en un rincón y veo que los tres comienzan a bailar de nuevo, se ven realmente grotescos, parte del esfuerzo se les va en tratar de mantenerse en pie porque es demasiado el alcohol que les corre por las venas. Hacen un sándwich con mi amiga, luego el tipo que golpee en la boca sigue “bailando” con ella y ambos caen al suelo, mi amiga se aporrea la cabeza y tarda en levantarse, no me importa la veo con mucha rabia, pienso que eso le pasa por no hacerme caso. Su amigo corre a ayudarla a levantar.

Oh, oh, ahí viene el ebrio de nuevo. Me ofrece un porro, le explico con hastío que no quiero fumar ni beber que estoy cansada, se le iluminan los ojos de becerro y en su rostro aparece una sonrisa tan estúpida, como si estuviera por ofrecerme algo que no podría rechazar: quiere  llevarme a casa. Sin ningún tacto me niego, le explico que prefiero irme con quien vine. Se enfurece un poco, dice algunas cosas incoherentes con la lengua pastosa pero al ver que están bailando los otros dos se une a ellos, yo me adormezco un poco, mis sentidos se alertan con el calor de un cigarrillo cerca de mis labios, lo rechazo de un manotón. Con los brazos en jarra me enfrento a los otros dos, les digo que ya está bueno, que debemos irnos y el hombre me grita que nadie me espera en mi casa, que me relaje. Me enfurezco y enfrento a mi amiga y recibo de ella la misma respuesta. El ebrio apresa mi muñeca con fuerza yo manoteo y le digo que necesito ir al baño, él ofrece servirme un trago que estoy segura no beberé; aprovecho y me alejo de allí. Miro hacia la cocina y me doy cuenta que el mismo muchacho que vi antes se encuentra mirándome, me extraña eso, se pierde de nuevo en el cuarto, sin saber por qué me dirijo hacia allá. Lo encuentro sentado en la cama, tiene las manos en la cabeza.  Yo me detengo en el umbral y lo observo, él no habla y yo tampoco, con la cabeza me indica que cierre la puerta, lo hago. Ahora advierto menos su presencia, está oscuro. Me siento a su lado y cruzo con fuerza mis brazos, hace frío en ese cuarto, tanto que me taladra los huesos. Me adormezco y unos golpes en la puerta me despiertan, alguien intenta abrir pero no puede. Escucho al ebrio decirle al otro “esa chama se apagó, nojoda yo me voy” suspiro de alivio. No sé en qué momento cerré esa puerta, no recuerdo haberlo hecho, estoy sola en el cuarto.

                Finalmente la música se apaga. Abro con sigilo y salgo casi en puntillas. El ebrio no está por ningún lado. La pareja que momentos antes había estado besándose intensamente me mira. Me alegra escuchar  que ella está muy mareada y admite que es hora de irse, está a punto de amanecer.

                Comienzo a sentirme tranquila porque ya nos vamos pero algo ocurre, la cerradura de la puerta falla, “coño, lo que faltaba” pienso. Por más que intenta esta no cede. Se apodera de nuevo una molestia inusual en mí, reviso la cerradura advierto que el pestillo está al revés y que al enderezarlo abrirá, nada, él no puede y yo tampoco aunque sé perfectamente que es lo que hay que hacer, de nuevo mis sentidos vuelven a ponerse alertas porque el  hombre me está invitando a que me acueste en su cama, entre risas los dos me dicen que nos acostemos los tres hasta que amanezca, pues ya falta muy poco. Pero yo ignoro la loca propuesta y lanzo:

—No vas a poder tu solo, ¿por qué no le dices a tu amigo? —Él me responde alarmado

—¿De quién hablas? ¿Qué amigo?

—El que está durmiendo en el cuarto del fondo, yo acabo de verlo, estuve hablando con él hace un rato, está con un short negro y va sin camisa.

                Como un vendaval el hombre entra a la pequeña casa y blandiendo un palo al aire comienza a gritar locuras. Yo siento ganas de reírme hasta que escucho a mi amiga decir que no debí nombrar a ese “tipo” que ahora nadie iba a sacar al hombre de ahí, que era mi culpa si se volvía loco. No entendí. Ella me dijo de nuevo:

—¿No te das cuenta de que lo que ese tipo que nombraste  es? —arrugo la frente sin entender—, ¿no te das cuenta? —finalmente advertí.

—¿Yo que iba a saber que ese era un aparecido?

                Cansado de golpear el aire el dueño de casa se dirige de nuevo a la reja y hace palanca con el palo que carga en la mano. Yo empujo fuerte y la puerta cede, ¡al fin! Salgo y enderezo el pestillo mientras explico tonterías del motivo por el que la puerta no abría. Con mi bolso en mano espero que ayude a mi amiga que está tan ebria que apenas puede caminar derecha. Mientras vamos en camino ambos dicen que desean vomitar, yo solo deseo llegar a casa.

                Mientras giro la cerradura, escucho el tintineo de la llave, el aire limpio y fresco de mi hogar me recibe, hace rato amaneció y yo no puedo estar más agradecida, mientras me desvisto, pienso un poco en el extraño personaje. Ahora que recuerdo su cara siempre estuvo borrosa, nunca pude ver sus facciones, tampoco lo escuché hablar, aunque su presencia en la cama si era bastante sólida apenas se dibujaba su silueta en el borde. No me siento asustada al recordar, entendí cuando me pidió que pasara y cerrara la puerta y me gustó el momento que pasé con él. Estoy arropada hasta la nariz y afuera cantan los pájaros. La claridad juega con mis cortinas y hace figuras. Suspiro mientras pienso que definitivamente las noches extrañas no son para mí, no puedo evitar reírme un poco de mí misma, al recordar la forma en que fui a parar a esa extraña fiesta. Cierro los ojos. ¡Qué va! Está bien subir y bajar varias veces las escaleras. Por ahora prefiero no pasar del descansillo.

LETRA MÁGICA

Editorial 3

«El poema es una danza

pero los poetas no son

                                         bailarines

Los poetas preparan el escenario

                    afinan los instrumentos

                       y colocan la música.

Las páginas son las que bailan.

Como tú, en mi cabeza,

                                           al amanecer.»

                                                         El pecho del cisne

                                                                                                                                                      Ismael Baptista

Todos los 21 de marzo se celebra en algunos países la entrada oficial de la primavera y también  el día mundial de la poesía. Propuesto en 1998 por la organización Unesco este día se celebra como una forma de celebrar la palabra que siempre nos permite reflexionar sobre las alegrías y tristezas de la vida y el mundo. Aquí lo celebramos con los poemas de nuestro Vagalume, con nuestra prosa, con nuestra palabra, palabra bendita, palabra infinita.

Poesía
PALABRA INCÓGNITA

Paseo – El niño, el viejo y yo – Temblores

Elías Baptista†

Lector empedernido, escritor, poeta y minificcionista. Fue estudiante de Lengua y Literatura en la Universidad de Carabobo y su misión autoimpuesta era que la gente que le rodeaba  leyera, por eso siempre cargaba un morral lleno de libros que ofrecía sin egoísmo y con compromiso, leer y comentar. En esta oportunidad dos cuentos de su autoría:

Un viejo que quiere sacar de Paseo a su perro y su fiel can que lo seguirá a donde él quiera.

Un cuento sobre la incertidumbre, nuestra misión en el mundo y el tiempo. De esto se trata El niño, el viejo y yo

Carlos Mario Cortés

Es un estudiante de Biología de la Universidad de Carabobo que descubrió su amor por las letras debido a la curiosidad, la misma que lo ha llevado a explorar el mundo de la minificción. Es preciso decir que también se desenvuelve como pez en el agua con cuentos de más largo alcance. Para él la escritura es un reflejo de las vivencias y sin importar lo fantástico siempre muestran una realidad, es por ello que ensaya  diversidad de temas  en su cuenta de Instagram que pueden visitar: @mokaccinodeletras para esta tercer entrega de Palabra Infinita su cuento: Temblores.

Paseo

Elías Baptista†

La última cosa que pidió el abuleo en su lecho de muerte fue que trajeran a su perro Niebla con la correa de pase. Cuando le preguntaron para que lo quería con la correa, modestamente respondió:

—¡Para sacarlo a pasear!

Todos atribuimos que era por la demencia senil que lo afectó en los últimos meses. Le trajimos a Niebla, un perro sin raza, pequeño –el perfecto perro de compañía para la gente mayor- este en particular gozaba de una avanzada edad, pero poseía una vivacidad increíble.

Apenas el abuelo lo vio, lo acomodó al lado de la cama. No pasaron ni cinco minutos cuando reparamos que amo y can habían muerto.

La abuela gritó cuando lo descubrió

—¡Coño, el muy hijo de puta se llevó al perro!

El niño el viejo y yo

Elías Baptista†

Me encontraba sumido en el letargo del tratamiento cuando la realidad y el universo me desdibujaron. De pronto me vi en medio de un puente en la oscuridad. Un niño y un viejo que parecían conocerme estaban a mi lado.

El niño me sonrió sin algunos dientes. El viejo me miraba fijamente mientras se tocaba la barba.

El niño sin vergüenza ni modales, metió su mano en mi bolsillo y sacó mi cartera. La hurgó con tal rapidez que cuando la quité ya había sacado mis documentos.

—Se llama como yo —dijo el niño al viejo, mientras se refugiaba detrás de él.

—¿En verdad? Qué extraño —dijo el viejo con esa fingida sorpresa de los abuelos, y quitándoles mi carnet lo examinó. —sí, es verdad, se llama como tú, pero tambén se llama como yo me seguiría llamando

—¿Seguirías…?

—Sí… ya nada es seguro, toma —dijo y me entregó los documentos —cuida mucho eso.

—¿Qué cosa? —preguntamos el niño y yo al unísono

Su respuesta fue una sonrisa.

¿Quiénes eran estos seres? El niño vestía unos shorts azules y una franela marrón con un estampado de guitarras, que era a toda vista de un adulto. El viejo vestía de forma casual con jean, camisa unicolor y zapatos deportivos. Un bastón y una pipa como la Gandalf, reposaban en sus manos. Los contemplé y al fin los reconocí.

—Ustedes son yo

—No —dijo el viejo

—Fuimos —corrigió el niño— o, por lo menos, yo fui.

—Y yo nunca seré, por lo que veo. Aunque esto muy pronto a confirmarse —puntualizó el viejo. Desvié la mirada al puente, y descubrí que estaba sin terminar.

—¿Qué hacemos aquí?

—Aprender —dijo el viejo

—Recordar —dijo el niño

Asustado por sus respuestas, les exigí saber que querían y los dos respondieron lo mismo

—Enseñar.

Atormentado intenté retroceder y alejarme de ellos, pero siempre regresaba al mismo punto, de frente al puente sin terminar.

—¿Qué diablos ocurre?

—Shhh —me chitó el niño— no digas esa palabra. Si la dices mucho, se apece.

—¿Cuál palabra? —pregunté distraído

—la que comienza con “D”.

—¿Diablo?

—¡Te dije que no la dijeras! No la repitas

Iba a protestar pero me interrumpió el viejo

—Puede que exista o no, la verdad no importa mucho, solo si es verdad que si se dice muchas veces, esa palabra, puede traer malas energías y no estamos para más veneno.

—¡QUIENES SON USTEDES! —les grité

—El olvido —dijo el niño con enojo

—Esperanza —contestó risueño el viejo.

A la sonrisa del viejo le faltaban los mismos dientes que al niño. De pronto su apariencia cambió: estaba gordo, vestido de traje y con el cabello de color verde. Y sin más, volvió a ser el de antes.

—¿Qué te ocurre? —preguntó el niño verdaderamente preocupado

—Nada, esto demuestra lo que digo…

Sin entender nada se me ocurrió saltar por el puente. Pero antes de levantar un dedo, el niño y el viejo me agarraron. La mano del niño era caliente, como si tuviese fiebre, y la del viejo era fría.

—¡Quieto! —gritó el niño

—¡Idiota! ¿Qué haces? —exclamó el viejo

—No entiendo nada —y sin más me derrumbé a llorar.

No sé cuánto tiempo lloré, pero cuando me di cuenta, el niño sentado a mi lado jugaba con unos juguetes que no tenía antes y el viejo seguía de pie viendo la negrura, mientras me acariciaba la cabeza.

Carlos Mario Cortés es un estudiante de Biología de la Universidad de Carabobo que descubrió su amor por las letras debido a la curiosidad, la misma que lo ha llevado a explorar el mundo de la minificción. Es preciso decir que también se desenvuelve como pez en el agua con cuentos de más largo alcance. Para él la escritura es un reflejo de las vivencias y sin importar lo fantástico siempre muestran una realidad, es por ello que ensaya  diversidad de temas  en su cuenta de Instagram que pueden visitar: @mokaccinodeletras

Cada cierto tiempo la tierra mueve sus entrañas y sacude todo lo que lleva encima… estés donde estés los temblores te agarrarán desprevenido.

Temblores

Carlos M. Cortés

2:53 am 13/01/2018: Instituto de Sismología

     Todo en las mesas se convulsiona violetamente,  la pantalla de la computadora se estampa contra el piso, Samantha se ahoga con el humo de su pipa, ¿Qué otra cosa puede hacer a las tres de la mañana cuando vigila los resultados? Alcanza como puede las tazas, libros, fotos y adornos, en todos lados hay ruido de vidrios rotos, el mundo se sacude con violencia, casi puede ver a las columnas de concreto bailar. La paranoia la golpea con fuerza cuando un pequeño pedazo de concreto cae en su rostro y ya no puede mantenerse en pie. “El peor viaje de la historia” piensa, mientras una alarma empieza a sonar, la máquina arroja los resultados, aparentemente hay una alta posibilidad de temblor.

2:53 am 13/01/2018 Una residencia estudiantil en Caracas

     Adrian dormía cuando empezó la locura. Lo despertó una botella de agua de colonia volando junto a su cabeza antes de estrellarse contra el suelo. El aire se llenó de gritos, y  sin pensarlo dos veces mientras las láminas de zinc en el techo hacían un ruido de platillos  atravesó la sala de la residencia y salto la escalera. Los vidrios de su ventana explotaron y alcanzó a ver desde la calle como las paredes se agrietaron.

Cuando la adrenalina pasó el viento frío le recorrió las pelotas, las viejas olvidaron el temblor para señalarlo. Escuchó las burlas mientras sentía sus mejillas arder y como pudo se tapó la entrepierna.  Tardó lo que `parecieron horas en  reunir el valor para entrar nuevamente a la casa agrietada. Después de ese día no volvió a dormir sin ropa.

2:53 am 13/01/2018 Un barrio de valencia

     En su cuna José llora a todo pulmón y la pequeña Sofía siente que su mundo se acaba, grita llamando a su madre, no se despega de su cama por el miedo. Con cada sacudida la niña siente el techo más cerca y en su cama da pequeños saltos por el aire que no puede controlar. Un móvil que adorna la cuna cae sobre la cara del bebé. Mientras en la habitación de al lado Yeni, tirada en el piso, con la aguja junto a ella, vuela. Cada sacudida de la tierra cambia el canal y le trae nuevas sensaciones y placer, si tan solo esos estúpidos ruidos la dejaran volar en paz.

2:53 am 13/01/2018 en un motel de Yaracuy

     Juan mete un pezón en la boca mientras aprieta el otro seno de Raquel, tal vez haciéndole daño, mientras embate sus caderas con fuerza ella lo aprieta con sus piernas rodeando su cintura, cuando la potencia y el ritmo va en crecento todo los acompaña, el mundo se sacude junto a ellos. Tal vez es solo su imaginación. Ella pide más gimiendo y lo que sale de la boca de Juan recuerda un poco a un extraño ronquido.

 “más, más, más” dice ella, mientras los muebles caen al suelo y él pone sus manos en las caderas de la mujer. La cama ya no puede con el peso y cede, Raquel se asegura a la espalda de Juan con uñas y dientes, con un último jadeo los tres terminan… Juan, Raquel y el temblor.

2:53 am 13/01/2018 Una acera de Barquisimeto

     Pedro siente dolor en su culo pues la acera no es un cómodo mueble. Se lleva la botella a la boca y el repulsivo sabor del cocuy barato lo castiga, se da asco de una manera que no logra comprender del todo, así que bebe más para que la incomprensión mute en olvido. Cuando empieza el temblor las sacudidas empeoran el mareo y lo atacan las náuseas.  Su habitación de alquiler está a solo unos metros de él, anexa al cuarto de las hijas de su vecino, cuantas veces  las escucho reír mientras en secreto envidiaba la familia de aquel hombre, gordito y bonachón.

Tiembla y las grietas empiezan a aparecer, surrealismo puro, se propagan por las paredes como la versión lenta del astillar de un vidrio, su cuarto se colapsa y por unos momentos no procesa realmente lo ocurrido, pensaba en sus cosas perdidas cuando escucha los gritos y llantos de su vecina. El cuarto de las niñas esta igual que el suyo, sin el techo y con solo media pared, pero su habitación estaba vacía, mientras que en la adjunta solo hay carne aplastada de tres niñas. Mira la botella mientras le da otro trago y llora en silencio.

De 1 :30am a 2:53am 13/01/2018   Por las calles de Naguanagua

     Rafael camina arrastrando los pies. Rompió su propia marca personal, jamás hasta ese momento se había sentido tan fuera de lugar, deseó no haber ido a esa fiesta, solo para ser rechazado por todas las mujeres en ella, “Solo quería bailar nada más”, ama moverse al ritmo de la música, paro para eso necesita pareja, a la una de la mañana no lo soportó más, ser el único sentado afuera mientras los demás estaban en la pista de baile, abrió la puerta y se fue sin decirle a nadie.

Había algo malo en él, eso era obvio, muy probablemente se pasaría su vida solo, pero lo peor era no saber en qué fallaba.  Llego a su casa a pie, eran las dos y cuarenta y ocho según su teléfono al cual le dio un chequeo rápido y no respondió el mensaje del amigo con quien se supone iba a volver a su casa, de todas formas el mensaje seguramente era una disculpa porque lo dejo tirado para irse a tener sexo.

Casi todas las luces del costado del edificio estaban apagadas y cuando entro tuvo que esperar unos minutos el ascensor, una vez adentro cuando las puertas se estaban cerrando escuchó una voz de mujer decir: “páralo”  una muchacha de cabello negro y piel morena entro al ascensor, era bajita y apestaba a alcohol, en todos los sentidos era una mujer promedio, pero es curioso que cuando alguien te gusta los atributos de esa persona se disparan a niveles hollywoodenses, y esta muchacha la gustó muchísimo a Rafael, mientras se tambaleaba le dio las gracias, y ambos se sonrieron, se presentó como Kimberly, marcaron último y penúltimo piso, Rafael se preguntó como no la había visto antes. La chica revisaba su teléfono y dijo arrastrando las palabras que “él” había muerto, mientras señalaba el aparato

—¿Qué hora tienes?

—Dos y cincuenta y tres

En ese momento el elevador empezó a sacudirse y golpear contra las paredes del conducto y Kimberly se abrazó fuerte al muchacho mientras temblaba, se quedaron a oscuras. Luego de un rato en el que no sabían si se desplomarían con el ascensor o no y cuando por fin dejó de temblar permanecieron abrazados.

 “Vamos a estar aquí bastante tiempo” le dijo a la chica y ella asintió con la cabeza sin soltarlo ni un poco.

Se casaron tres años después.

2:53 am 13/01/2018 Una casa en Caracas

     Roger y Andreína llevaban juntos más de cincuenta años, cincuenta y dos cumplidos ese día para ser exactos, eso estaba pensando Roger antes de dormir y en la funesta afirmación de su mujer, este año es el último mi viejo, le había dicho.

 el temblor despertó a Roger que salió disparado de la cama y empezó a ponerse los zapatos mientras llamaba a su mujer “Andreina párate, apúrate, hay que salir” el temblor era fuertísimo y los gritos de Roger igual, pero no obtuvo respuesta, ella estaba tendida en la cama, con el rostro pálido y una sonrisa en la boca, las lágrimas surcaron a raudales el rostro del viejo, que volvió a quitarse los zapatos y se acostó junto a su mujer, lloraba en silencio abrazado al cuerpo mientras la cama parecía casi caminar sola, sentía el frio de Andreina, paredes y techo amenazaban alto y claro con venirse abajo, y el viejo le decía, “sí fue el último vieja, sí fue el último”; el temblor no podía importarle menos.

NUEVA PALABRA

Like, Ausente por un Rato y Del Tiempo Aprendí

Miguelino

Los like, la música y los momentos en redes sociales inundan la vida de los jóvenes de todas las latitudes…

Like

En este mundo dónde alguien no es nadie, una sonrisa es más afilada que un cuchillo y una palabra te asesina más rápido que una bala, me pregunto ¿Quién será el que despierte? Quién será aquél que alce el rostro y vea la ardiente belleza que nuestros ojos se pierden. La vida se nos escapa entre likes y comentarios, por cada like muere una parte nuestra, aquella que quiere vivir lo que plasman las fotos.

Ausente por un rato

Me pongo los audífonos y entro a un mundo que siempre fue tan lleno de colores… cada palabra de cada canción un sentimiento que va forjando nuestro universo y que se resquebraja poco a poco al abrir los ojos y entrar en la realidad, una en la que no existe un nosotros…

Del tiempo aprendí…

Tres cosas: jamás se queda quieto, jamás perdona, jamás se retrasa.

PALABRA GUARDADA

Del Poemario Dudas el poema: 8 , del Poemario El Pecho del Cisne el poema: Danza y del Poemario Heridas de Despedida: Despedidas en Rojo los poemas: VII, IX y XI

Vagalume

¿Quién es? ¿De dónde proviene?

Sus padres le asignaron el nombre de Ismael, su tía mayor le llama Jeremías, en su actual puesto laboral algunos le llaman Gregorio, sus amigos le llaman Yima, lo que quiere decir que su nombre puede ser cualquiera, que su esencia es la que marca el ritmo de las manifestaciones que lo envuelven y que lo contienen.

Es un joven de múltiples gustos, de múltiples intereses. Hace vida entre números, cuentas contables y análisis de negocio, combinándolos con un amor por la fotografía, la lectura y el deleite musical. Va de aquí para allá, comprendiendo poco a poco que el camino es lo más importante del tránsito por la vida. Y que respirar es la mayor dicha que puede tener. Aunque sea momentánea, como todo.

No es escritor. Sólo ha escrito lo que ha logrado sacar de ese torbellino que es su interior y lo ha guardado (por eso el nombre de esta sección). Hoy día lo comparte, mientras se disciplina para convertir la escritura en un ejercicio de expresión personal.

Como dijimos, su nombre puede ser cualquiera, por eso él mismo se ha asignado el de Vagalume, (que en portugués quiere decir Luciérnaga), para honrar la brillante luz que lo acompaña a todas partes, que es en resumen la poesía.

La cual llega a él en la infancia para ayudarlo a escribir una carta para su primer amor. Luego no aparece hasta la universidad, donde se le cruza en momentos de duda, de enamoramiento, de tristeza, de silencio, de soledad. En este punto, la poesía se le vuelve una medicina para el alboroto emocional que arrastró de sufrimientos no sanados y se queda para acompañar su vida.

Acá una pequeña muestra de esos cruces:

La soledad, las despedidas y otras reflexiones conforman parte de lo abordado en el poemario Dudas de aquí el poema 8.

En el Pecho del Cisne esta contenido el poema : Danza poema que abrió nuestra editorial a propósito del día mundial de la poesía.

Heridas de despedida es un poemario dedicado a su hermano Elías Baptista y toda la experiencia vivida, la enfermedad y la muerte.  De la sección Despedidas Rojas los poemas: VII, IX, XI

Dudas

VIII

¿Será que la poesía

es una habitación o

una manifestación sentimental

 de lo que ella contiene?

El Pecho del Cisne

DANZA

El poema es una danza

pero los poetas no son

                                         bailarines

Los poetas preparan el escenario

                    afinan los instrumentos

                       y colocan la música.

Las páginas son las que bailan.

Como tú, en mi cabeza,

                                           al amanecer.

Heridas de Despedidas

Despedidas Rojas

VII

Este sabor a ceniza

         seca la lengua

Los labios se rompen

Y la cama

 ni sube   ;   ni baja

El calor que entró

 poco a poco sale

Esta vez es rojizo

          y huele ácido

Mató adentro

  para luego matar afuera.

IX

Fue agobiante ver tus ojos

      marchar de lado a lado

Como de lado a lado

      rebotan en mi pecho

         estas ganas de unirme al tuyo.

XI

¿Cómo afrontar la ruptura

            de una esperanza trazada

a punta de sonrisas?

Plenitud de suspiros ardorosos.

PALABRA SECRETA

Entre Lineas

Guadalupe

Ella escribe sin descanso en su ordenador de escritorio ni tan reciente ni tan antiguo, son historias que se escriben Entre Lineas para todo aquel que las quiera leer.

                Durante esos duros años andando por veredas equivocadas escribir fue su tabla de salvación. No sabía para que lo hacía, solo se afanaba en contarse historias, en vivirlas mientras sus dedos expertos golpeaban con urgencia el teclado con letras borradas por el oficio y llenaban página tras página. La noche dio paso a las madrugadas en incansable labor. Durante cinco frenéticos años reunió cuatro novelas y varios cuentos. Ya no escribía a escondidas, ahora lo hacía a sus anchas, aunque sabía que ya no era lo mismo. Se dio cuenta que necesitaba esa realidad paralela para soportar la suya.   Un buen día, la carrera maratónica de las teclas se ralentizó.

                Él llegó como un viento de dirección desconocida, tibio y aromático. De rostro suave y  líneas delgadas.  Sonrojado hasta la raíz del pelo, leyó  a tropezones su primer intento. No se arredró tras las críticas, al contrario, fue por más. ¡Qué valentía! Qué interesante escucharlo hablar de sus sueños y leer sus bosquejos a través del móvil.

                Ese primer domingo de otros muchos días que vinieron después,  flotaron en el aire barcos piratas,  lobos oníricos y hermosas mujeres. Su mirada líquida como el horizonte marino y sus palabras cadenciosas dichas en tono bajo, colmaron el ambiente de esperanza. No era más joven que ella cuando comenzó a escribir, más o menos la misma edad, más o menos los mismos sueños, tiempos dispares  y al encuentro, una vereda del camino que los hizo confluir, como un yin y yang carentes de toda lógica.

                Al verlo cargado de ilusiones ella no quiso que las perdiera. Y pasó algo más, como una embelesada y golosa niña pequeña,  quiso adentrarse en esos sueños ajenos. Lo consiguió. Con entusiasmo lo escuchaba hablar de sus proyectos, lo veía  parir en la propia mesa de su casa, palabras ordenadas en forma tan armoniosa, que provocaba ponerse a bailar. De hecho las teclas hacían una especie de danza: descansaban mientras sus huesos inquietos recorrían la estancia ante alguna tribulación de los personajes, o ante algún reencuentro de la ficción  y volvían a bailar  al compás de sus dedos emocionados.

                Se hizo común y necesario para ella escucharlo hablar, hacerlo ella también, mostrar uno que otro truco, una que otra calleja por la que podía transitar y que casi al instante era sorteada con éxito y total maestría  por parte de ese no alumno improvisado que sin saber exactamente como, se arengó a su vida. Pronto fueron dos las máquinas ocupadas en dar a luz sueños. No había descanso en el ritmo constante y musical de los teclados. El ordenador de ella  era de escritorio, ni tan reciente ni tan antiguo; el de él era  moderno y pequeño y hacía un sonido acuático cuando se detenía a corregir algún error.   

                En poco tiempo tuvo ante sí a alguien crecido, cada vez más curtidas sus ideas y escritura,  interesado en leer y aprender. Qué hermoso ver tal prosperidad, el cuidado fanático que ponía en cada revisión, su tesón,  la osadía de sus letras y  sobre todo esa pasión al defender cada milímetro de su espacio literario.

                Deseó con fuerza que no le pasara lo que a ella, que no fuera absorbido por el agujero negro de la necesidad de ganarse la vida o de renunciar. Deseó con egoísmo que tuviera la suficiente  entereza para defender ese territorio abismal y amado de las letras… Pero esos deseos eran tan inciertos  como el futuro que él aún tenía que inventarse.

                Las noches de actividad febril ante los ordenadores se repitieron durante un tiempo. Tiempo en el que ella absorbió cada encuentro como algo único y deseable. Luego, las responsabilidades que impone la vida, hicieron mella, ensancharon el camino, la escritura pasaba a segundo plano, como siempre. No importó. Aún estaba el recurso del móvil.

                Lo vio de lejos abrirse paso en otras áreas, en los estudios, en el trabajo, se sintió contenta y lo extrañó.  Por primera vez supo explicarse que el infrecuente silencio de las teclas era simplemente el sonido de la soledad. Como en una película lenta recordó sus palabras, las ideas proyectadas en voz alta, todo aderezado con su risa y esa chistosa costumbre de soltar una especie de balido parecido al de los chivos cuando algo se demoraba en su cabeza más de lo que había previsto.

Decidió que apoyaría cada paso, cada decisión, incluso la de abandonar por momentos sus letras porque le tocaba vivir. Pero también alentaría, una y otra vez. Ella sabía que por muchas tribulaciones, por muchos giros que diera, al final la calma de la escritura ganaría. Estaba convencida de que él era tan raro como ella, esa clase de gente para la que escribir es una forma de adecuarse al mundo y  aunque por momentos el torbellino de actividad y acontecimientos exigieran a golpes su atención, tarde o temprano, la pluma, el ordenador y las ideas se acoplarían como un engranaje para formar  de nuevo una sola pieza.

                Pensó entonces con cariño que cerca o lejos sería agradable saber que sus ideas siguieron brotando y que su energía no se apagó. Que las líneas borroneadas al apuro en cualquier hoja, encajaron magistralmente.

                Ella sigue escribiendo. Su ritmo no cesa y sus palabras van siempre  acompañadas  con tazas de café y montones de chocolates Savoy en domingos solitarios. El ruido de su ordenador ni tan reciente, ni tan antiguo, irrumpe en la madrugada con el ritmo conocido de las teclas, que hilvanan historias como esta, de cariños y deseos, que se leen entre líneas y luego se echan a volar.

LETRA MÁGICA

Editorial 2

“La mujer tiene el poder de dar vida. Pero desde mi perspectiva llevar personas en su vientre y traerlas al mundo es sólo una pizca de su fuerza. Lo que de verdad la engrandece es su capacidad de inspirar.  Una sola mirada, una simple caricia, un pequeño gesto amable o la sencilla sonrisa de una mujer, puede reordenar el  tempestuoso mar  y convertirlo en una ciénaga, en segundos”.

                                                                                                                                                      Ismael Baptista

Esta segunda entrega va dedicada a las mujeres. Mujeres que viven, que ríen, que lloran, que se enferman, que sanan. Mujeres que son madres, hijas, hermanas. Mujeres que pasan por experiencias traumáticas pero que aprenden de ellas y son capaces de levantarse y seguir. Mujeres que disfrutan de su sexo o que justo ahora decidieron que lo harán. Mujeres que exploran su vida como si fuera ajena, mujeres que se equivocan y vuelven a empezar. Mujeres que desde la sororidad reconocen a otras mujeres y las exaltan. Esta segunda entrega de palabra infinita va dedicada a nosotras.

Mujeres
NUEVA PALABRA

Fuera de los estándares y Relato de un tiempo extraño

Miguelino

Ella es diferente, rompe el paradigma…

Fuera de los estándares

Apenas visible entre lo invisible. Mucha gente pasaba alrededor de ella y la evitaba como si fuese un ser extraño. Su lado del minúsculo pasillo estaba vacío. Me entretuve mirándola y  comprendí  la realidad de su belleza. Era perfecta, pura… a su modo. Luego comprendí que sus ojos hacían huir a los demás. Unos ojos salvajes llenos de vida y amor, parecían reflejar el infierno en ellos, al mismo tiempo te hacían pensar en un animal herido. Absorto ante tantas emociones quise decir algo pero el momento pasó. Esa visión fugaz me dejó pasmado y me hizo comprender que aunque nos sintamos solos por egoístas, por falta de atención  o por exceso de ella, basta una milésima de segundo para enamorarse de la vida, aunque esta se baje del autobús con sus ojos extraños en la parada siguiente antes de la tuya. 

Relato de un tiempo extraño

Siempre he visto las cosas que suceden a mi alrededor desde la lejanía, una que yo mismo construí al retraerme en mis pensamientos e inseguridades. Prefería caminar solo, comer solo; vivía con miedo a todo y a todos. 

Menos a ti.

Tú, con ese suave abrazo haces que los demonios desaparezcan. Tus miradas compasivas si caía en plena carrera o la sutileza de tu mirada cuando hice alguna estupidez, ¡y vaya que hice!, hago y haré estupideces.

Contigo comprendía cada mínimo detalle de lo que hablábamos y aunque fuese un extra en mi propia vida tú me hacías sentir como el personaje principal de una heroica historia.

Tú, mi titán. Por tantos años te alzaste enorme ante mis ojos; fuerte, valiente e iracunda cuando hacía falta.

Creía, creo y creeré en ti firme y ciegamente.

Queridos lectores:

Tengan una cosa en mente. El cielo nos regaló el pilar que forja nuestro carácter, gustos y algunas malas mañas. (como acabar el pote de helado completo sin guardar para después).

Compartan con ese extraño ser que en nuestra niñez era una especie de heroína y en nuestra pubertad se volvió una amorosa enemiga y guarden esos momentos en su memoria, porque con el paso irremediable y odioso del tiempo una cosa me ha quedado clara:

SU HISTORIA no será eterna.

Pero SU LEGADO sí lo será.

Te amaré siempre, te amaré hasta la vida…

                                   mamá

PALABRA INCÓGNITA

Diario de una Ausencia

En esta oportunidad daremos a conocer a Marian Mari. Venezolana de nacimiento y radicada en Manresa España. Marian es una novele poetisa y Diario de una ausencia es un viaje.  Durante este viaje es posible ver, sentir, palpar y oler el dolor de una pérdida, pero no cualquier pérdida, no puede ser cualquier cosa despedirse de un hijo. Un hijo esperado para ser alcahueteado por los abuelos, para ser consentido de los tíos, un hijo esperado con ilusión de madre primeriza, un hijo amado. La alegría se ve troncada de golpe y porrazo y la dicha se convierte en dolor.  Transitamos entonces por largos pasillos vacíos, nos adentramos en cuartos que ya no serán ocupados, está oscuro en esa casa mientras afuera brilla el sol.

Pero con los días, la autora nos advierte que aunque en principio le parecía imposible, puede vivir con el dolor. Renato será siempre su hijo, lo lleva tatuado en el alma, como todas las madres llevamos a nuestros hijos. Dentro y fuera comienza a escampar. Asoma la luz por un huequito y da paso al entendimiento. Es posible sonreír.

Renato estuvo en este mundo por un tiempo muy corto. Pero dejó en los corazones de quienes lo aman una profunda huella. Ese es el espacio que cabe entre la primera carta y la última. Ese es el tiempo que le tomó a esta madre entender que su hijo sigue con ella y cuida cada uno de sus pasos. Para Palabra Infinita los poemas: Febrero 4, Mayo 15, Septiembre: olvidarte, Diciembre 31 y la carta que da cierre al poemario titulada: para ti.

Febrero 4

Escondieron tu ropa en el armario

Guardaron tus fotos en una “nube”

Suprimieron tu nombre de sus bocas,

¿Creían que eso me haría dejar de llorar?

Me recetaron drogas para dormir

Me mandaron a parir otro

Me prohibieron llorar porque eso no te dejaría descansar

Y nada

de

eso

pudo

evitar

la sal.

Mayo 15

No me dio tiempo de impregnarme con tu olor, no puedo recordarlo.

Me rehúso a pensar que tu olor era aquel.

Aquel,

a estéril, a terapia intensiva, a medicinas, a goma.

A lágrimas.

De repente, de la nada, ahí está,

olor a bebé, a dulce…

A nada,

a ángel.

Olor al jaboncito azul con el que lave tu ropa, tus cobijas.

Huele a ausencia.

Septiembre: Olvidarte

Imposible.

Fisiológicamente imposible, dice mi terapeuta

Entonces, hijo,

¿Por qué me atormenta?

¿Si llevo la cicatriz de la cesárea y la herida de tu ausencia aún abierta

Como podría olvidarte?

Si eres ser de mi ser, sangre de mi sangre.

Si fuiste ser de mi ser, sangre de mi sangre.

No podría, no podré.

Diciembre 31

Deshojé la margarita.

Pétalo a pétalo,

Para arrancar cada herida que dejó tu adiós.

Seguí sangrando,

no quedó nada de la flor.

Retrocedí.

Pegue cada pétalo en su cuerpo.

Y pude florecer.

Para ti.

Otra carta de amor, hijo. No tienes idea cuan enamorada de ti estoy, fascinada también diré. Tu presencia ya era pura y perfecta desde esa hermosa y calurosa tarde de abril dentro de mi ser, aun sin saber que allí estabas te presentía, te quería.

Quiero agradecerte que nos escogieras, que decidieras nacer entre nosotros, pero sobretodo que particularmente me escogieras a mí como tu madre y te hayas formado dentro de mi vientre durante 39 semanas y un día. Ha sido la experiencia más divina de mi vida, extraña, mágica y completa.

Me enseñaste a ser madre, a ser mujer, a amar a un ser mas allá del amor, de la vida, más allá de la muerte. Me enseñaste cómo un ser humano tan pequeño y frágil es capaz de luchar en contra de las adversidades, por más duro que le resulte. Aprendí contigo que no hay NADA que no se pueda hacer para sobrevivir, para “seguir viviendo”, una gran lección que me impulsa a pensar que de ahora en adelante nada me detendrá, gracias a ti, a tu amor, a tu mirada, a tu lucha y a tu condena.

Antes de ti me quejaba por todo, por esto, por aquello. Sin prestar atención a las cosas importantes y significativas en la vida, sin advertir que hay gente que sufre, que llora, que muere. Por eso digo que antes de ti no existo, no existí. No era, no estaba.

Conocerte me dejó en las nubes, el primer día que te vi fue mágico, no entendí lo que pasaba, no sabía que sentía pero allí estabas, eras tú por fin, eras mi hijo, mi Renato. Todos fueron a conocerte. “Igualito al papá” decían. Seguro y hasta lo recuerdas.

Risueño y bonito que eras. Como sonreías cuando papá te hablaba, yo quería comerte a besos, a mordisquitos pero el dolor de la cesárea no me lo permitió, fue hasta el siguiente día que pude abrazarte, tenerte en mis brazos como Dios manda. Intente amamantarte pero no lo logré, todavía no salía nada, te ponías muy bravo y rojo. Tendrías hambre pobre hijo mío, yo frustrada, llamaba a las enfermeras para que te dieran de comer.

Al pasar las horas, los días me ibas enseñando cosas nuevas, el amor crecía más y más dentro de mí, el amor por ti, por ser tu madre. El amor a todo lo que me rodeaba.

Verte luchar de esa manera, ser un guerrero ante la vida terrenal me dejó huella. Todavía no sé cómo fuiste tan valiente y luchaste, luchaste hasta el final. Una tarde ( no recuerdo bien la fecha) pero esa tarde, me miraste. Estabas dentro de esa incubadora, con todos esos cables, aparatos que sonaban ¿Recuerdas? Me miraste, como hacía días no lo habías hecho.

 Por fin volví a ver tus ojos, igualitos a los de él. Me miraste tan bonito, como despidiéndote, como queriéndome decir algo que en ese preciso momento no entendí.

Tal vez un par de días después de esa linda mirada, sumando 12 días de nacido. Tuve que dejarte ir. Ahora tengo que vivir con eso, con tu muerte, con tu ausencia. Pero me hiciste fuerte, porque tú me hiciste a mí, tú me formaste, me enseñaste, me ayudaste y lo sigues haciendo, porque tu ausencia se convirtió en esencia, esencia de mí ser. Esencia que amaré por el resto de mi vida.

Por favor no te preocupes porque nunca te olvidaré, que mi dolor calme NO quiere decir que te olvide (eso me atormentaba, pero el terapeuta me hizo entender que fisiológicamente es imposible), te recuerdo cada segundo de mis días, te pienso, te sueño. Me haces falta, es verdad, MUCHA falta y te extraño a rabiar como ni te imaginas pero tranquilo, está en paz. Sé libre, vuela y cuídanos desde el cielo.

Te amo infinitamente, mi ángel de alas tornasol.

Mamá

PALABRA GUARDADA

A la mujer

Vagalume

En esta oportunidad  Vagalume nos deja tres poemas: Irradiar, Recomendaciones para el nuevo camino que ella recorrerá, anhelo de tu cuerpo. Como pequeña muestra de esa fuerza que vislumbra en la mujer, sencillas  palabras que en algún momento fueron inspiradas por pensar en ella, en ellas: las mujeres.

Irradiar

Me gusta el verbo irradiar

Me gusta cómo convierte

a personas en astros

Me gusta cómo se ve ella

 cuando conjugo ese verbo

                      en su nombre.

Recomendaciones para el nuevo camino que ella recorrerá

Allí donde el camino empieza

El sendero te hará un saludo

Y sonreirás maravillada

Mira bien,

                   observa

Mientras tus pies se adentran

Tu mente contemplará un espectáculo

Y caminarás extasiada

Brotan sonidos,

                             escucha

Lo natural está alrededor

Dentro de ti habrá parlantes brisas

Y conectarás entusiasmada

Unidad palpable,

                               siente

Atrás dejas puertas que cierran

Ve adelante que nuevas abrirán en magnitud

Y brillarás excitada

Elevan aromas,

                            huele 

Terreno de colores que varían

Arropa lo que verá tu mirada

Y te encontrarás fascinada

Percibe arte,

                        saborea. 

Anhelo de tu cuerpo

Sentir la humedad que recorrerá tu cuello

cuando mis labios recorran tu cuerpo

cuando mis besos tracen rutas interminables,

                                                   indescifrables,

                                             indescriptibles.

Sentir tu aroma adentrarse en mis poros

cuando el mío se adentre en  tu deseo

cuando mi olfato perciba olor a vida,

                                                a vuelos,

                                         a carnalidad.

Sentir tus manos uniéndose a las mías

                               formando un círculo

en el momento de la llegada plena.

Sentir que me quieres, que me anhelas,

que llegamos y nos quedamos.

Que no hay nada,

solo tú y yo, viviendo.

                                       Eso me impulsa.

PALABRA SECRETA

Lluvia de Tipos

Guadalupe

¿Quién es Guadalupe?

Su nombre completo es Danibia Guadalupe de los Milagros Abreu González. Es venezolana de nacimiento, se graduó de Licenciada en Educación mención Preescolar y tiene una maestría en Lectura y Escritura. Tiene un hijo que ama con locura. Es lectora voraz desde que tiene memoria. Su vida gira en torno a estos dos procesos: Leer y Escribir. Por eso pasa sus días entre escribir cuentos, novelas, libros de texto, dar clases en la Universidad de Carabobo y trabajar con niños. Su propósito es que a los niños les guste leer. Por eso los inicia en la lectura de cuentos, los acompaña en la escritura y tiene la satisfacción de ver como poco a poco se interesan en leer de forma voluntaria algún cuento de los que hay en su vasta biblioteca.

Actualmente explora desde su escritura sus experiencias de mujer. En ellos reflexiona de manera profunda y a veces chistosa cada una de las situaciones que alguna vez ha vivido tanto ella como alguna otra mujer que le inspire para escribir. Su seudónimo es Guadalupe porque es su segundo nombre, además es devota de la virgen morena y su abuela paterna era la dueña original del nombre. Esta es una sencilla pero bonita manera de rendirle homenaje a esa abuela de cuentos que ha inspirado muchos de sus personajes.

Ella está divorciada… y comienza a disfrutar de su inesperada soltería, sin embargo,  la gente se empeña en mandarla a buscar marido como si se tratara de flores en una maceta… ¿será que la gente cree que cada cierto tiempo hay una Lluvia de tipos para las divorciadas? ¿Será un nuevo marido lo que ella realmente desea?

Lluvia de tipos

Contemplar el atardecer siempre ha sido algo que me relaja. Estoy haciendo eso justo ahora mientras pienso en todo y en nada y juego con mi móvil que está caliente aún de la última llamada recibida. Me sentí muy contenta de hablar con esta amiga excepto por el bendito tema recurrente, de que tengo que encontrar un marido. A lo largo de los años he tenido que escuchar eso como una cantaleta de muchas personas que sé que me quieren y de otras que solo lo hacen por joder. Es  que no sé qué piensa la gente cuando me manda a buscar marido,  como si fuera tan fácil. ¿Es que acaso piensan que con decirlo ya me lo encontré?, ¿que “los maridos” se riegan en alguna maceta?, ¿que solo con salir llueven tipos?

Todo comenzó cuando luego de mil años de casada me divorcié. Está bien exagero no fueron mil años, fueron… ocho o nueve, la cuestión es que no me había terminado de separar y todas las mujeres que conozco empezando por las de mi familia hasta mis amigas comenzaron a recomendarme encontrar otro marido. Bueno, eso y otras tantas cosas más. Me tocó escuchar tantas veces lo mismo dicho con palabras distintas que en mi mente comencé a fabricar una lista y a enumerar los consejos de la gente y esto se convirtió en un pequeño juego mental para distraerme y burlarme un poco. La llamada de mi amiga me lo recordó.  Cuantas tonterías he hecho tratando de seguir esos “Consejos”

Arréglate y ponte bella que hombres sobran

Un día estábamos reunidas en casa de una amiga mis tres cuñadas, mi amiga y yo. Bebíamos y tratábamos de pasarla bien. Todas sabían ya que mi matrimonio era un completo fracaso y que faltaba realmente muy poco para que diéramos el paso final, pero ellas trataban de animarme, me decían que era una crisis y que pronto pasaría. El ambiente no podía ser más funesto por eso una de ellas propuso ¡Irnos de fiesta!

Yo no tenía mucho ánimo. Quería irme a casa a escuchar roncar al que aún era mi marido, esa noche había llegado temprano y no me había encontrado. En fin, todas animadas comenzaron a dar algunos cambios o toques a lo que llevaban puesto, sobre todo al maquillaje, mi amiga me convidó a sentarme cuando me tocó el turno de corregir el mío una de mis cuñadas me dijo:

—Chica, tienes que maquillarte más, casi siempre andas con esa cara tan lavada… —y enseguida la otra:

—claro,  tienes que andar siempre bella… aunque no te provoque —brincó mi amiga mientras me rizaba las pestañas

—Maquíllese, arréglese, vístase bonita, que si no es él, es otro, hombres sobran  —lo cierto es que casi todas estábamos pasaditas de tragos maquilladas en exceso y aprovechando ese subidón del alcohol decidimos irnos de aventura a buscar hombres para probar la teoría.

Llegamos a un local concurrido, la música no estaba mal y se veía todo animado. Bajamos del auto, una de mis cuñadas estaba muy emocionada por salir, se sentía divina. Retocó su pintalabios mientras se miraba en el espejo retrovisor del auto y luego batió su cabello con tanta energía que tuvimos que agarrarla para que el mareo no la hiciera irse de bruces al suelo. El muchacho que franqueaba la puerta tenía un rictus gracioso en sus labios, había visto todo. Al acercarnos nos indicó hacia donde podíamos encontrar una mesa y eso hicimos. Nos ubicamos cercanas a la pista de baile y comenzamos a menearnos sentadas en nuestras sillas, indicando con eso que éramos chéveres, que estábamos disfrutando mucho la velada y que nos moríamos por bailar. Bueno en mi caso era más un movimiento reflejo porque nunca es que me haya gustado mucho el reguetón y eso era lo que sonaba en ese momento.  Estaba un poco oscuro por lo que era difícil ver, pero cuando las luces de la pista  barrían el lugar se asomaban diferentes escenas, por ejemplo, una pareja que se comía a besos unas mesas más adelante,  tipos solos bebiendo y hablando a gritos, en la barra hombres y mujeres llevaban a cabo conversaciones o cortejos. Luego de un rato más o menos largo seguíamos bailando con las sillas y mirándonos las caras, tuve un ataque de risa con resoplidos y todo cuando mi cuñada volvió a batir su pelo y a darse golpecitos en los labios con los dedos. Siguiendo las luces se interesó por unos  tragos gratis que estaban dando en la pista y sin tomarnos en cuenta se acercó hasta allá, gritaba y bufaba, parecía que la pasaba muy bien.  Mi otra cuñada de pronto desapareció de nuestra vista también y desde el baño nos pasó un mensaje diciéndonos que estaba en una terrible emergencia y que en cuanto pudiera solucionar saldría de allí, otra de mis cuñadas se instaló en la barra, quería beber y probar si podía atraer hombres y luego decirles que era casada, así que quedamos solo mi amiga y yo. Un rato después se nos acercó un tipo, se movía al compás de la música y tenía un trago en la mano, parecía estar pasándola muy bien. Extendió la mano a mi amiga y le pidió bailar, ella accedió y le explicó que no era soltera pero que había salido a divertirse, el hombre respondió que él era divorciado y también estaba divirtiéndose que no buscaba nada más, ella algo insegura se levantó y fue a bailar, al llegar a la pista se cayó y tuvo que devolverse porque su tacón se rompió. Entonces tuve que ir a bailar yo. No era un mal bailarín, era amable y se notaba que de verdad quería disfrutar, yo hice lo mismo. Contó unos cuantos chistes y me reí, invitó  tragos y  los acepté. Luego de mucho rato cuando mi amiga del tacón roto fue a bailar con él descalza me di cuenta que las otras no estaban ni cerca. Puse atención, una seguía en el baño, la otra estaba dormida en la barra y la de la pista estaba tan borracha que sus carcajadas se oían por todo el lugar. Tuve que pedirle ayuda al hombre Drácula como lo habíamos apodado por estar todo vestido de negro. Recogimos a la cuñada de la barra y ella siguió durmiendo apoyada su cabeza en nuestra mesa, luego fuimos al baño mi amiga tacón roto y yo para dar solución al problema de mi otra cuñada,  una pastilla de Loperam, agua y toallas húmedas dieron fin a su estadía en el maloliente sitio. Finalmente cuando ya íbamos a dar por terminada la noche mi cuñada pelo batido/pista de baile ganó el premio a la que más había tomado shots, por lo que nos brindaron a nosotras esos shots servidos directamente de una manguera a la boca que era como ella estaba bebiendo, quien servía los tragos era  un atractivo muchacho que sostenía un morral y una manguera plástica de dónde provenía una bebida que parecía gelatina de color azul. Mi cuñada pista de baile fue despedida con un aplauso y tuvimos que sacarle a rastras del lugar pues su objetivo era amanecer.

El fresco de la madrugada nos despejó un poco pero antes de entrar al auto mi cuñada pelo batido/pista de baile tuvo que devolver y mientras regresábamos a casa, siguió esparciendo el contenido de su estómago por toda la ciudad, pero claro esto solo lo advertimos mi amiga y yo porque las otras dos dormían como benditas. Me quedé mirándolas un momento, Pelo Batido, tenía el labial corrido y estaba pálida de tanto devolver. Su cabello era un verdadero desastre, en realidad no levantó ningún hombre porque para mí no contaba perseguir al mancebo del alcohol que repartía shots a todas las mujeres de la pista. Barra Durmiente hacía rato que había perdido su maquillaje de ojos, estaba corrido y una de sus pestañas se había despegado, creo que al segundo trago se quedó dormida así que no pudo haber tenido tanto éxito con los tipos. Emergencia en el baño estaba casi intacta solo que su camisa estaba por fuera pues trataba de ocultar el grave problema húmedo de su pantalón. Quizá cansada de estar toda la noche en el baño acompañaba a Barra durmiente  y resoplaba con suavidad. Mi amiga tacón roto se sobaba su pie maltratado y me miraba con desconcierto, yo sonreí al volante mientras comentábamos sobre el hombre Drácula, era gracioso como aparecía y desaparecía por momentos y no se le movía ni uno de sus cabellos largos y plateados.  Nos detuvimos de nuevo para que Pista de baile echara fuera la bilis y entre las arcadas y la música romántica de la emisora mi amiga me dijo:

—Siempre bella… —sonreí aunque tenía ganas de ponerme a llorar—no sé cómo lo haces, no se te ve el maquillaje pero al menos no tienes el rímel corrido… —me quedé mirándola mientras pista de baile subía al auto y soltaba un terrible eructo. Tacón roto y yo terminamos riéndonos de semejante cuadro, nuestras carcajadas nerviosas superaron la voz del tipo de la radio,  los ladridos de los perros y el sonido del motor de nuestro vehículo.

Al llegar a casa esa madrugada escuché los familiares ronquidos de mi esposo y quise acurrucarme con él. Me desvestí y sentí su calor, estaba de espaldas a mí así que lo contemplé por un buen rato. ¿Por qué debía buscar a otro marido si aquí tenía uno? ¿Por qué si estaba tan cerca lo sentía tan lejos?

Lo abracé y él como era su costumbre rodeó su cuerpo con mi brazo. Le dije al oído muy quedo que no quería salir a bailar sin él. Me hubiese gustado que se volviera hacia mí y dijera algo romántico pero la realidad era distinta, ahí lo que había era una cáscara vacía.

Mi matrimonio acabó. No así la preocupación de mis amigas por la búsqueda del reemplazo. Una de mis cuñadas se dio a la tarea de citarme en bares, para que conociera al tipo perfecto. El detalle es que lo hacía de dos a seis de la tarde porque en la noche se le hacía difícil lidiar con su celoso marido. Pero según su teoría era muy sencillo encontrar a alguien en esas barras de las tascas que de pronto quisiera iniciar  una conversación. El tema es que mientras estábamos ahí tomando piña colada solo se nos acercaba el cantinero.

Las voces de mis amigas retumbaban en mi cabeza cada viernes por la noche, cada jueves al mediodía y cada varón solo que veía. Me pasaba el día como si estuviera de caza. Cualquiera estaba en la mira.

Así fue como un buen día pensé que un testigo de jehová estaba interesado en mí y le di mi mejor mirada seductora justo en el momento en que comenzó a hablarme de dios y me dio su folleto a todo color con esas familias perfectas, de niños rubios y padres rubios junto a otra familia perfecta de padres negros con niños negros. Luego de que me soltó su mejor discurso me dejó ahí parada sintiéndome como la más estúpida del lugar y lo peor es que luego de que me dio mi folletito unos pasos más allá lo esperaba su perfecta esposa vestida con su falda azul y su camisa rosa bajo su perfecto paraguas de color neutro.

Un día mi mamá me invitó a una fiesta de una de sus amigas, pensé que podía ser una oportunidad de encontrar hombres disponibles, y pues claro que había, la mayoría viudos y de geriátrico.  Esa noche me reí mucho de mí, de lo que pensé y me dispuse a disfrutar de la velada intentando olvidar el motivo que me hizo aceptar la invitación.

Una vez me encontraba rellenando un formulario en un autolavado y se me acercó un tipo de lo más atractivo. Me sentí hermosa cuando el hombre galante ofreció un asiento y luego se sentó a mi lado. Mi mente comenzó rápidamente a maquinar un romance basado en risas y maravillas, era un hombre atractivo de verdad, no podía creer mi suerte, ya verían todos, tremendo partidazo. Algo me hizo salir del cuento que armé en mi cabeza:

—Qué bueno que te interese tanto el producto… nunca había visto a alguien tan interesado en sus cualidades como tú. Entonces ya sabes, te espero en nuestra reunión, no llegues tarde… —terminó dándome una tarjeta donde había un número telefónico y decía que era un ejecutivo de ventas. La miré con decepción, francamente yo pensaba que el producto era él, tendría que andarme con más cuidado y definitivamente mi cerebro y mi exterior tendrían que coincidir por mi propio bien.

Otra noche en que salí de juerga con unas amigas  terminé en un hotel con un desconocido que estaba muy interesado en mí, pero salí en carrerita porque  el hombre me confesó que era casado y era la primera vez que intentaba ser infiel, así que primero lo aconsejé y luego salí disparada de ahí, me rehúso a ser ese tipo de mujer.

Lo cierto es que, me arreglo y me pongo bonita, pero definitivamente hombres no sobran, sobran viernes solitarios en los que unas veces lloro otras disfruto de pizzas caseras y una copa de vino frente a una película romántica. También sobran viernes de compartir con amigas, de cine con el hijo que ya casi es adolescente y de pensar muy en el fondo que no tengo nada malo por estar divorciada, eso también tiene su encanto.

Búsquese un resuelve…

Cualquier hombre puede ser un resuelve el problema es que eso no es lo que quiero, por eso este es uno de los consejos que me ha sido más difícil seguir. Pero hasta ahora una de las cosas más difíciles es tratar de explicar a la gente que buscar un resuelve es casi tan fácil como encontrar al “ideal”.

Mi comadre y yo bebíamos café muy tranquilas y de pronto me salió con que me veía muy sola, que yo necesitaba alguien que me ayudara con los gastos de la casa, incluso con la compra. Si ella supiera que mi marido, nunca tuvo como deber comprar nada para la casa, la cocina, la nevera y no sé cuántas cosas más las compré con mis ahorros. Yo pensaba que era algo normal, que las parejas compartían gastos en esas cosas, hasta que un buen día me enteré que el dinero que ahorraba conmigo, lo gastaba en comprar con otra, cosas para su casa. No le dije nada a mi comadre, si hay algo que he entendido es que la gente no quiere escuchar lo que tengas que decir, solo se enfocan en las cosas que ellos creen correctas y claro, lo correcto, incluso en pleno siglo XXI es ser la mujer de alguien.

Hace unos días atrás mi mamá me pidió que la recogiera en la casa de su hermana. Al llegar encontré a uno de mis queridos primos visitando a mi tía. Luego del saludo vino la pregunta:

—Prima,¿ tienes novio? —como  le dije que no, enseguida me dijo que era muy necesario que me buscara un resuelve.  Me hubiese gustado preguntarle donde es que venden esos resuelves, si es que uno va a una tienda y lo pide para llevar bien envuelto  y de acuerdo a lo que la mujer necesite, si es que lo quiere solo para dividir los gastos o para que le baje las bragas. Me pregunté con un poco de intriga si él será el resuelve de alguien…

No te quedes sola…

Un día estábamos de lo más relajadas mi mamá y yo en un cumpleaños. Se me acercó una de mis  tantas tías con un cierto aire misterioso. Me agaché para poder escucharla, ella estaba empeñada en saber si al menos tenía alguien con quien me estuviera acostando, por favor, esas no son cosas que se anden ventilando con señoras mayores. Empezó a decirme que yo valgo mucho, que merezco solo lo mejor y unas cuantas cosas más.

De acuerdo con ella y con otras señoras del siglo pasado el valor se mide en el marido que tienes. Si luego de unos años solo puedes hablar pestes de él eso no importa. Si lo que antes te hacía gracia ahora para ti es un problema, no importa, aguanta. Si no soportas su olor porque consume ajos para bajar la tensión y no se baña cuando hace frío, eso tampoco importa.

Yo no puedo decir que al principio esas cosas fueran relevantes para mí, amaba calentar los pies fríos de mi esposo. Con uno de mis amigos adopté la costumbre de dormir con una funda a manera de máscara porque no tenía la culpa para fumigar la habitación, el tipo me gustaba en serio.  A una de mis conquistas le gustaba caminar desnudo por el apartamento o abrir la puerta en cueros, ya me hubiese gustado a mí estar tan conforme con mi piel. El asunto es que luego de un tiempo esas cosas dejaban de parecerme graciosas y me incomodaban. Supongo, como dicen mis tías, que no ha llegado el indicado.

Demuestra lo que vales…

Pienso que el problema es que la gente se empeña en verme distinto, como si fuera absolutamente necesario que esté con un hombre para ser “alguien” como si estuviera incompleta porque no tengo un “marido que dé la cara por mí” y lo que no saben es cuantas veces  fui yo quien daba la cara por mi marido.  Una vez nos persiguió un tipo y le dijo que lo iba a matar no sé por qué cosa, dijo que lo iba a buscar así fuera en el fin del mundo y ni idea tuve yo de por qué hasta que un día empezaron a gritar desde la planta baja del edificio donde vivíamos que  tenía una deuda terrible… lo esperé y le di el dinero porque me avergonzaba que gritaran esas cosas, afortunadamente el hombre no volvió imagino que el dinero fue bien utilizado.

Yo no solo compraba cosas y pagaba deudas, también me ocupaba de hacer muy bien la comida, para que no se la comiera casi nunca, y de acompañarlo a donde él quisiera ir, de esperarlo y entenderlo cuando no llegaba temprano porque se había quedado “trabajando” hasta que un buen día la realidad me cayó como un bloque de hielo sin anestesia cuando su “verdadera señora”, me habló para decirme que ella era una mujer decente y que yo era la que estaba atravesada en medio.

Con los días me di cuenta que el asunto era un poco más difícil de lo que yo pensaba. Claro que en la calle sobran hombres, pero no son esos que uno quiere o imagina, sobran de esos que les encanta ponerle los cuernos a su mujer, los que solo quieren acostarse  y luego si te he visto no me acuerdo e incluso sobran los que se dicen amigos y solo te necesitan de chofer porque tú tienes carro y ellos andan a pie.  El resto, está en una relación o no quieren compromisos.Unos cuantos tipos después me sentía igual de sola y peor aún igual de usada.

Con el paso de los días bajé un poco el ritmo, cansada de buscar entendí que amanecer sola no era el fin del mundo. Entendí que esa búsqueda no era para complacerme yo, era para seguir complaciendo a otros… me pregunté entonces: ¿Soy feliz? Y una voz muy sabia que brotó de adentro me respondió: no, mientras sigas corriendo sin saber a dónde….  Y me detuve. Me detuve a sentirme completa con la sonrisa de mi hijo, con las noches de hamburguesas y pizzas solo los dos viendo el canal de Disney, con los cuentos de mis sobrinas sobre sus primeros pininos en el amor, con una tarde de cine solo yo y mi pote de cotufas no compartido, con mi trote solitario al ritmo de Led Zeppelin en el parque, con las salidas con mis padres, con las jugadas de Scrabble, con las largas conversas sobre cualquier vaina con mi hermano en casa y miles de cosas más que le daban sentido a mi vida y que no veía por estar siempre tratando de demostrar lo valiosa que era como pareja, con alivio entendí después de años que no necesito demostrar nada y que lo que venga, vendrá en su momento, no tengo porque perseguirlo a la desesperada.

El té está frio y hace rato que se hizo de noche. Las luces alumbran lo que hasta hace un momento era una calle llena de actividad. En uno de los cuartos de este hogar, la música de mi adolescente está un poco alta para la hora, se me escapa una sonrisita porque voy a pedirle que le baje y sé lo que vendrá, miles de argumentos de su parte para no hacer caso. Apago la luz del balcón, voy a preparar algo de comer, es viernes de películas repetidas.

LETRA MÁGICA

INICIO

La mente de cada escritor es una especie de limbo ardiente donde se tejen historias, poemas, diálogos…;  muchas veces trozos de esas historias pasan fugaces, no  dejan de ser meros pensamientos,  otras  son tan fuertes que rompen membranas, barreras y tiempo y se vuelven tangibles. Los implementos como el teclado, la pluma, el lápiz se convierten en canales; son llaves que permiten abrir ese caudal, por donde fluye la palabra…, palabra bendita, palabra  infinita.

En este blog abrimos el acceso a nuestras mentes, los dejaremos hurgar en ellas, asomarse sin pudor a cada una, porque cada cabeza es un universo.

En esta oportunidad rendiremos homenaje al finado escritor Elías Baptista. Elías amaba los libros, cuidaba los libros y según él siempre había uno capaz de ayudar en alguna situación particular. Su vida transcurría entre estudiar en la Universidad, escribir y nutrir su amada y preciosa biblioteca llena de ediciones raras de las que hablaba con orgullo.  El 25 de febrero de 2018, Elías perdió la batalla contra el cáncer pero nunca el amor por los libros y por escribir, en su espacio siempre tuvo a mano una libreta, y su inseparable  maleta llena de libros, por eso, amado amigo, esta publicación y esta primera entrega es para ti. Te amamos. 

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Elías
Autor: Ismael Batista
PALABRA GUARDADA

Heridas de Despedida

Vagalume

Heridas de despedida es un poemario dedicado a su hermano Elías Baptista y toda la experiencia vivida, la enfermedad y la muerte.  De la sección Heridas negras, los poemas: III, IV, V, VI

III

Podría decirse que te extraño

 como se extraña

                       la risa maldita

                                       en la fumada bendita

 como se extraña

                       el abrazo caliente   

                                       en la llegada friolenta

 como se extraña

                       el chiste estúpido

                                        en la conversación sensata

Te extraño, a veces     

                     al cruzar la puerta

                                      de esta sucia casa

                     al escuchar las voces

                                      de tantos idiotas

                                                 que hablan y hablan

y nada dicen

Te extraño con cólera

                     te extraño con tranquilidad, a veces

             te extraño sin lágrimas

                                 pero con un llanto interno

que me asquea

Te extraño a ti y extraño

                      lo que te llevaste de mí.

IV

Alzando la mirada

 hacia un destino indescifrable

Camino

 como  quien camina por

un pasillo nocturno

                de hospital

 con la incertidumbre

generada por la duda

Del vivir o el morir.

V

Es extraño cuando se siente

                                   un vacío.      

Se siente el eco

         chocando las paredes del

                                                 ser

Un foco encendido pero titilante

              que al fondo del pecho

                                                        se deja ver.

El silencio,

     el silencio de las cosas,

                        del espacio,

 es propicio para la meditación.

Busco respuestas en el

                                     Vacío

pero solo encuentro vacío

    y un foco que se apaga.

VI

Nuestra despedida ocurrió

   en extrañas fases

Bastó comenzar de madrugada

       cuando sonriente guiñaste

                                        el ojo

     como diciéndome 

                                                         la vida es un juego

                                                        podrás jugar sin mí

Mientras los míos se humedecían

   los tuyos se ensangrentaban

y la mañana llegó, al igual que la compañía.

El día transcurrió lento

                                         y no nos vimos.

Pero la noche nos sorprendió unidos

   enlazando nuestras miradas por última vez

anhelando esperanzas.

Sin palabras, me dijiste que fuera valiente

                                                                          Aún trato.

El cielo azul y la aurora

                     Llegaron con la calidez de tu mano

               Unida junto a la de ella, volviéndonos tres

        como tu número específico

                                                                   Un día veinticinco

                                                                   nos despedimos

En el mismo mes en que nos despedimos de nuestra dama, ahora

                                                                                          me despido de ti.

Qué extraños los juegos que hace      la vida.

PALABRA SECRETA

Coleccionista

El Coleccionista es un cuento dedicado a Elías Baptista y su loca obsesión por todos los libros…

                                   Para Elías

                No hay feria que escape a su escrutinio. Una vez en casa organiza y selecciona la valiosa mercancía. Contempla con cariño su adquisición. Se pasea en los detalles: quita alguna pelusa, incluso saca algunas fotos. Con verdadero deleite anticipa el momento y mientras su gata gorda ronronea por encima de su cabeza, él  con un nuevo ejemplar en mano se acurruca en la cama y comienza a leer.

PALABRA SECRETA

Juego de Sombras

En esta primera entrega a través del cuento Juego de Sombras nos adentramos en la mente de una adolescente confundida que explora sus preferencias sexuales… ¿Realmente está confundida? ¿Qué decidirá?

Guadalupe

                Para  M.M

Oscuro

Hace más o menos un mes empezó el año escolar. Aún no me acostumbro. No tengo  ganas de ir a estudiar, menos de salir de mi cuarto.  Desde mi cama miro hacia la ventana. La mañana es un agujero oscuro, no hay sol. Llovió toda la noche y hace frío.

Me levanto y me dispongo a vestirme. Los jueves es el peor día de la semana porque toca Educación Física y yo odio el uniforme. Es de esa horrible tela sintética que se pega al cuerpo, no hay forma de que la franela me quede bien y lo he intentado todo: cada vez que me la quito la coloco en un gancho de ropa y la estiro con fuerza en las mangas y el cuello, pero se encoge justo cuando me la voy a poner. Es un bochorno, porque mis senos son tres veces más grandes de lo normal, no me parezco al resto de mis compañeras que tienen la medida justa y no usan sostenes copa doble D.  Los muchachos me miran y  no quiero que me miren. Me avergüenzo de mis pechos enormes y de mi cuerpo grande. El pantalón es otra historia, tengo que hacer un curso para que entre. Aunque si me miro de ladito no se me ve tan mal. Mejor es que no busque consolarme, es igual que la franela: un fiasco.  Yo también soy un fiasco. He tratado de no pensar en eso pero no puedo, quiero desesperadamente ser otra persona.

Mis compañeros están reunidos en la cancha. También Liset, la más bonita del colegio. Ella y su grupito de imitadoras dominan cada lugar a donde van. Cuando me ve sonríe, creo que en forma maliciosa, nunca la he escuchado burlarse de mí, pero sus amigas sí que lo hacen, por eso las evito lo más que puedo. Hoy no me queda más remedio que ir hacia ellas porque la clase está por empezar y el odioso profesor insiste en que tenemos que reunirnos de acuerdo a nuestro sexo.  Hacemos el estiramiento que corresponde y luego vamos a trotar.  Mi corazón se equivocó de lugar porque palpita en mi estómago, los nervios se apoderan de mí. Por una vez me gustaría aguantar la clase entera, sería algo muy bueno si lograra trotar al menos veinte minutos sin parar. Liset dice algo y las otras ríen, no presto atención.  De nuevo lanzan un chiste de mal gusto y esta vez advierto que está dirigido a mí. No tiene nada de  gracioso, pero yo hago que me río: mi boca emite una carcajada bastante convincente y mis hombros se mueven arriba y abajo. Eso las deja complacidas. El profesor da algunas instrucciones y Liset se coloca a la cabeza del grupo de las chicas.

Arrancamos a la señal del profesor.  Las que van delante  partolean mientras trotan, yo no. Me concentro a ver si logro dar la vuelta completa. A mi paso algunos muchachos se burlan. Imagino la razón, mis pechos bailan arriba y abajo en un odioso movimiento ondulante que me hace querer ser invisible. 

Me olvido de los muchachos, bajo el volumen mentalmente a sus  groserías. Oigo el ruido de las zapatillas deportivas de las otras chicas y de mis propios pies  dar golpes continuos en el asfalto.  La cancha está un poco mojada, así que todas resbalamos. Me doy ánimos, siento que no hay nada capaz de detenerme,  sé que puedo hacerlo. ¡Lo voy a lograr! Por primera vez desde que empezamos el año voy a poder dar la vuelta completa a la cancha, si lo hago seré  feliz. Voy a reír de verdad, no como cuando hacen chistes a costa de mi cuerpo. No me importa nada más. ¡Tengo que llegar al final!

No sé que pasó. Mi cabeza da vueltas, me duele un tobillo. Quiero gritar de dolor, ¿en que momento me caí?  Poco a poco vuelven a mí los ruidos exteriores. El profesor me grita que me levante y el resto de mis compañeros, se ríen, claro que se ríen de mí.

Estoy tendida en el suelo con este dolor insoportable. ¡No quiero llorar!, ¡no quiero llorar! Me tapo la cara con las manos y trato de que mi respiración se normalice, el sudor de la carrera se mezcla con las odiosas lágrimas que se me escapan sin permiso.

Me gustaría ser invisible, pero no, soy de lo más patética y evidente, de lo más inmensa y tosca. Pensar en eso ¡Me llena de coraje! Trato de ponerme de pie,  tengo que ser fuerte y levantarme para poder irme de aquí, donde a nadie intereso, donde nada de lo que hacen me sorprende. Como me gustaría ser otra persona para que mis días no fueran siempre iguales. Sería genial que algo marcara la diferencia. Quisiera poner una bomba en el liceo y que volaran por los aires todos esos estúpidos que se burlan de mí. ¡Eso sería algo único e irrepetible! Sí que marcaría la diferencia.

Me miro el uniforme sucio de barro y aterrizo en ese estúpido momento que me toca vivir. No me queda más remedio que ponerme de pie. Creo que puedo sostenerme en el tobillo que me duele. Mientras hago equilibrio unas manos fuertes se han acercado con diligencia. No entiendo…

—Te ayudo… —me dice una voz, trato de ponerme lo más ligera posible, pero él no parece inmutarse por mi peso.

—Grac… grac… —lo que me faltaba ahora no puedo hablar.  Un escalofrío me recorre.  Mi cara debe parecer a punto de explotar.

Esas  manos que ahora tienen rostro no se inmutan, al contrario, sonríe y su sonrisa no es burlona. Pienso con cautela, no puedo dejar que nada me sorprenda. Ya bien derecha intento comenzar a caminar.

Cojeo.

Punto- coma,  punto-coma, punto-coma.

—Te acompaño… ¿Te molesta? —No digo nada. No puedo.

Le indico con mi cabeza que no me molesta, quiero que me acompañe. Mientras caminamos hacia la entrada de la cancha me doy cuenta que las chicas nos miran. No puedo evitar sonreír, es algo más fuerte que yo ¡Dios mío! No puedo ser tan evidente. Mi tobillo está como anestesiado. En mi cabeza comienza a gestarse una idea que cada vez tiene más forma. Este día no es igual a los demás, hay algo distinto. Mis mejillas ardientes así lo indican,  creo que por fin mi deseo se ha cumplido, me atrevo a levantar la mirada, la suya me ha estado esperando,  me doy cuenta que es igualita al cielo en calma, está lejos pero no importa, sé que algo siente por mí, está ahí y lo sé.  El chico que me ayudó a levantarme  rodea mi cintura, no lo necesito porque mi pie ya dejó de doler, pero no soy tonta, no se lo voy a decir. No aguanto más y rompo a reír. Mis carcajadas hacen que todos enmudezcan, sobre todo las chicas, Liset no disimula que está enojada, me atrevería a decir que está celosa de la atención que despierto en este chico simpático. Mi risa debe ser contagiosa porque mi nuevo amigo ríe conmigo.  Liset está muy linda toda sonrojada y molesta, hago lo posible para que mi acompañante no la vea, me concentro en sus palabras.

—Te he visto… pero no sé como te llamas

—Soledad…  —contesto.

Un cosquilleo me recorre todo el cuerpo. Siento que floto, por primera vez en una clase de Educación Física no me siento tan fuera de lugar.

—Muy bien… —comenta la voz—. Sol

Miro su perfil brevemente, creo que vamos a la enfermería,  no me importa.  Lo que sí me interesa es salir de esa cancha. El día no arrancó con buen pie, de hecho no pude meter más la pata, sin embargo, no me siento triste, ni avergonzada, estoy feliz de haber hecho enojar a la bonita, de esa mirada escurridiza, feliz de haber encontrado un nuevo amigo.

Claro

Han pasado algunos años desde ese acontecimiento en la cancha. El chico amable se convirtió en mi amigo y es una persona bastante comprensiva. Para mí la vida ha seguido por ahí con algunos altos y bajos. Hace un tiempo dejé atrás mi timidez, decidí que no me llevaría a ninguna parte. Cuando llegué a la universidad me corté el cabello y adquirí el odioso hábito de fumar. No todo es malo, a punta de dieta y ejercicio logré tener un peso decente. Pero no me gusta hablar mucho de estas cosas, no me gusta recordar cuanto me afectaba mi imagen.

Hace como un mes me encontré con Liset.  La avisté apenas entró al local y pensé que no me recordaría, no soy fácil de reconocer, luego de mi doble masectomía  soy una persona distinta. No, mejor dicho, soy quien siempre fui y no sabía. Contrario a mi pronóstico, ella me reconoció en medio de la nube de humo que dejaba mi cigarrillo. Al principio, pensé que haría un mal chiste de mi apariencia, o que  se burlaría con desfachatez como siempre lo hizo durante los años de liceo. Me sorprendió ver que no fue así.  También es otra persona: madura, altiva, siempre coqueta. Reconozco que ese encuentro  fue   incómodo,  luego ya nos aflojamos y hasta nos reímos de todo un poco, incluidos el horrible uniforme de Educación Física y  todas esas idioteces de la adolescencia. Fumó conmigo. Alabó mi físico, volvimos a reír. Honestamente, no me gusta recordar esos años, sin embargo, no me molestó hacerlo con ella. Más tarde esa misma noche me recordó el día en que me torcí el tobillo, para ella fue un día revelador porque nunca se sintió tan… celosa. Ahora que lo pienso para mí también lo fue. Un día de locos, que empezó con mala pata y me dejó de recuerdo  aquella intensa mirada que me persiguió durante años.

Hace una semana que vivimos juntos. Me gusta verla dormida, sus pechos son del tamaño perfecto, su cabello largo enredado en sus curvas es una de las cosas más hermosas que he visto, su boca es más suave de lo que siempre imaginé. He notado que desde nuestro reencuentro mis días son más claros, tan claros como esos ojos de cielo en un día despejado. ¿Qué si alguna vez imaginé que sentiría su aliento soplando en mi cuello? Sí, miles de veces, pero nunca pensé que las fantasías adolescentes pudieran hacerse realidad. Hay algo que salta a la vista, ella nunca ha tenido problemas con los uniformes.

PALABRA INCÓGNITA

Adicción

En esta oportunidad rendiremos homenaje al finado escritor Elías Baptista con su cuento: Adicción, en el cual avistamos su amor a los libros, amor que lo acompañó hasta el final de sus días. Elías perdió la batalla contra el cáncer pero nunca el amor por los libros y por escribir, en su espacio siempre tuvo a mano una libreta, y una maleta llena de libros. Amado amigo, esta publicación y esta primera entrega es para ti. Te amamos. 

Elías Baptista

Me siento raro… no sé por qué.  La mañana transcurre en un andar algo pesado y monótono. Una extraña sensación me oprime el pecho, no es normal en mí estar así. Creo que sé el porqué de mi malestar. No hay duda, es por mí recaída a esa droga que muchos consumen sin importarles, algunos son más banales que otros y ceden  solo por moda.

Yo lo hice hace mucho tiempo. Recuerdo que caí   en su red de seducción. ¡Oh que ingenuo fui esa vez! Se hablaba de ello por doquier y fui lo suficientemente idiota para gastar más de lo que tenía y probar eso que muchos ensalzaban como algo  sublime. Tuve mis dudas el día que lo encargue y más aun el día que me lo dieron. Lo consumí en un tiempo relativamente largo, dos semanas creo. Fue como un crepúsculo, hermoso al principio pero luego oscuridad, no me gustó el sabor que me dejó en la boca. Luego de que lo acabé no me dieron más y tuve ganas de volver a probarlo. Supe que viene incluso en otras tres variedades, que claramente no probaré nunca y si lo hago solo será para destruirlo de algún modo posible. Toda esa experiencia me volvió más crítico, creo que ahora sé juzgar muy bien qué clase de cosas debo y puedo consumir.

Eso fue hace como tres años. En otras ocasiones, fui tentado a hacerlo de nuevo pero, aunque caí  varias veces, fui lo suficientemente juicioso,  pues  ya me he curtido sobre el tema… o eso creí yo.

Hace meses que oí de ella, al principio pensé que era más de lo mismo, pero gradualmente creció en mí la intriga. Muchos la igualaban con una de esas drogas que  consumo ocasionalmente y en particular con  la que estoy tóxicamente hechizado. No es tan popular como la que probé aquella vez,  incluso es lo contrario. Eso fue lo que más me hipnotizó. Entonces como dispongo de cierta cantidad de dinero, me dije ‎»hay que probar cosas nuevas de vez en cuando ‎» y lo compré.

¡Oh que sensación más… visceral! Mientras más absorbe mi sistema más me gusta;  Las imágenes son tan reales en mi mente que mis entrañas se mueven como serpientes, me dan ganas de vomitar solo de recordar.  Algunas sustancias similares casi pudieron causarme ese efecto pero no fue más que una reacción de centésimas de segundos, esta sensación es de verdad ruda a tal punto que los ataques a mi ‎»controlado juicio‎» lo hacen crujir en lo más hondo. Desde el comienzo sé que es solo un juego, y sin embargo, eso me da hambre de más.

Luego de comprobar la primera de las tres variedades no pude resistirme a la segunda. Es como estar en llamas, el calor me rodea desde que empecé  y no paró hasta que la consumí. La sensación es distinta, ya no son mis vísceras las que reciben los efectos, sino mi corazón. Evoco un amor del pasado  pienso en lo bruto que fui, sabiendo que ella me dio mucho. Yo como un estúpido perdí sus besos, sus abrazos, el olor de sus cabellos… esta droga me muestra como debí haber sido, pero llegó algo tarde para corregir lo incorregible. Aunque esto me gusta, aflora dentro de mi algo nuevo.

Preparo la tercera y última entrega, que es en sí parte de una misma droga. La huelo, la toco e incluso saboreo un poco y sé que ésta va a ser la más fuerte de todas. Seguro que vuelo como un pajarito y que también me hará gritar ‎»Revolución‎» en medio del embeleso. Y aunque la ansiedad me invade cada segundo, no lo toco de inmediato, tengo cosas que hacer.

El trabajo es como siempre monótono y predecible. Entre los clientes hay quienes  son como una jauría de bestias y están los otros a los que respetas e incluso les ofrecerías una mano.

La ansiedad nubla mi coordinación. Sé que necesito completar el coctel. Mi droga me está esperando junto a la cama, no veo el momento de correr y  llenarme de ella, terminar con esto. Un hombre que conocí me dijo una vez:

—Hay que tener cuidado con los bestsellers algunos no valen ni el papel en que están impresos pero otros son más adictivos que una droga.

NUEVA PALABRA

Demonios a las 3 a.m

Demonios a las 3 a.m, un muchacho insomne pensando algunas tonterías pero… ¿de verdad son pensamientos sin importancia?

Miguelino

¿Algunas vez te has sentido como si fueses una presa?

Así me ha sucedido a mí. He sentido… durante varios años que algo no estaba bien. Que aunque luchara  algo  acechaba entre las sombras de mi mente. Como un cazador furtivo observaba, esperaba…  Construimos jaulas y muros de aislamiento para evitar que nos lastimen, para crear una versión de nosotros, “perfecta” pero ¿y si esas murallas en realidad son para esconder algo que no debería estar ahí? ¿Qué pasa luego de que nos enojamos?

Vivimos, vemos y tememos a los monstruos que creamos, esos que vemos en las películas. Creo que en realidad esos monstruos son aquello por lo que hay noches en que no puedes dormir. Noches en que sientes que si apagas la luz algo te engullirá. Yo lo hago, le temo a las sombras que cruzan mis pensamientos, a las sombras que están en mis suspiros y en mi mente. Sé o al menos pienso que los monstruos son reales, que luchamos con ellos todos los días para encerrarlos en nuestras corazas y que aquellos que pierden la batalla terminan siendo comidos por esa oscuridad tentadora tan dulce y letal como un cataclismo. Temo por mí… por mi credibilidad, temo que un día ese monstruo me gane.

La obscuridad puede ser tan atractiva que a veces pienso que si no doy el paso me arrepentiré de ello, pero aun así… parado en el abismo hay algo que me frena a dejarme caer y rezo ¡por todos los cielos!  que esa cadena no se rompa desatando “eso” a lo que tanto le temo, he de reconocer que sonará de locos, he visto la cara del monstruo y lucía…  tan familiar…

¿Lo sientes? Es aterrador, tu lado oscuro, tu demonio, aquello por lo que dudas en apagar la luz… soy tú,

y siempre estaré

junto a ti…

¿Apagarás la luz hoy? Muero por verte